Home  / Noticias  / Regístrese  / Contáctenos  


 

La Salud


El enfoque de la HALAJÁ

 

La Torá nos ordena cuidar nuestra salud como está escrito: “Y cuidarán mucho sus vidas” La persona no puede dedicarse al estudio de la Torá y a la meditación cuando su salud está en una situación precaria. Por este motivo es fundamental el cuidado de nuestra salud.

¿Que cuidados nos recomiendan nuestros Sabios?

El Creador instauró en la persona un calor corporal natural, cuando este desaparece, la vida concluye. Los alimentos son la fuente de tal calor. Para poder cumplir con tal objetivo, es decir procurar mantener latente este calor, debemos como primera medida antes de tragar, masticar bien la comida. El contacto de los alimentos con la saliva y posteriormente con los jugos y ácidos gástricos en el estómago se encargarán de disolver y liberar la energía que contienen los alimentos. Los excedentes, el organismo debe liberarlos, de no hacerlo esto acarreará graves complicaciones en la salud. De aquí que la digestión es un proceso clave en el cuidado de nuestra salud.

Una buena absorción se logra evitando comer con exageración alimentos de difícil digestión. Llenar el estómago causa un exceso de esfuerzo en el estómago impidiendo que este realice los movimientos necesarios. Por tal motivo debemos comer hasta saciarnos pero concluyendo cuando aun tenemos deseo de continuar. Nuestros Sabios nos advierten que la mayoría de las enfermedades que padecemos son causadas por el exceso de comida (aunque estas sean saludables) El rey Shlomó dijo: “quien cuida su boca y su lengua estará previniendo el sufrimiento de su cuerpo y de su alma”

 

Una regla fundamental para la salud es: caminar o hacer un trabajo o ejercicios y luego comer, como está escrito: “con el sudor de tu frente comerás pan” y está escrito también: “y el pan de la vagancia no comerás”. Otra precaución es la de aflojar su cinturón a la hora de sentarse a comer. Luego de finalizar no debemos realizar trabajos o ejercicios hasta que transcurra por lo menos una hora. Tampoco deberá ir a dormir, bañarse, donar sangre o mantener relaciones enseguida después de comer.

La mejor hora para sentarse a comer es cuando tenemos un verdadero deseo de comer. Para darnos cuenta de si nuestro deseo es genuino, debemos prestar atención a nuestro hambre, ¿queremos comer cualquier cosa o una comida en particular?

Una persona sana debe comer dos veces al día, quien su salud es precaria debe comer poca cantidad pero más veces al día. Es una buena medida el saltear una comida a la semana, para dejar al estómago descansar. El mejor momento para hacerlo es la tarde del viernes.

Es muy importante desayunar a la mañana con un alimento equilibrado, sano y liviano. Preferentemente si incluye granos y vegetales.

Al beber líquidos debemos cerciorarnos que sean límpidos y frescos. No obstante si la persona está cansada y transpirada como consecuencia de un esfuerzo físico, no es aconsejable beber bebidas frías.

No es saludable ingerir líquidos antes de comer ya que esto enfría el calor del estómago. Sólo lo hará limitadamente durante la comida y luego durante el día.

 

¿Cuales son los alimentos que convienen ingerir?

Pan de trigo (no de harina blanca) que contenga salvado, ya que la harina refinada dilata la digestión, debe tener sal, estar moderadamente fermentado y horneado. Entre las carnes, la de las aves es preferible a la vacuna. De las carnes de ave, mejor es la de pollo. Carne de cordero o chivo de hasta un año es conveniente. Animales viejos como así también los quesos que han sido estacionados por más de tres meses, no son buenos. Dijeron nuestros Sabios: “la comida a la que la gente está acostumbrada no la daña (aunque no sean del todo sanas) puede consumirse ya que se acomodó el organismo a ellas y esto es con la condición que no se llene su estómago con ellas”.

No debemos comer corazón ya que produce olvido, tampoco seso o intestino ni restos de comida dejadas por ratones o gatos.

Los pescados grandes y conservados en sal ya mucho tiempo, como así también carne en sal, deben ser evitados. Los hongos y el vino joven son dañinos para el cuerpo.

Las comidas que no son ni buenas ni malas deben ser ingeridas en pequeñas cantidades y aisladamente, como por ejemplo pescados grandes, quesos, carne de toro, pan de cebada, matzá, repollo, ajo, cebolla, mostaza y rábano.

Ingerir frutas que no maduraron completamente dañan al cuerpo como espadas. Higos, uvas y granada son muy sanas para el cuerpo.

 

Para mantener nuestra salud no es suficiente con ingerir los alimentos adecuados y estar activos físicamente. Nuestros sabios nos advierten de un ingrediente adicional; los estados de ánimo.

Los estados de ánimo condicionan la temperatura corporal, por ejemplo: a) el enojo calienta el cuerpo y puede llegar a traer fiebre con consecuencias desagradables; b) los miedos y las preocupaciones enfrían al cuerpo. Es sabido que el miedo puede lograr incluso que la persona tiemble de frío con las consiguientes consecuencias.

El estado de ánimo sugerido es estar siempre alegres, vale decir, contentos con nuestros logros y posesiones. Evitando envidiar un mundo que no le pertenece corriendo detrás de lujos. Si bien la alegría es sana, estar excesivamente alegres asistiendo a fiestas como personas superficiales, trae como consecuencia que el calor corporal se traslade a su superficie enfriando el corazón de repente trayendo nefastas consecuencias. En particular los obesos, cuyo calor corporal es bajo debido a que sus venas están comprimidas tornando más lenta la normal circulación de la sangre.

Es importante mencionar que cuando alguien intenta agredirnos, lastimarnos o dañarnos, sólo puede hacerlo hasta cierto nivel. Que estas incitaciones se transformen en ira, miedo o preocupación dependerá de que nosotros le permitamos entrar en nuestra mente y nuestro corazón causando daños irreversibles a nuestra salud. Si somos inteligentes y capaces, cerraremos las puertas de nuestra mente y corazón para no dejarlos entrar.

 

Una medida muy importante que debemos tener en cuenta a la hora de irnos a dormir es no hacerlo con hambre ni recién comidos, sólo después de dos o tres horas de haber cenado. Es importante que durmamos con la cabeza ligeramente elevada por sobre el resto del cuerpo. No es bueno dormir acostado boca arriba ni boca abajo, lo correcto es comenzar recostados hacia la izquierda y al final de la noche sobre el lado derecho. De este modo el hígado se apoya sobre el estomago y mejora la digestión. Luego de unas horas, cuando ya finalizó la digestión, recostarse sobre la derecha permite que el estomago quede sobre el hígado y este funcionara mejor. Debemos tratar de descansar de 6 a 8 horas, cada uno según su organismo. El momento adecuado para dormir es a la noche. Hacerlo durante el día no es bueno, sólo para aquellos que ya están acostumbrados.

Para cuidar la visión, debemos evitar de pasar de ambientes muy oscuros a otros muy luminosos y viceversa repentinamente. Debemos tratar de hacerlo gradualmente para que los ojos se vayan acostumbrando. Es por este motivo que Di-s hizo que la transición entre el día y la noche sea gradual y no repentina. Tampoco es bueno leer o esforzar la vista durante el anochecer o con luz tenue. El humo y los gases del azufre, polvo y viento son perjudiciales para la vista, lo mismo el exceso de lágrimas.

 

por el Rav Iosef I. Feigelstock

LA ENSEÑANZA SEMANAL  474/475/477/478/479