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Hikonu 41
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Shalom
Uvrajá
En estas semanas estamos leyendo, estudiando y lo mas importante viviendo la gestación del pueblo judío y lo que iba a marcar a fuego el futuro del Am Israel (pueblo judío), que fue la vida y los acontecimientos que relata la Torá de nuestros patriarcas: Avraham, Itzjak y Iaakov y las matriarcas Sará, Rivká Rajel y Leá. Debemos destacar, Dice el Rebe de Lubavitch, dos diferencias en los nacimientos de Itzjak padre del pueblo judío y de su medio hermano Ishmael, 1) Itzjak nace milagrosamente mas allá de toda lógica a los 100 años de Avraham y a los 90 de su madre Sará, sin embargo Ishmael nace en parto normal, de una madre joven. 2) La circuncisión de Itzjak es a los 8 días de su nacimiento, sin previo analisis suyo, mientras que ishmael a los 13 años luego de haberlo asumido con sus faculatades intelectuales completas. En sintesis, quiere decir que la relación de Ishmael con Di-s es basada en el raciocinio, en la mente fria y calculadora mientras que la de Itzjak, es esencial mas allá del intelecto. El pueblo judío, incluso sus leyes y sus estudios, son de una calidad supraracional y queda demostrada en su existencia a traves de los tiempos incluso los mas dificultosos, su fe, la observancia de los preceptos desafiaron cualquier circunstancia adversa en toda la historia. De esa manera es tambien como debemos educar a nuestros hijos, en la base de la fe, de lo supraracional, y no nada mas en las cosas que el niño a nuestro parecer, comprende. Por ejemplo hacerle dar un beso a la mezuzá de la entrada de su cuarto, o llevarlo al templo a darle un beso a la Torá, o no dejandolo comer algo no Casher aunque lo desee mucho. Si actuamos así estaremos seguro que tendremos hijos y nietos que viviran su judaismo bajo cualquier situación y no tendremos que preocuparnos por su futuro judáico. Lo mismo usted querido lector, no debe esperar comprender todo o siquiera una parte para vivir el judaísmo, o cumplir algún precepto, o estar inspirado por una adversidad o por una alegría, manos a la obra, decida ya mismo cumplir un precepto divino, así somos nosotros, nuestra naturaleza es sobrenatural!!!!! Ya se viene Janucá y esta festividad nos enseña que debemos progresar. El primer día una luminaria, el segundo dos y así sucesivamente. Quizá su acción -dice Maimónides-provoque desequilibrar la balanza para el lado positivo y traiga salvación a todo el mundo con la llegada del Mashiaj.
Rabino
Shlomo Tawil
Personaje
del año
•
de “DEREJ”. Beit Jabad Bolivia
Guardando
un perfil bajo y suma humildad, el músico Bob Dylan asistió a los servicios de
lom Kipur en el Beit Jabad de Encino, California, Bob, también conocido como
Shabtai Zisel ben Avraham, permaneció durante toda la mañana en la sinagoga y
recién se retiró del templo cuando acabó el último rezo de lom Kipur.
Bob
Dylan, quien originalmente se llamó Robert Alien Zimmerman nació en Duluth,
Minnesota el 24 de mayo de 1941. El padre de Bob, Avraham, inmigró a los EE.UU.
desde la Rusia Comunista en los años veinte, había sido vendedor ambulante y
zapatero. “Cuando yo era joven, mi vida se construyó alrededor de la
familia”, agrega Dylan, “Nosotros éramos casi los únicos judíos en el
pueblo.”
Dylan
asistía cada año a un campamento de verano judío, aprendió hebreo, estudió
Torá y hasta tuvo un rabino especial que lo ayudó a prepararse para el Bar
Mitzvá. “Cerca de Hibbing (su ciudad natal) no había rabinos”, Dylan
comenta. “Cuando se acercaba mi Bar Mitzvá, un rabino extrañamente se
presentó en la ciudad, quedándose sólo por el transcurso de un año. Él y su
esposa viajaban hacia otra ciudad y decidieron, bajar del autobús en mi pueblo.
Él era un hombre mayor procedente de Brooklyn, tenía una barba blanca y
llevaba un sombrero y ropas negras, Aprovechando la extraña visita, estudié
para mi Bar Mitzvá con el rabino, quien me ayudó a conocer el mundo fantástico
de la Torá.”
A
principios de los años ochenta, Dylan estudió durante varios años con el
rabino Manis Friedman, quien nos comentó acerca de varios visitas que Dylan había
hecho al Rebe Menachem Mendel Schneerson en la oficina principal de Brooklyn,
con quien aparentemente tuvo historias increíbles que Bob nunca quiso
mencionar.
•
de “JABAD MAGAZINE”. Por Dina Yelin
Al
ubicarme en mi asiento, en el vuelo 1272 con destino a Chicago, eché una mirada
hacia los pasajeros que inundaban el pasillo. Mi “radar judío” se puso en
funcionamiento; además de los viajantes por negocios que llevaban sus laptops y
sus portafolios y aquellos que estaban en viaje de placer con sus shorts y sus
walkmans, observé algunas Kipot, un Shtraiml (gorro de piel) y polleras largas.
A pesar de compartir con ellos nuestra herencia, no me molesté en conocerlos.
Eran desconocidos. Y yo vivo en New York, donde los extraños rara vez extienden
un saludo, incluso si recitan las mismas Plegarias.
El
avión se ubicó en la pista y yo me preparé para el despegue. Sin suerte. El
piloto anunció que el vuelo estaba demorado tres horas a causa de las fuertes
tormentas que azotaban a Chicago. Miré el reloj alterada. Normalmente, no viajo
los viernes por la tarde por temor a no llegar a tiempo. Pero en los fines de
semana del verano, cuando el Shabat comienza a las 20 hs, estabá segura de
arribar en horario.
Me
equivoqué.
Calculé
que podría lograrlo si no retiraba mi equipaje y tomaba rápidamente un taxi.
Me di vuelta para observar a mis correligionarios. Dos Kipot estaban examinando
sus relojes.
El
jasid está hablando por teléfono.
Media
hora antes de llegar, el piloto anunció que el aeropuerto O’Hare de Chicago
estaba cerrado y aterrizaríamos en Milwaukee por un tiempo, hasta poder
continuar. Mi estómago se hundió. Faltaba una hora para el encendido de las
Velas. No podría lograrlo. Como muchos Judíos observantes que trabajan en el
mundo secular, había experimentado situaciones cerca del limite. Pero nunca había
llegado a violar el Shabat. Estaba en un aprieto.
En
ese momento, las kipot y las faldas largas estaban amontonadas en la parte
posterior del avión. Otros los acompañaban. El Shabat estaba uniendo a los
extraños.
Llegó
el momento de presentarme. Un hombre joven me dijo que íbamos a bajar en
Mitwaukee. El Jasid se había comunicado con el Rabino de Jabad, que se ofreció
a hospedar a todos los desconocidos pasajeros en Shabat. “Venga con
nosotros”, sugirió. Asentí con mi cabeza, no obstante retorné a mi asiento
alicaída, pues había planeado pasar este fin de semana con mi familia desde
hacía meses.
Mi
compañero de asiento, no Judío, notando mi desesperación me preguntó qué
era lo que estaba mal. Cuando le conté la historia, su mandíbula se cayó.
“Déjeme
poner el tema en claro”, dijo. “Ud. se baja del avión en una ciudad en la
que nunca estuvo, con personas que no conoce y va a pasar el Sábado con extraños?”
Por primera vez ese día, me di cuenta de lo afortunada que era.
Cuándo
el avión aterrizó, el piloto anunció que un grupo de personas desembarcaría
por motivos religiosos. Los pasajeros nos miraron pasmados. Mi compañero de
asiento se despidió como si no fuese a sobrevivir. Pero rápidamente me percaté
de que estaba entre amigos. Cuando intenté llevar mis bolsos fuera del avión,
una mujer insistió en ayudarme. Al subir a los taxis para dirigirnos a la casa
del Rabino, el Jasid no me permitió pagar. Al llegar, el Rabino con su esposa
estaban afuera para darnos la bienvenida como si fuésemos parientes que hace
mucho que no se ven.
El
sol estaba ocultándose cuando ingresamos en la casa, donde una larga mesa de
Shabat estaba tendida con un mantel blanco, vajilla y radiantes vasos de Kidush.
Al encender las Velas de Shabat, una ola de paz acarició mi rostro. Con todo lo
que había sufrido, sentía la calidez que provocaba la noción de que el mundo
se para con el primer destello de las Luces del Shabat.
Durante
el tradicional banquete de Shabat, el Rabino nos hechizó con relatos del Baal
Shem Tov y nos informó que nuestro desvío hacia Milwaukee no fue, en realidad,
por motivos meteorológicos sino guiados por la Divina Providencia.
Prolongamos
la cena, disfrutando de nuestro santuario espiritual después de un día
estresante. Las Zemirot (Canciones de Shabat) llenaron la habitación.
Compartimos nuestra decepción por la parada inesperada. La mayoría del grupo
estaba viajando hacia Chicago para el ufruf (El Shábat anterior al casamiento,
el novio es honrado, subiendo a la Torá) y la boda de un amigo. El jasid y su
esposa no llegaron a un Bar Mitzvá. Meditamos sobre el significado de nuestra
partida en nuestro viaje y nos maravillamos con las coincidencias. Yo había
compartido un campamento con mi compañera de habitación, una pareja había
hecho negocios con mi padre, un hombre había estudiado en la leshivá con mi
primo, el jasid solía trabajar en el pueblo donde nací, Aurora, y yo había
celebrado un Purim con el hijo de mis anfitriones en Crown Hights. Exhaustos
como nos encontrábamos, nos retiramos a descansar.
A
la mañana siguiente, luego de la animada Tefilá, llegó el almuerzo donde
intercambiamos historias sobre nuestros deseos, carreras y sueños. Nos
autollamamos los “15 de Milwaukee” y nos preguntamos si las próximas
generaciones retendrían la historia sobre el vuelo que no llegó a tiempo para
el encendido de las Velas. El sábado por la noche, regresamos a la rutina
diaria del mundo. Pero antes de comenzar el tramo final de nuestro viaje, llamé
a mi marido para contarte todo lo que había vivido. ¿Con quién y cómo
pasaste el Shabat? Preguntó preocupado.
Pensé
en cómo explicarle quiénes eran estos extraños que me dieron lecciones
concretas sobre la hospitalidad y la fuerza que posee el Shabat para unir a los
Judíos.
Y, tan rápido como un 747 puede abandonar la pista de aterrizaje en un día claro, me di cuenta de la verdad: A kilómetros de distancia-de mis padres, mi marido y mi hogar, llevé a cabo lo que me propuse hacer cuando fiché mi pasaje: Compartir el Shabat en familia.
•
De “JABAD MAGAZINE” por el Dr. Israel Suskind.
Este
14 de Kislev se cumple un nuevo aniversario de bodas de Rabí Menajem Mendl
Schneerson, el Rebe, con la Rabanit Jaia Mushka, Z”L. Su matrimonio fue un
ejemplo de amor y mutua entrega. En su homenaje publicamos esta interesante
nota, que esperamos ayude a que las personas sigan “apostando” al
matrimonio.
La
conciencia que tiene nuestra generación acerca delconflicto del matrimonio y de
la fragilidad marital, ha entorpecido el interés de casarse de muchas personas.
La gente está casándose mucho más tarde que hace 30 años atrás. Existe un número
sin precedentes de personas solteras de entre 30 y 40 años, que se cuestionan
si casarse alguna vez. Una considerable cantidad de mujeres están especulando
con el hecho de tener hijos prescindiendo de las cargas del matrimonio. En los años
70, hubo personas que desafiaron los conceptos de la monogamia y la fidelidad,
creyendo ingenuamente que podrían ser verdaderamente cuidadosos y fieles a múltiples
parejas al mismo tiempo. Ellos opinaban que la monogamia era anormal, irrealista
e hipócrita. La inocencia del muchacho simplista de la flor fue reemplazada en
los 80 por un duro cinismo. Recientemente he visto a una mujer que vestía una
remera que decía ‘No esperen que sea fiel a alguien’.
En
contraste, la Torá nos ordena casarnos, tener hijos y ser fieles. La Torá
respalda la idea de que el hombre y la mujer mejoran, emocional y
espiritualmente, cuando están casados en lugar de solteros. En realidad, puede
argüirse que la Torá ve mayor necesidad en el hombre, de la protección y sostén
que brinda el matrimonio, que en la mujer.
Por
eso, para el hombre no sólo es recomendable sino es un precepto absoluto. Éste
es el precepto Nº 213, de las 613 Mitzvot que enumera el Maimónides. Esta
necesidad se ve reflejada en el reporte confeccionado por los Sociólogos
americanos, que manifiesta que en los adultos, el más alto riesgo de suicidio
se encuentra entre los hombres mayores solteros.
Los
Rabinos demandan que un hombre que está solo debe casarse, aunque haya
enviudado o divorciado, y a pesar de que haya tenido hijos, e incluso ya no sea
capaz de procrear otros, y a pesar de que sus hijos prefieran que no se case, y
aunque sea necesario que venda posesiones preciosas para desposar a una mujer.
(Para detalles específicos, ver en el Código de Leyes, Eben Haezer, sección
1).
La
Torá ve, en un nivel práctico y espiritual las ventajas de estar casado. En un
plano concreto, el matrimonio provee de estabilidad emocional y ética.
Más
allá de la estabilidad, el matrimonio demanda y promueve crecimiento personal,
tanto cuando aprendemos a acomodarnos a las necesidades de nuestros cónyuges,
mientras que nos nutrimos del ánimo que nuestros esposos nos brindan.
En
un plano místico- espiritual, el matrimonio representa la unión entre las
fuerzas masculinas y femeninas del universo. La fe, la elaboración deductiva y
el compromiso son ejemplos de las fuerzas ’femeninas; éstas son paralelas a
sus contrapuntos masculinos que incluyen razón, la visión súbita y la
ligereza. Esta intangible y mística unión de las fuerzas masculinas y
femeninas se hace visible en manifestación física: por ejemplo, las
personalidades individuales del marido y la mujer se enriquecen con la mezcla de
los rasgos femeninos y masculinos.
La
visión optimista de la Torá contrasta marcadamente con muchas teorías psicológicas.
Por ejemplo, hace aproximadamente 70 años atrás, cuando Sigmund Freud tenia 60
años, escribió su libro La Civilización y sus descontentos. Allí, él
enfatizó las barreras instintivas relativas a las relaciones humanas. Freud
afirma que la persona posee dos instintos primarios. Uno de ellos, Eros-la
fuerza de[ amor- provee de gratificación al individuo cuando éste se vincula
con otros. El segundo- la fuerza de la muerte- Tanathos, le brinda satisfacción
a la persona cuando ésta es destructivo con el otro.
Freud
indica que obviamente Thanatos bloquea el acercamiento humano. Sin embargo,
incluso Eros posee un efecto limitado en el contacto humano. Sólo parte de la
fuerza de Eros proviene de un amor estable, no egoísta y altruista, por otra
persona. El segundo componente de Eros está basado en el amor propio, en el
hecho de que me importa la otra persona porque ella me provee de placer; de
forma que si ella me causa frustración, puedo dejar de amarla.
Habiendo
visto el levantamiento del Fascismo y el Totalitarismo en Europa, Freud expresó
mayor preocupación con respecto a la habilidad de la persona para contener sus
tendencias destructivas. Freud dice que estos instintos egoístas y destructivos
se refrenan por la ética de las regias de la civilización. Sin embargo,
describe que estas reglas causan a menudo culpa, neurosis y una repercusión
negativa de resentimiento.
Tanto
la Torá como Freud concuerdan en que existen fuerzas destructivas e instintivas
dentro del universo. Pero bloqueando la conexión con Di-s, Freud bloquea el antídoto
que la Torá tiene para Thanatos.
La
Torá en general y el texto clásico jasídico Tania en particular, enseña que
podemos dominar todos nuestros instintos negativos. Y lo logramos a través de
experimentar el amor a Di-s que es inherente a nuestras almas. Cuando sentimos
ese amor arrollador, naturalmente deseamos seguir la sabiduría Divina, como está
revelada en la Torá, resistiendo así todo tipo de tentaciones. Es posible
compararlo con el hecho de estar a dieta. Muchas veces la gente sufre
terriblemente para poder cuidar la dieta. Y después de haberse portado bien
durante el día, se levanta en medio de ta noche y se come todo lo que hay en la
casa. En contraste, hay momentos en los que la persona realmente se cuida, y se
siente feliz al poder vencer las tentaciones. Y no percibe que alguien lo
fuerza, sino que ha adquirido una nueva disciplina en su dieta.
Cuando
nos sentimos como una sola cosa con Di-s, gozamos demostrándole nuestro amor.
Este modelo de relación con el Todopoderoso nos enseña cómo relacionarnos con
nuestro cónyuge. Pues, como lo indica la Torá, desde el momento en que nos
casamos conformamos una sola entidad.
Me
he encontrado con parejas problemáticas, en las cuales cada uno de los cónyuges
ha cuidado celosamente su independencia. El matrimonio no es independencia. Es
mutua y alegre entrega. En la pareja, uno más uno es uno.
Recientemente,
regresábamos en el auto con mi esposa, después de la boda de mi hija. En la
autopista vimos un cartel que decía: “Me encantó la boda. Por favor invítenme
al matrimonio... Firmado, Di-s”. Que podamos todos extender nuestra invitación
a Di-s creando un matrimonio que sea merecedor de Su visita. Y que todas
nuestras vidas sean un matrimonio de unión con Di-s, llegando a la perfección
del mundo, con el Mashiaj pronto en nuestros días.
*
En Coma!
•
De “JABAD MAGAZINE”
por
Yitta Halberstam y Judith Levental
Después
le sufrir un ataque cardíaco severo en 1973, mi abuela se hundió en un coma
profundo y fue puesta en los sistemas de apoyo de vida del hospital. Su
electroencefalograma era totalmente el plano, indicando cero actividad del
cerebro. Estaba conectada a un marcapasos que hacía latir su corazón
artificialmente y a un respirador que hacía que sus pulmones respiraran
artificialmente. Pero técnicamente, como me dijeron los doctores en privado,
ella estaba básicamente como muerta. “Nunca saldrá del coma” dijeron
“sería mejor para ella librarse de esto. Si continúa así, su vida carecería
de sentido. Viviría en un estado completamente vegetativo”. Aunque ella
estaba por los mediados de sus setenta y había vivido una vida plena, me negué
a creer que mi querida abuela simplemente pudiera marcharse así. Era muy
alegre, demasiado vital para desaparecer simplemente en un coma. Mi instinto me
dijo que empezara a hablar con ella y seguí así, charlando por largos ratos.
Me quedé al lado de su cama día y noche. Le hablé todo el tiempo acerca de mi
marido y nuestros dos niños pequeños, sobre otros parientes, sobre su propia
vida. Le conté todas las noticias que estaban circulando en Australia en ese
momento. También seguí instándole para que siguiera aferrándose a la vida, y
no rendirse.
“No
te atrevas a dejarnos!” exhorté. “Te necesito, mi Mamá te necesita, tus
nietos te necesitan. Ellos están empezando a conocerte. ¡Es demasiado pronto
para que te vayas!”
Era
duro para mí luchar por la vida de mi abuela, sola. Durante el tiempo que cayó
enferma, yo era el único pariente en Sydney. Su hija (mi madre) estaba lejos,
en el extranjero en un viaje, y mi único pariente-un hermano- vivía en Israel.
Mi marido estaba en casa cuidando a nuestros niños, para que yo pudiera tomar
mi puesto al lado de su cama. Resistí una vigilia solitaria, pero no era eso lo
que ejercía una tremenda presión sobre mí. Lo que era enormemente difícil
era que se me pedía que tomara las decisiones sola. La carga emocional era
grande.
Cuando
pasaron cuatro días sin señales de vida que fluctuara en los ojos de mi abuela
o sus manos, y no se registró ningún cambio en el electroencefalograma, los
doctores me aconsejaron que autorizara los papeles para que apagaran los
sistemas de apoyo de vida. Temblé de sólo pensar que tenia el poder de
depositar tempranamente a mi abuela en su tumba. “Pero ella ya ha muerto”
los doctores insistieron. “Está manteniéndose artificialmente viva a través
del marcapasos y el respirador. Mantenerla unida a estas máquinas simplemente
es un desperdicio.”
“Bien,
escuche,” dije. “Es jueves de tarde, y en la religión judía acostumbramos
a enterrar a las personas de inmediato. Mis padres están en el extranjero- prácticamente
a dos días de viaje-y ellos querrían estar aqui para el funeral. Pero nosotros
no hacemos los entierros en sábado, el Shabat judío. Como más temprano, podríamos
hacerlo el domingo. Así que permítanme llamar a mis padres para conseguir que
logren volar de regreso a casa, y entonces el domingo firmaré los papeles”.
Era
todo muy frío y calculado, pero en lo más profundo, mi corazón se estaba
partiendo.
Entretanto,
no me permitía paralizarme. Seguí hablando cual una tormenta, mientras discutía
los temas difíciles, charlaba sobre lo mundano. “¿Adivina qué, Abuela?’
chismorreé. “¡No creerás quién terminó siendo tu compañera de cuarto aquí
en el hospital! ¡Stringfellow! La vecina de tu casa. La señora Stringfellow
fue traída en serias condiciones. ¿No es una coincidencia? ¡Ella es tu vecina
en Sydney y ahora es tu compañera de cuarto aquí en el hospital!”
El
sábado, estaba en mi puesto usual al lado de la cama de mi abuela, preparándome
para empezar una serie de adioses llorosos, cuando noté que sus ojos pestañeaban.
Llamé a una enfermera y le dije lo que había visto. “Es simplemente su
imaginación, querida,” dijo compasivamente la enfermera. “¿Por qué no va
abajo por un poco de café? Yo me quedaré con ella hasta que usted regrese”
Pero cuando volví, la enfermera estaba rebosando de entusiasmo. “Sabe,”
dijo, “pienso que usted puede tener razón. He estado sentada aquí mirando a
su abuela, y podría jurar que le vi pestañear, también”.
Después
de unas horas los párpados de mi abuela se habían abierto. Me miró fijamente
y entonces levantó su cuello para mirar hacia la cama vacía en el otro lado
del cuarto. “¡Eh!” gritó, “¿Qué pasó a la Sra. Stringfellow?”.
Cuando
mi madre llegó al hospital al día siguiente, mi abuela estaba sentada en la
cama, conversando alegremente con el personal del hospital, y pareciendo
absolutamente normal. Mi madre me miró, fastidiada, segura de yo había
exagerado la condición de mi abuela. “¿Para esto tuve que regresar de
urgencia a casa”? preguntó.
Después,
mi abuela me dijo que mientras estaba en “coma” había oído cada palabra
que se dijo a ella y acerca de ella. Repitió todas las conversaciones, y su
retención era notable.
“Yo
te gritaba” dijo, “pero de algún modo tú no me oías. Intentaba decirte:
¡No me entierren todavía!”
Después
de salir del hospital, la calidad de vida de mi abuela siguió siendo excelente.
Vivió sola, como una señora autosuficiente, independiente, y animosa y continuó
de esta manera hasta su muerte, dieciséis años después de que yo casi tiré
del enchufe...
************************************************
*
Volviendo a casa desde Ramalah
•
De “JABAD MAGAZINE” por Monsey, Kiryat Sefer.
Después
de concluir la Tefilá, Dan caminó rápidamente hacia el frente de la Sinagoga
en Jerusalén, dijo “Shabat Shalom” al Rabino y a otras personas que conocía,
y enseguida se dirigió hacia la parte de atrás. ¡Tiempo de hacer Kidush en
casa para la familia!.
En
su camino fuera, lo golpeó un impulso súbito y se dio la vuelta para mirar a
las personas que estaban allí. Sus ojos examinaron el shul despacio. ¿Había
alguien que necesitara un lugar para comer? pensó “¿Quién es el que está
sentado junto a la pared? Conozco a casi todos aquí, y no creo haberlo visto
antes.”
Dan
se acercó al joven, examinándolo con ojo crítico. Pantalones mameluco,
mochila, el pelo negro, rizado y piel oscura- parecía Sefardí, quizá marroquí.
Después
de un momento más de consideración, y ya estaba acercándose al muchacho con
su mano extendida dándole la bienvenida. “Shabat Shalom. Mi nombre es Dan
Eisenblatt. ¿Te gustaría comer esta noche en mi casa?”
Notó
que el rostro del joven pasó en el lapso de un Instante, de una mirada
angustiada a una sonrisa dentuda. “Sí, gracias. Mi nombre es Maji”. El
joven tomó su mochila, y juntos salieron del shul. Después de unos minutos
estaban todos alrededor de la mesa de Shabat de Dan. En cuanto la familia comenzó
a cantar Shalom Aleijem, Dan notó que su invitado no estaba cantando con ellos.
“Quizá es tímido, o no puede cantar,” conjeturó. El invitado le brindó
otra de sus dentudas sonrisas tratando de seguirlos, desafinando pero intentando
hacer lo mejor.
Incluso
después de que empezó la comida y a pesar de que el invitado se había
relajado un poco, todavía parecía un poco inquieto permaneciendo prácticamente
callado. Dan notó que su invitado no seguía las canciones y manejó la
conversación, centrando sus comentarios en la porción semana[ de la Torá,
intercalando en la charla acotaciones sobre los eventos actuales.
Después
de comer el pescado, Dan vió que su invitado hojeaba su cancionero, al parecer
buscando algo. Le preguntó con una sonrisa, “¿Hay una canción que deseas
cantar? Puedo ayudarte si no estás seguro de la melodía.” La cara del
invitado se iluminó, un cambio sorprendente. “Hay una canción que me gustaría
cantar, pero no puedo encontrarla aquí. Me gustó verdaderamente lo que
cantamos esta noche en la Sinagoga. ¿Cómo se llama?Algo... ‘Dodí’ “
Dan
hizo una pausa por un momento, a punto de decir, “normalmente no se canta en
la mesa,” pero entonces se detuvo. “Si eso es lo que quiere el chico,”
pensó, “¿cuál es el daño?” En voz alta dijo: “Te refieres al Lejá Dodí.
Espera, permíteme acercarte un Sidur.” Una vez que terminaron de cantar el
Lejá Dodí, el joven reanudó su silencio hasta después de la sopa, cuando Dan
le preguntó, “¿Qué cantamos ahora?”
El
invitado pareció avergonzado, pero después de un poco de estímulo dijo
Firmemente, “me gustaría cantar Lejá Dodí de nuevo. “
Dan
realmente no estaba del todo sorprendido cuando, después del pollo, le preguntó
qué canción deseaba su invitado, y el hombre dijo, “Lejá Dodí, por
favor”. Dan casi dijo bruscamente, “cantémoslo un poco más suave ahora,
los vecinos van a pensar estoy chiflado,”
Finalmente
logró ser demasiado para Dan. “¿No quieres cantar otra cosa?” sugirió
suavemente.
Su
Invitado se ruborizó y miró hacia abajo. “Sólo me gusta esa canción’
masculló. “Hay algo en ella que me deleita realmente”. En total, la deben
de haber cantado ocho o nueve veces. Dan no estaba seguro, ya había perdido la
cuenta.
Después,
cuando tuvieron un momento para hablar, Dan dijo: “Me estaba preguntando, ya
que no hemos tenido más de unos momentos para charlar: ¿De dónde eres?”
El
muchacho pareció dolido, miró fijamente al suelo y dijo suavemente,
“Ramalah.” El corazón de Dan saltó de un golpe. Estaba seguro de que había
oído que el muchacho dijo “Ramalah,” la ciudad árabe más grande de
Israel. Inmediatamente se percató, y comprendió que el chico debe de haber
dicho Ramteh, una ciudad israelí. Dan dijo, “Oh, yo tengo un primo allí. ¿Conoces
a Efraim Warner? Vive en la Calle Hertzl.” El joven agitó su cabeza
tristemente. “No hay ningún judío en Ramalah.”
Dan
abrió la boca. ¡Realmente había dicho “Ramatah”! Sus pensamientos estaban
corriendo. ¿He pasado Shabat con un árabe? ¡Espera un minuto! se dijo. Respiró
profundamente. Dando una sacudida rápida a su cabeza, dijo: “Lo siento, Estoy
un poco confundido. Y ahora que lo pienso no te he preguntado siquiera tu nombre
completo. ¿Cuál es, por favor?”
El
muchacho pareció aterrado por un momento. Entonces, enderezó sus hombros y
dijo quedamente: “Majmud lbn-esh-Sharif.”
Majmud
parecía aún más despavorido; obviamente sabía lo que Dan estaba pensando.
Apresuradamente dijo: “¡Espera! Soy judío”.
Estoy
intentando averiguar simplemente a dónde pertenezco.”
Dan
estaba parado, mudo. ¿Qué podía decir?
Majmud
rompió el silencio vacilantemente: “Nací y crecí en Ramalah. Fui educado
para odiar a mis opresores judíos, y pensando que matarlos era heróico. Pero
siempre tuve mis dudas. Quiero decir, fuimos enseñados que el Sunna, la tradición,
dice: ‘Ninguno de ustedes es considerado un creyente hasta que desee para su
hermano lo que él desea para sí mismo’. Me sentaba y me preguntaba, el iahud
(los judíos) ¿no son personas, también? ¿Ellos no tienen el derecho de vivir
igual que nosotros? ¿Si se supone que debemos ser buenos con todos, cómo no se
incluye a los judíos en eso?
“Hice
estas preguntas a mi padre, y él me echó de casa. Simplemente así, con nada más
que la ropa que llevaba puesta. Me había hecho a la idea: Iría a vivir con los
iahud, hasta averiguar lo que ellos eran en realidad. “
Majmud
continuó:
“Entré
furtivamente en la casa esa noche, para buscar mis cosas y mi mochila. Mi madre
me sorprendió en medio de empacar. Parecía pálida y perturbada, estaba
callada y dócil conmigo, y después de un rato consiguió que yo hablara. Le
dije que quería vivir durante algún tiempo con los judíos y averiguar lo que
ellos eran en realidad, y quizá querría incluso convertirme. “Ella iba poniéndose
cada vez más pálida mientras yo decía todo esto, y pensé que estaba
enfadada. Algo más estaba hiriéndole, y susurró: Tú no tienes que
convertirte. Ya eres judío.
“Me
asusté. Mi cabeza daba vueltas y por un momento no podía hablar. Entonces
tartamudeé, ‘¿Qué quieres decir?‘
“En
el Judaísmo” me dijo, “la religión va según la madre. Yo soy judía, por
lo tanto tú eres judío”,
“Nunca
tuve la menor idea de que mi madre fuera judía. Supongo que no quiso que nadie
lo supiera. Seguramente no se sentía demasiado bien con su vida, porque susurró
de repente: “Cometí un error casándome con un hombre árabe. En ti, mi error
se redimirá “.
“Mi
madre siempre habló así, de manera poética. Fue y extrajo algunos documentos
viejos, y me los dio: cosas como mi certificado de nacimiento y su Documento de
Identidad israelí, para que pudiera demostrar que yo era judío. Los tengo aquí,
pero no sé qué hacer con ellos.
“Mi
madre dudó acerca de un trozo de papel. Entonces dijo: “Puedes tomar esto
también. Es una fotografía vieja que mis abuelos se tomaron cuando fueron a
buscar la tumba de algún gran antepasado nuestro. Viajaron al norte y
encontraron la tumba, y eso es cuando esta foto fue tomada”
Dan
puso su mano suavemente en el hombro de Majmud. Majmud buscaba, asustado y
esperanzado al mismo tiempo. Dan preguntó, “ ¿Tienes la fotografía aqui”
La
cara del muchacho se iluminó. “ ¡Seguro! Siempre la llevo conmigo”. Él
tomó su mochila y sacó un sobre viejo, andrajoso.
Dan
tomó la fotografía cautelosamente del sobre, se colocó sus gafas, y miró
cuidadosamente. La primera cosa que sobresalía era el grupo familiar: una
familia antigua Sefardi de principios de siglo.
Luego
dirigió su vista a la tumba alrededor de la cual ellos estaban parados. Cuando
leyó la inscripción de la lápida sepulcral, casi dejó caer la fotografía.
Frotó sus ojos para asegurarse. No había ninguna duda. Ésta era una tumba en
el cementerio viejo de Tzfat, e identificó la inscripción como la tumba del
gran Cabalista y Tzadik, Rabi Shlomo Alkabetz- el autor del “Leja Dodi.”
La
voz de Dan tembló con excitación cuando explicó a Majmud quién era su
antepasado. “Él era un discípulo del santo Ari z”l, un gran estudioso de
la Torá, un tzadik, un místico. “Y Majmud, tu antepasado escribió esa canción
que nosotros estuvimos cantando todo el Shabat: ¡Lejá Dodí!” Majmud quedó
mudo. Dan se puso de pie despacio, todavía temblando por lo que había pasado.
Extendió su mano estremecida y dijo: “Bienvenido, a casa Majmud. Ahora debes
escoger un nuevo nombre para ti.”
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Reportaje a Rosa Berenstein
Rosa
Berenstein, artista rosarina nos hace participar de sus experiencias como Baal
Teshuvá. Recientemente ganó el primer premio en el concurso anual de Gaellen
Gallery, perteneciente a JCC.
Hikonu:
-¿Que significa haber ganado un concurso de pintura con una temática judía?
Rosa:
-Es como otra salida de Egipto. Había más de 60 finalistas la mayoría
americanos, mucha competencia y yo argentina, pero al decir argentina me refiero
a este constante acostumbramiento a ser rechazada por mi judaismo en forma de
antisemitismo latente. Es más, siempre recibí crítica que mi obra es muy judía
que tendría que pintar otras cosas, tango por ejemplo, que es más facil de
colocar, vender, etc.
Hikonu:
-Pero el concurso estaba patrocinado por una Institución Judía como JCC, ¿porqué
lo comparas a la salida de Egipto?
Rosa:-
Sí, precisamente, a veces los propios judíos somos los más temerosos de
expresar judeidad. La mayoría de las obras no tenían que ver con temática judía,
algunas inclusive eran expresiones visuales de otras religiones con sus
respectivas cruces, etc.
Hikonu:-
¿Crees que el arte tiene tema?
Rosa:
-Cito a Tarkowsky cuando dice "ser un artista universal es describir tu
propio pueblo". Yo no sigo modas ni grupos, lo hace más duro económicamente,
pero el jurado (en su mayoría no judíos) formado por críticos de museos
conocidos americanos premió la obra.
Hikonu:-
¿qué experiencia nos podees transmitir del show?
Rosa:
-La más asombrada de todas fui yo, pues si bien confío en mi trabajo, mi única
intención al presentarme fue mostrar un judaismo vivo en mi obra. Estamos en
tiempos del Mashiaj ¿porqué no mostrar caras de estudiosos de la Tora,
tzadikim? pero ganar nunca lo imaginé. Mi primer maestro en Torá fue Abraham
Polichenko y el me advirtió una vez, siempre que intentes describir una cara o
personaje judío deberá estar basado en un judío real, pues el alma reconoce
el alma. Antes de que se entreguen los premios, gente que no conocía venía a
decirme que sabían que mi obra ganaría, porque cuando pasaban cerca sentían
que se los miraba hacia adentro. Mi respuesta era que el judío siempre esta en
el ojo del Tzadik (Justo).
La
obra premiada se llama Pasaporte 1, basada en el pasaporte del Rebe de
Lubavitch.
Alguien
me comentó: "Parece un revolucionario ruso"...Es que fue un
Revolucionario judío ruso de la Torá contesté. Una mujer vino cuatro veces a
escuchar acerca del Rebe porque le gustaba la obra, y después me
dice:.."pero yo soy fraia (libre, no religiosa) voy a un templo
reformista"... Le contesté usted no es "fraia" si viene cuatro
veces a decirme que le gusta tanto la obra, porque es el Rebe que le despierta
su "pintele id". Entonces sonríe y esta quinta vez vuelve trayendo a
su padre de 90 años a mostrarle el Rebe.
Yo
creo que ésto me significó más que el premio, que los propios judíos
"destapen su amor existente" como dice el Libro de Tania, su
"pintele id", a ese le hablo yo, lo demás es pasajero.
Hikonu:
-Hay alguna experiencia en particular que dirija tu obra?
Rosa:
-Hay muchas. Puedo traer la más reciente.
En
una muestra del 2000, vino una mujer a comprar dos cuadros expuestos. Los dos
eran diferentes retratos del Rebe de Lubavitch. Yo le pregunté si era judía
pues no había ninguna muestra de saber de judaismo, o sea no era el típico
comprador. Ella me contesta que sí es judía. Entonces le pregunto porque eligió
los únicos dos cuadros que representaban al Rebe en la exhibición, (las otras
obras eran temáticas diferentes) si sabía quién era?.
Ella
contestó que cuando vió esos cuadros llamó inmediatamente a su hija para que
venga a "conocer a su abuelo" y que colocaría la obra en el comedor
de su casa para que cuando vengan los nietos vean a "su abuelo". Yo
quedé boquiabierta, ella no tenía idea quien era el Rebe y ni preguntaba...era
su abuelo. Que mérito!, pensé, ¿en realidad no es el Líder de la generacion
un abuelo un padre, etc...?.Ojalá todos tengamos esas referencias para educar
nuestras familias. Esos chicos tendrán una imagen especial de sus antepasados.
Y tan solo esa experiencia marcó el resto de mi trabajo. Era el empujón que
faltaba.
Pero
para responder a su pregunta debo decir que el motor creativo proviene del
profundo humor de mi padre Z"L" que despertaba el amor y shalom entre
todos lo que lo necesitaban. Gente recurría a él con problemas graves y él
con un chiste los llamaba a la paz. Solo lo he visto sufrir cuando no podía
ayudar a alguien. Quisiera aprender de él, así como mi padre hacía reir para
liberar la neshamá así quisiera destapar el amor existente en el judío a
traves del arte.
Antes
de terminar hay una paradoja que compartir y es que al salir de argentina me
querían dar el pasaporte a retirar en Shabat, yo tenía mi vuelo para el
domingo. Les explico que no podía retirarlo porque cumplo con el día sabático.
Fui a hablar con el Jefe para solicitar retirarlo en viernes y éste se enfureció
cuando mencioné Shabat y me dijo que el personalmente se encargaría que yo no
cumpla este Shabat. Que no dejaba que nadie lo retire por mi y que debería ir
yo en persona a buscarlo sólo el sábado. El firmaba los pasaportes y lo tendría
escondido. Llamé a mi marido para informarle que debía cambiar el pasaje
porque yo no iría en Shabat a retirar el pasaporte, pero B"H" pude
irme sin la firma del jefe, Hashem tiene sus propios caminos. Llegué y el
premio se llama Pasaporte 1. Era el mes de Adar. El antisimitismo no puede ganar
y yo contaba con ello. ¿Pero la verdad, no tuve miedo cuando enfrenté la
autoridad reconociendo que era una judía practicante? Sí, tuve muchas ganas de
mentir o dar otras excusas, pues crecí rosarina con este antisemitismo latente
inconciente que dirige nuestros pasos. Por eso hablo de salida de Egipto al
pricipio, en mi país se me castiga por ser judía aquí se me premia. Pero el
aquí o el allí ¿son lugares reales o imaginarios?, lo importante de esta
experiencia es que podamos hacer un espacio donde se pueda salir de nuestras
propias limitaciones, encontrar un territorio imaginario o real donde se puedan
pasar las barreras que nos limitan y desarrollarnos plenamente con la luz de la
Torá. Jabad es para mí ese espacio. Hashem puede en cualquier lugar salvar al
que lo solicita con verdad y Jabad nos da elementos para acercarnos al Creador.
Cuando ese Jefe me gritaba furioso, yo pensaba, Hashem está por encima de el y
yo solo estoy cumpliendo una Mitzvá, cuidar el Shabat. El resultado está en
manos de Hashem, así con todo.
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¿Qué significa creer en DI-S?
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De “JABAD MAGAZINE” por el Rab. Manis Freedman
Incluso
el ateo más honrado estará de acuerdo que una primera causa, un ser original,
debe de haber precedido el universo. Esta causa original o la fuente es eso que
le dio una lección de humildad a Einstein, aunque él lo describió
incorrectamente como una experiencia religiosa. Las preguntas de fe empiezan con
cómo nosotros entendemos esta Primera Causa, su naturaleza, y su relación con
nosotros y el universo.
La
declaración, ‘yo creo que hay un Di-s’ carece de sentido. La fe no es la
habilidad de imaginar lo que no existe. La fe es hallar la relevancia en lo que
es trascendente. Creer en Di-s, entonces, no significa que usted es de la opinión
que Él existe, sino que usted ha encontrado la relevancia en Él. Cuando una
persona dice: “yo creo en Di-s” lo que realmente quiere expresar es “Di-s
es significativo en mi vida.”
Discutiendo
nuestra relación con Di-s, la pregunta que nosotros necesitamos formular
primero es: ¿A quién le importa? ¿De qué manera Él es relevante?
Para
algunas personas, Di-s es relevante porque se preocupan por los orígenes de la
existencia. Para otros, Di-s es pertinente pues se preocupan por la vida después
de la vida, y la fe es un requisito previo para llegar al cielo. Finalmente,
para otros, Di-s es relevante porque creen que la vida tiene un propósito.
En
el Judaísmo en general, y en el Jasidismo en particular, el interés en Di-s
proviene de la convicción en que la vida tiene un significado. La pregunta
recurrente en el pensamiento Jasídico es: ¿Por qué un alma es enviada a este
mundo a sufrir en un cuerpo físico, durante 80, 90 años? Nosotros sabemos que
hay un propósito, ese Di-s es el autor de ese propósito, y nosotros queremos
saberlo y entenderlo.
El
Jasidut Jabad enseña que la mente es la capacidad del alma de descubrir la lógica,
el corazón es la capacidad del alma de responder negativamente o positivamente.
Las funciones respectivas de la mente, el corazón y alma están a menudo
confundidas.
Aquel
que vive exclusivamente de acuerdo a su corazón, confía en lo que siente. El
que vive exclusivamente de acuerdo a su mente, confía sólo en lo que
concuerda. Pero ninguno de éstos le dice la verdad. La mente demanda que se
confíe en la lógica, el corazón exige que se confíe en las emociones. Todavía
ambos pueden estar equivocados. Ellos no revelan la verdad inherente. Para eso,
nos volvemos al alma, la neshama. Porque el alma es una parte de lo Divino- y ésa
es la verdad. Cuando nosotros tenemos fe, cuando encontramos relevancia en Di-s,
estamos confiando en ese instinto del alma que nos dice que Di-s es el propósito
de la vida.
En
términos pragmáticos, la mente, el corazón y el alma deben cada uno cumplir
su función: cuando sabemos todo lo que se puede saber, cuando llegamos al borde
del conocimiento, y la lógica misma nos dice que hemos alcanzado sus límites
exteriores y no puede manejar lo que está más allá de este punto, entra a
jugar la fe. Donde la mente ya no es adecuada, el alma responde a la verdad. Ésta
es la fe.
Esta
fe, esta respuesta del alma, es necesaria en el cumplimiento de esa categoría
de mitzvot conocidas como jukim, las leyes supra-racionales, leyes que no
subscriben para razonar.
Si
alguien tiene dificultades con estos preceptos particulares, es una indicación
de que puede estar confiando en la mente y corazón a expensas de su propia
capacidad de reaccionar a la verdad-la expresión de su alma. Cuando un judío
cumple una mitzvá antes de intelectualizarla totalmente, está permitiendo a su
neshama responder a la verdad. Es una habilidad que a menudo necesita ser
cultivada. El sexto Rebe de Lubavitch, Rabi losef ltzjak Schneerson (1880-1950),
relata en sus memorias que una vez, cuando era pequeño, pidió a su padre que
le explicara por que nosotros seguimos una costumbre particular cuando recitamos
la Plegaria de Modé Ani al despertarse por la mañana. En lugar de darle la
respuesta, el padre del Rebe lo llevó a un anciano, un judío simple, y le
preguntó: ¿por qué usted dice Mode Aní de esta manera particular”? El
hombre respondió, “Porque así es como mi padre me enseñó a hacerlo”. El
padre del Rebe podría fácilmente haberle dado el motivo racional de la
costumbre. En cambio, lo vio como una oportunidad de ejercer su habilidad de
responder con la fe. A esto se debe que en Jabad Lubavitch es usual invitar a un
judío-incluso a aquel que declara no creer-a realizar una mitzvá, antes de
entablar una discusión acerca de la fe. Porque en la consideración de la
existencia del alma, asumimos que no tenemos que convencer a las personas del
propósito Divino de la vida. Nosotros apenas tenemos que conseguir que
empiecen, y con cada mitzva que ellos realizan, su neshama se afirma más, y se
contestan sus preguntas. Por vía de la analogía, si el instinto maternal de
una mujer parece estar ausente, usted no discute con ella acerca de la filosofía
de la maternidad. Simplemente ponga un bebé en su regazo y su instinto maternal
emergerá. La relevancia que nosotros encontramos en Él diferirá de persona en
persona. Siendo que Él es todo, las personas experimentarán a Di-s de toda
manera posible. Él es el Di-s de Abraham e ltzjak, de Benevolencia y Poderío.
Y también es verdad, cuando Di-s dice, “Yo soy conocido según Mis hechos”.
Algunos lo conocerán como un Di-s que premia, otros como un Di-s que castiga,
Quién proporciona, Quién ahorra, Quién ilumina, Quién inspira, y así
sucesivamente.
Al
principio, Di-s Se reveló como el creador, maestro, rey- todos papeles muy
impersonales. En la Halajá (la ley de Torá) Di-s revela Sus leyes, pero no
permite mostrar Sus “sentimientos personales”. Después, en la Cabalá, Di-s
se hace vulnerable; Él comparte detalles íntimos. Él se humaniza en una
relación bi -direccional. Así que el que se dedica a la Halajá tiene gran
respeto por la sabiduría de los Preceptos, mientras el místico ve a Di-s
tomarse las mitzvot como algo personal. Cuando Di-s dice, “no destruyas los árboles
de fruta” si fuéramos sensibles no sólo oiríamos un mandato, sino veríamos
algo sobre Di-s. La Cabalá revela ese algo. Las Halajot son los detalles; la
Cabalá lee entre las líneas.
La
Cabalá nos da una perspectiva muy diferente de la conducta “antropomórfica”
de Di-s. Nos recuerda que la Torá viene a enseñarnos sobre Di-s, y que las
expresiones como “Di-s habló,” “la mano de Di-s” “el enojo de Di-s”
necesitan ser consideradas desde la perspectiva de la Torá o de Di-s. Nosotros
no somos el punto de referencia para la conducta de Di-s; Di-s debe servir como
una referencia para nuestra conducta. Él creó el mundo. El discurso, la mano,
el enojo, los celos- son todas Sus creaciones, éstos son todos derechos
Divinos. Nuestro discurso, nuestra mano, nuestro enojo, nuestros celos- son sólo
metáforas para lo real, no al revés. Cuando nosotros leemos que: “Di-s
levanta Su mano” y raja el mar, necesitamos medir nuestra propia mano contra
eso. Cuando nosotros la levantamos, ¿qué pasa? Nada. Aprendemos entonces, que
nosotros realmente no somos tan poderosos como Di-s. Cuando leemos que Di-s se
enfada y castiga porque Él creó un mundo con un propósito Divino, y ese propósito
es frustrado, nosotros debemos medir nuestro propio enojo contra eso. ¿Qué
hemos creado? Nada. Por consiguiente, no podemos enfadarnos ni castigar como
Di-s hace. Considerar el enojo de Di-s y otros atributos de esta manera nos trae
a un humilde reconocimiento. Sólo cuando nuestro enojo o celos son una expresión
de indignación moral, reflejan de verdad, calidades Divinas. Sólo entonces,
podemos ejercer tales expresiones. Cualquier verdad que hay en nosotros, es en
extensión lo que nosotros encarnamos de lo que Él nos dice sobre Sí.