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Hikonu 39

 

 

 

                Editorial

 

               El Shabat

                Milagros & Maravillas

                El Hombre que venció la URSS

                Otras Notas de esta Edición

 

      

      

 

 

               

 

 

 

 

¡Exitoso!!!, ¡Maravilloso!!!. 110 Jóvenes de Edad Universitaria de Rosario, Córdoba, Tucumán y Buenos Aires, pasaron un extraordinario fin de semana en nuestra ciudad (11, 12 y 13 de julio) en diferentes actividades programadas por el Departamento de la Juventud de Jabad Rosario con la dirección del Rabino Jaim Nacach.

Kabalat Shabat, Cena y Almuerzo Sabático, La Gran Cena de Gala en los salones del Hotel Howard Johnson y un día al aire libre en la Quinta de la A.I.B. Serán momentos inolvidables para todos los que participaron por sus vivencias judías en un clima de amistad y camaradería.

¡¡¡Se viene la próxima!!!

 

 

Editorial                                                       B"H  

Shalom Uvrajá

¡Usted! que desea colaborar…

Estamos seguros que Usted se identifica con nuestra labor de difusión judáica y el oasis espiritual que Beit Jabad representa en esta ciudad.

Nuestro único objetivo es que las vivencias judías sean parte de cada judío de esta ciudad.

Quiero agradecer a todos y cada uno de quienes apoyan esta obra con contribuciones que hacen posible las actividades que realizamos, que Di-s los colme con felicidad y bendiciones.

¡Usted también puede ser parte de esto. Por eso le proponemos diferentes opciones para colaborar con nuestro trabajo, elija una o más propuestas y acérquese a Beit Jabad.

¡Es la mejor inversión!!!

     Comedor comunitario: contribuyendo con $60.- Ud. da de comer a 20 personas un saludable almuerzo.

    Con $40.- mensuales, publicitando o adhiriéndose a nuestro programa radial “Shalom Jabad.”

     Publicitando en Hikonu con avisos desde $25.-

     Tenemos en Beit Jabad un hermoso memorial, para eternizar el recuerdo de un ser querido, el valor de cada placa es de $560.-

     Donando dinero para comprar libros para la flamante “Biblioteca de la Juventud.”

     Efectuando una contribución mensual con la suma que Ud. decida.

      Cuenta el Midrash que, cierta vez, el sabio Joni Hameaguel se encontró con un anciano que plantaba un árbol de algarrobo. Le preguntó: “¿En cuántos años dará frutos este árbol?, el anciano respondió que lo haría dentro de setenta años. Joni le dijo: “En setenta años, tú no estarás para comer esos frutos”; a lo que el anciano respondió; “Yo encontré el mundo con algarrobos que dan fruto, lo estoy plantando para que coman mis nietos”.

Rabino Shlomo Tawil

 

El Shabat

• Sara Zeitlan (del The Jewish Spark). De “La Enseñanza Semanal”

La idea venía a mí desde hace bastante tiempo, siempre para esta época del año. Pero éste fue diferente. Estaba enseñando acerca de Shabat en la escuela dominical, como siempre. Estudiamos acerca del encendido de las velas, del Kidush (santificación del Shabat), el comer Jalá (pan trenzado especial para Shabat) y una comida especial, cantar canciones sabáticas, etc.

Sólo que esta vez mis sentimientos fueron distintos: en mi propia casa la noche del viernes era como cualquier otra. Los chicos entrando y saliendo de una actividad a otra, una cena rápida (normalmente, comprada). Me di cuenta que estaba enseñando algo que nunca había experimentado. Decidí hacer algo al respecto: debía coordinar todo y por eso comencé temprano en la semana. El domingo lo hablé con mi esposo. Lo convencí rápido pues le prometí hacer sopa de pollo como la que su ma-

dre hace. Con mis hijos, ambos adolescentes, debía ser más convincente, pues como lo suponía, la idea de una cena familiar sabática no era para ellos el plan ideal. Acudí, lo reconozco, al soborno. Mi hijo de 16 ama dos cosas: puré de papas y conducir el auto. Prometí preparar el puré y prestarle el auto el sábado de noche. A mi hija de 14 le autoricé usar mi suéter con piedritas (que estaba fuera de todo alcance para ella) en alguna ocasión especial. No soy una mujer de una agenda despejada. Trabajo full time todos los días y enseño el domingo. Por eso no preparé nada extravagante. Compré la Jalá y el postre. Sólo horneé la comida. Sin embargo era hermoso planear el Shabat. Finalmente llegó el gran día. Lustré temprano los candelabros de plata de mi abuela y busqué el horario en el calendario hebreo. Invité a mi hija a encender las velas conmigo. Pienso que también ella sintió algo especial al recitar juntas la bendición. Más tarde nuestro hijo recitó el Kidush sobre la copa que le regalaron para su Bar Mitzvá y después de lavarnos las manos tradicionalmente, mi esposo recitó la bendición de Hamotzí y comimos la Jalá. Sentí una calma especial. Normalmente nuestras comidas son apresuradas, otras veces debido al trabajo, deportes, etc, no participamos todos de ella. Pero esta noche todos mis seres queridos estaban allí sentados. La cena estaba deliciosa, pero lo mejor fue la conversación. Hablamos acerca de lo sucedido en la semana, el trabajo, la escuela...

Después pasamos al salón. Pero no hicimos lo que ustedes creen. No encendimos la televisión. En lugar de ello, mi esposo dijo: “¿Quién se anota para un juego de mesa?“ No podía recordar la última vez que compartimos un juego todos juntos. ¿Qué estuve haciendo todos estos años? ¡Enseñaba a mis alumnos algo que nunca había experimentado! Hace ya varios meses que continuamos con nuestras cenas de Shabat. Ya no necesito sobornar a mis hijos para que participen. Es más, supe lo lejos que llegué cuando mi hija me preguntó: “Ma, ¿puedo invitar a una amiga para Shabat?“ Me sentí orgullosa. Di-s nos entregó el más bello regalo. No importa qué difícil sea la semana, siempre tenemos el Shabat esperándonos, para olvidar los problemas de la rutina y pensar sólo en Di-s y la familia.

 

 

Milagros & Maravillas

    Por Marc Wilson. Este artículo apareció en el Charlotte Observer, Junio 27 de 1994

     De “Jabad Magazine“

 

El pasado 3 de Tamuz (3 de Julio 2003) se conmemoró el 9º Aniversario de la desaparición física del Rebe de Lubavitch.

Pocos, en realidad muy pocos líderes religiosos judíos contemporáneos, han estimulado tanto la curiosidad -y la ambivalencia- como el Rebe de Lubavitch. Tanto la prensa religiosa como la secular se han sentido fascinados por la devoción de sus adherentes y su desproporcionada influencia política en su país y en Israel, sin mencionar el hecho de que sus más ardientes seguidores pregonan su estatura mesiánica. ¿Cuándo fue la última vez que el fallecimiento de un Rabino fue la noticia central de los dos canales de la CNN? Él fue un hombre incomparable: discreto, tratando siempre de pasar inadvertido, heredero de una impecable dinastía jasídica. Ingeniero marítimo, educado en la Sorbona. Dominaba a la perfección una docena de idiomas. Hombre sin hijos, que fue padre de más de 500.000 discípulos.

Mi propia relación con el Rebe ha tenido la forma de una órbita elíptica  a veces más cercana, otras lejana, pero como fuera, siempre magnéticamente estrangulada en un punto específico. Siempre permaneceré con cargo de conciencia por mi prejuicio con respecto al Rebe, no tanto por su influencia global, sino por mi encuentro personal con él, menos de tres años antes de su desaparición.

Estaba relacionado con el círculo privado del Rebe debido a mi amistad con Rabbi losy Groner, el emisario de Lubavitch en North Carolina, hijo de Rabbi Leib Groner, secretario del Rebe. Mi encuentro con el Rebe sucedió justo unos meses después de la conclusión de mi segundo matrimonio y de la deshonra y ruina de mi carrera rabínica, que me habían hundido en un negro pozo de depresión y abatimiento.

Acompañado por los Rabinos Groner, mayor y junior, mi encuentro con el Rebe duró escasamente medio minuto.

“A veces”, me consoló el Rebe en ldish, “una persona devota aunque novata, puede hacer el bien, incalculablemente más que un Rabino. Deberías enseñar algo, quizás Talmud, aunque sea a una o dos personas en el living de tu casa”

“Me dijeron” continuó, “que has sido alumno de Rabi Aharón Soloveichik” invocando el nombre de mi maestro de la leshivá con quién tuve una agria discusión dos décadas atrás.

Cómo lo supo el Rebe, no lo sé.

“Hago entrega de esta caridad con la esperanza de que hagas las paces con él”

Por muy inspirado que me haya sentido en ese momento, pasó un año y aún no había actuado de acuerdo al consejo del Rebe. Fue, para decirlo todo, un nefasto y oscuro año, colmado de enfermedad, dolor y auto- recriminación. Cuando viajé a Nueva York, fui invitado nuevamente a la mesa de Shabat de los Groner.

“Has estado enseñando?” aguijoneó Rabbi Groner. “Er..Uh.... no ha sido factible. La situación...” me excusé.

“¡El Rebe dijo!”

“Pero...”

“No hay peros. El Rebe así lo dijo!”

¿Cómo podía hacerlo? ¿Dónde? ¿Cuándo? No tenía idea. Pero el Rebe lo dijo. Confundido y desconcertado, al terminar el Shabat, escuché los mensajes que estaban en mi contestadora automática. Di-s es mi testigo que allí estaba la voz de un colega hace mucho tiempo olvidado, un Rabino de los suburbios de Atlanta: “Marc, estuve pensando algo durante todo el Shabat. Es una pena que estando de regreso en la ciudad, no dictes clase.

¿Considerarías enseñar, podría ser Talmud, a un grupo de estudiantes de mi congregación?’ Dejemos que los cínicos se burlen. Estos son días de milagros y maravillas. Reconozco como el primer momento de mi recuperación gradual de la cordura y respeto a mí mismo, a ese maravilloso Shabat en Crown Heights, Brooklyn (barrio donde se encuentra el cuartel general de Jabad Lubavitch). Y siempre atribuiré el primer paso en mi recuperación, al hombre que con una insondable intuición y fe en la humanidad, realizó una desinteresada y precisa intervención terapéutica en mi espíritu, sin demandar ni mi alma ni mi chequera como recompensa, sino: Haz las paces contigo mismo. Deja de lado tu enojo.

Reconcíliate con tu prójimo. ¿Fue un “salvador”?

Los críticos que calculan el impacto del Rebe en términos de grandes temas sociales, espirituales o políticos están equivocando el enfoque.

La medida real de la magnitud de un hombre está en las miles de precisas intervenciones quirúrgicas que realizó en las almas de sus fieles, a través de las cuales los redimió de la desesperación y los ayudó a recuperar sus vidas.

Dejemos que los teólogos discutan nimiedades acerca de si el efecto acumulativo de semejantes intervenciones a lo largo de 40 años, lo convierte a uno en “salvador”. Aunque no sea así, debemos saber, sin lugar a dudas, que nuestra generación ha sido bendecida con alguien cuya vida actuó como catalizador para incontables actos de salvación.

¿Qué sucedió en cuanto a la reconciliación con mi maestro del pasado? Confieso que no actué tan rápidamente para cumplir la orden que había recibido. Hasta que escuché en las noticias acerca de la desaparición física del Rebe, y en ese momento, fue lo primero que hice.

Después de todo, “el Rebe dijo...”

 

El hombre que venció a la URSS

• de “Jabad Magazine”

El 15 de Siván de 5687 (14 de junio de 1927) el sexto Rebe de Lubavitch, Rabi, losef ltzjak Schneerson Z”L, el más importante líder religioso judío de la Rusia de Stalin, fue sometido a un dramático arresto a medianoche y llevado a Spalerno, la prisión reservada para presos políticos, donde la brutatidad era moneda común, y cuya rutina estaba pensada para convertir al detenido en una marioneta capaz de incriminarse.

El crimen cometido por el Rebe: Crear una red clandestina que permitiría que el judaísmo sobreviva las siguientes seis décadas de comunismo y supresión de la religión. Así como el judaísmo mismo después de la caída del comunismo, el Rebe emergió milagrosamente con vida de su terrible cautiverio. Salió de Spalerno 18 días y 11 horas después de su detención, y su sentencia a muerte fue conmutada a exilio. Después de otros 9 días, el 12 de Tamuz (día de su cumpleaños) fue liberado completamente. El Rebe, -su yerno y sucesor Rabi Menajem Mendl Schneerson- escribe acerca de la conducta de su suegro en la cárcel: “El Rebe resolvió firmemente mantener la compostura durante los interrogatorios de la GPU, y nunca demostrar señales de debilidad o ansiedad hacia ellos. No sólo en los temas religiosos, sino en su conducta general, demostrarles que son insignificantes ante sus ojos, como lo expresa Rabi Israel Baal Shem Tov ‘realmente cero y nada absoluta’.

A continuación un extracto del diario que el Rebe Anterior escribió de lo pasado en su cautiverio: “Ya habían pasado más de 40 horas desde el comienzo de mi ayuno, como protesta por no haber recibido mis Tefilín. Además la herida causada por los golpes recibidos estaba muy mal. A pesar del calor reinante, yo sentía frío. Evidentemente estaba enfermo. Se escuchó el anuncio: “Acostarse a dormir”. Yo ya había recitado mis plegarias vespertinas y estaba acostado en mi lecho.

De pronto se escucharon pasos que se acercaban. Estábamos aterrados. Se abrió la puerta. El rayo de una linterna brilló en la celda. Nos miramos con sorpresa, confusión y un verdadero miedo a la muerte. Entraron tres personas y cuatro quedaron fuera con sus espadas desenfundadas.

Uno de ellos preguntó: “¿Cuántas personas hay en la celda?” Un oficial respondió: “Cuatro”.

“Prisioneros, ¿cómo se llaman? ¡Contesten en orden!” “¡Uno!” “¡Kutavnik!” - “¡Dos!” “¡Sheftelevitch!” - “¡Tres!” “¡Saitin!” - “¡Cuatro!” “¡Rabi losef ltzjak Schneerson!” respondí.

Uno de los oficiales me miró con desprecio. Conversaron unos instantes. Estábamos tan agobiados por el miedo, que no pude comprender sus palabras. Uno de ellos me habló en voz alta: “¡Usted, sígame!” Hasta ese momento yo estaba sentado en mi cama, con un trapo húmedo sobre la herida vendada. Llevaba puesto mi Tzitzit y mí sombrero. Me levanté, saqué el trapo y me preparé para ir con ellos. Pude ver que mis compañeros de celda Sheftelevitch y Kutainik sollozaban, lágrimas caían de sus ojos. Saitin estaba parado, boquiabierto como una estatua de mármol, blanco como la cal. Sin decir nada, salí al corredor. Procedí a caminar detrás de ellos. Uno dirigía el grupo. Dos caminaban delante de mí con sus espadas, y dos detrás con sus rifles.

“¡Quítate el sombrero y arréglate la ropa, para que la ropa desflecada que llevas no se vea!”

“¡No me quitaré el sombrero!” respondí.

“¡Te he ordenado quitarte el sombrero, y se te niegas tu fin será muy amargo!”

“No me lo quitaré y quisiera saber si tú sabes quién soy yo!”

     “¿Quién eres?”

     “¡Soy el Lubavitcher Rebe!”

     “¿Y?” me preguntó

     “El Lubavitcher Rebe no teme ni se amedrenta por tus intentos de intimidarme”

     Me comentó que la GPU pudo convencer a los más obstinados individuos antes de las primeras 48 hs de prisión. Pero no volvió a insistirme para que me quitara mi sombrero.

 

Otras Notas de Esta Edición

 

Las tres semanas y Tishá BeAv

El 17 de Tamuz- este año el 17 de julio- comienza un periodo de luto que culmina tres semanas después, el 9 de Av - 7 de agosto. Es un tiempo de introspección y reflexión ya que muchos de los eventos trágicos ocurridos al pueblo judío sucedieron en estos días. El 17 de Tamuz Nabucodonosor, Rey de Babilonia, invade la ciudad de Jerusalén y destruye el Primer Templo el 9 de Av.

Posteriormente el año 68 e.c. son derribadas por los romanos al mando de Tito las murallas que protegen a Jerusalén, dando inicio a las luchas que culminarán el 9 de Av con la destrucción del Segundo Templo, luego del cual comienza el periodo de exilio que aún vive hoy el pueblo judío en espera de la construcción del Tercer y último Templo y el advenimiento de la redención definitiva con la llegada de Mashiaj.

El ayuno del 17 de Tamuz

El 17 de julio comienza el periodo de tres semanas que también recibe el nombre de Bein Hameitzarim - entre restricciones.

El ayuno de Tishá BeAv

Comienza el 6 de agosto, a las 18:25 hs. y culmina al día siguiente, 7 de agosto, 19:05 hs. Tishá BeAv es el más importante de los ayunos después de Yom Kipur, y el único que tiene su misma duración desde la víspera, toda la noche y el día siguiente hasta el anochecer. También rigen en ese día las mismas prohibiciones que en Yom Kipur, además de no comer ni beber, debe haber abstención de todo placer físico como perfumarse, bañarse, usar zapatos de cuero y tener relaciones maritales.

¿Qué se hace en Tishá BeAv?

El 8 de Av, justo antes del comienzo del ayuno, se hace la ultima comida - seudá hamafsequet - que es de luto; se acostumbra comer huevo duro o lentejas. Se va a la sinagoga, donde las luces están a medio prender y se ha quitado la cortina del Arca. Se hace el rezo nocturno y se lee el Libro de Lamentaciones - Eijá - en un tono luctuoso y en asientos bajos ya que describe la destrucción de Jerusalén y la masacre de su población.

Al día siguiente, 9 de Av -7 de agosto-los hombres no se ponen Talit ni Tefilin hasta la tarde.

El servicio es seguido por la lectura de Kinot, que es una colección de poemas escritos a través de los siglos que describen las persecusiones y sufrimientos de los judíos. Algunas se refieren a las masacres de comunidades enteras durante la Edad Media y otras a los eventos mas recientes del Holocausto.

Después del mediodía, la gente se levanta de sus asientos de luto, empieza a retomar sus actividades normales, pero solo termina el ayuno después del anochecer. Algunas costumbres de luto, se continúan hasta el día siguiente.

¿Que se hace durante las tres semanas?

Dice el Talmud que el Templo - Beit Hamikdash- fue destruido por el odio gratuito existente entre los judíos -sinat jinam- la envidia y el egoísmo fueron la semilla de la destrucción. Es nuestra responsabilidad revertir ese proceso de trágica declinación practicando el amor desinteresado -ahavat jinam- cultivando un espíritu de solidaridad, apoyo, perdón y comprensión mutua. Durante las tres semanas y en especial en los nueve días hay que:

     Intensificar el estudio de Torá, sobre todo lo referente al Templo.

     Realizar buenas acciones para con el prójimo.

    Dar tzedaká adicional, especialmente a sinagogas y casas de estudio -Yeshivot- ya que éstas son consideradas Templos en miniatura.

Restricciones de las tres semanas.

* No se realizan bodas ni fiestas

* No se estrena ropa

* Se evita escuchar música y asistir a lugares

   de diversión

* No se puede cortar el pelo

* No se dice Sheejeyanu (algunas autoridades lo permiten en Shabat) y por tanto no se pueden comer frutos nuevos. A partir de Rosh Jodesh Av -comienzo del mes- (30 de julio) y durante los nueve días que preceden a Tishá BeAv, se agudiza el periodo de luto y por lo tanto se suma la restricción de no comer carne, ni tomar vino en estos días salvo en Shabat, no plantar árboles, no bañarse en la playa, no coser o decorar de nuevo la casa.

La importancia del Shabat

La constricción y el luto que caracterizan las tres semanas y en especial los nueve primeros días del mes de Av, son interrumpidos en Shabat, porque en ese día debe prevalecer la alegría. En el Shabat anterior a Tishá beav -2 de agosto-, debe incrementarse la alegría, más de lo usual para que no quede ninguna sombra de tristeza, pues se le compara con la época de la Redención por venir, que será definitiva y de perfección espiritual.

Desde el Shabat después de Tishá BeAv hasta el de antes de Rosh Hashaná, siguen una serie de siete Haftarot con profecías de consuelo y salvación para el pueblo judío y que se conocen con el nombre de Shiva de Nejamatá- Siete de Consuelo.

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El Templo

el lugar más sagrado del mundo

por Mati jakubowicz
de “Rumbo a tu Judaísmo“

El carácter de Tierra Santa atribuido a la Tierra de Israel, es hoy como ha sido siempre un concepto indiscutible y reconocido por el mundo entero. Es el pedazo de tierra que Di-s destinó entre todos los paises para que tuviera ese carácter.

Existen dentro de Israel, diferentes niveles de santidad, el lugar más santo de Tierra Santa, es la ciudad de Jerusalén y dentro de ella el Monte Moriá el lugar ocupado por el Templo, hasta llegar al máximo nivel que se encuentra en el Santo Santuario, Kodesh HaKodashim.

Esta afirmación está sustentada por una serie de hechos aportados entre otras fuentes por el Talmud y el Midrash que los registra como acaecidos en el Monte Moriá en Jerusalén y entre ellos se pueden mencionar los siguientes:

    Allí comenzó la creación del mundo. Ese lugar se conoce con el nombre de Even HaShetiyá -piedra de fundación. De allí fue tomado el barro con el que fue creado Adám, el primer hombre, quien luego de ser expulsado del jardín del Edén, construyó en el mismo lugar, el altar para ofrendar sacrificios a Di-s, como también lo hacen con posterioridad Caín y Abel.

    Se celebró el convenio de Di-s con Noé en el que se establecía que el mundo no sería destruido de nuevo por un diluvio, confirmándose el pacto con la señal del arco iris que vemos hasta en nuestros días.

     Abraham llevó a su hijo Itzjak para sacrificarlo según el mandato de Di-os.

     Itzjak imploró allí por un hijo, cuando Ribká no lo había tenido.

     Yaacov tuvo el sueño de la escalera con los angeles que subían y bajaban del cielo, para indicar que es el lugar con mayor posibilidad de alcanzar elevación espiritual.

    Fue colocada el Arca con las Tablas de los Diez Mandamientos, lo que implica que toda la creación está impregnada con la Sagrada Torá. - Hacia esa dirección están ubicadas todas las sinagogas del mundo y a él se dirigen todos los judíos en sus plegarias.

    Está situada en lel territorio de Biniamín, único hijo de Yaacov nacido en la Tierra Santa, después que éste recibiera el nombre de Israel.

    Será el lugar donde se construirá el Tercer Templo, el que Di-os prometió al pueblo judío y el que le da coherencia a toda la historia desde la creación del mundo, que pasando por el evento máximo de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, apunta hacia la llegada de Mashiaj, a la redención definitiva, a la Gueulá que dará nacimiento a una nueva era de paz, en la cual cesará la opresión, la miseria y la violencia afectando a toda la humanidad.

Todos estos acontecimientos, de relevancia fundamental para el pueblo judío, nos facilitan la aceptación de la santidad que hay en este lugar a diferencia de cualquier otro. Esta santidad implica que este lugar, es considerado como el portón del cielo, el centro focal de la plegaria y el sitio de donde emanan las profecías y bendiciones. Es allí y a través del Templo que Di-s establece contacto con el mundo físico, allí se manifiesta de manera patente la Divinidad. Es el equivalente a la cabeza en el cuerpo humano, el cerebro que tiene la capacidad de hacer funcionar todo el cuerpo y sin el cual se detendría totalmente.

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Siempre Presente

A partir de la destrucción del Templo, los judíos siempre han mantenido viva su memoria en diferentes formas, entre las cuales se pueden mencionar los siguientes:

• En las sinagogas, los rezos se hacen en los mismos horarios en los cuales ofrecían sacrificios en el Templo y éste es mencionado en todas las plegarias.

• La lectura de la Torá en las festividades, describe los sacrificios que se hacían en el Templo en estas ocasiones.

• Cuando se come pan, el primer pedazo se sumerge en sal para rememorar los sacrificios, que eran rociados con sal antes de ser colocados en el Altar.

• Antes de recitar la Bendición de Gracias después de la comida, durante los días de semana, se lee el Salmo 137 que expresa la amargura de los judíos al ser exilados a Babilonia, luego de la destrucción del Primer Templo.

• La novia no lleva joyas en la boda.

• Al final de la ceremonia nupcial, se rompe un vaso que simboliza la destrucción y le recuerda a los judíos que su alegría nunca es completa, sin que exista el Templo.

El pueblo judío al observar estas costumbres no las considera  en relación a un pasado doloroso, sino que mantiene viva la esperanza por su futura restauración.

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El muro de los lamentos el muro de la esperanza…

de “Rumbo a tu Judaísmo”

“Este muro producto del esfuerzo de los pobres jamás será destruido”

El Kotel, como se le conoce en hebreo, es el muro occidental, un muro de piedras conocido en el mundo entero como simbolo del judaísmo y el primer lugar que se visita cuando uno está en la ciudad de Jerusalén.

El Kotel HaMaarabi es un monumento testimonial de la gloria de antaño de Israel, pero sobre todo de sus esperanzas para un futuro promisorio cuando Di-s habrá de reunir a todos los dispersos del pueblo judío y los hará regresar a Su tierra.

Ese gran muro constituye el único remanente del Templo, del Beit HaMikdash y de la gloria del reino de Israel. Atesora en su interior los sufrimientos de Israel y sus dolores, hasta el punto que popularmente recibe el nombre de “El Muro de los Lamentos”. Otros solían llamarlo el “Muro de los Pobres”, por cuanto eran estos los que con mayor frecuencia lo visitaban porque allí encontraban un oído atento a sus súplicas.

Es parte de la creencia popular que cuando se repartieron las labores para la construcción del Templo, la erección del Muro Occidental correspondió a los pobres. Dada su situación de carencia, no les fue posible contratar albañiles para realizar las obras -como lo hicieron las personas de estratos sociales más elevados y es por ello que su construcción les demandó grandes esfuerzos. Cuando el enemigo se dispuso a destruir el Muro Occidental, los ángeles celestiales -los cuales por cierto, sí existen en el judaísmo- descendieron desde su morada, extendieron sus alas y dijeron: “Este muro producto del esfuerzo de los pobres jamás será destruido”.

El Muro, el que vemos elevarse desde el piso, no es más que un aspecto parcial del mismo. Su parte mayor ha quedado sepultada bajo tierra.

En las numerosas excavaciones realizadas en las cercanías del Kotel se han descubierto aproximadamente 20 hileras más de grandes piedras talladas, similares a aquellas que podemos apreciar en la parte inferior a nivel del piso. En la actualidad, son visibles dos hileras y media más que lo que había a nivel de piso en el momento de su liberación en la Guerra de los Seis Días.

La longitud del Kotel durante la ocupación árabe era de 28 metros, luego fue ampliada a 48 metros. Está construido con nueve hileras de piedras enormes, labradas, que datan de la edificación de Herodes. Encima de ellas se levantan otras cuatro hileras de piedra más pequeñas procedentes de la construcción del César Adriano, que erigió un templo para Júpiter, la deidad romana.

Las hileras inferiores están compuestas por piedras labradas cuyos cantos han sido tallados a modo de adorno y decoración y datan de la época del Segundo Gran Templo. Por el contrario, las otras cuatro hileras superiores, están formadas por piedras planas, sin ornamento de ningún tipo. Las piedras de las filas inferiores son extremadamente grandes, cada una de un largo aproximado de un metro y medio por un metro de alto.

De un modo especial resaltan dos piedras de los costados, una en su extremo norte y una en el sur, de un ancho superior a los cinco metros.

Por encima del segundo grupo de piedras, hay once piedras comunes, cuya altura no supera los cuatro metros.

El Muro ha sufrido muchos cambios desde aquel día en que quedó como único remanente del Beit HaMikdash. Extraños y ajenos a él lo dominaron, uno tras otro, romanos, bizantinos, árabes, cruzados y otomanos y sin embargo jamás se separó de él ni la Presencia Divina ni el pueblo judío. En el Talmud (Meguilá 28a) los Sabios explican que los Santuarios conservan su santidad, aún cuando sean desvastados; así, el lugar físico que ocupaba el Gran Templo de Jerusalén, mantiene intacta su santidad aun luego de ser destruido, incluso después de que los paganos lo profanaron. Jamás la Presencia Divina se apartó del Muro occidental y éste jamás será destruido porque la Presencia Divina se encuentra en la parte occidental” (Midrash, BaMidbar Rabá 11:3).

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S. Agnon Premio Nobel de Literatura en “Levav Yamim”

 

…“Y el Muro Occidental, nuestro vestigio preciado de épocas de antaño, que el Santo bendito Sea, dejó para nosotros en su abundante bondad, tiene una altura de doce hombres, análoga a las doce tribus. Ello para que cada uno de Israel encamine su corazón de acuerdo a su estatura y según su propia piedra. Está construido con piedras inmensas, cada una de 5 o 6 codos. No hay como ellas en ningún edificio del mundo y están colocadas sín ninguna argamasa o pegamento y a pesar de ello están unidas unas a otras, tal como el pueblo judío que está unido por una fuerza y constituye una sola unidad en el mundo entero.”