|
Home / Noticias / Regístrese / Contáctenos |
![]()
Hikonu 35
La
Verdadera Dimensión de los Problemas
![]()
Shalom Uvrajá
¿LA
MISERIA O EL PALACIO?
¿El
vaso está mitad lleno o mitad vacío? Este es el típico ejemplo que se usa
para saber si alguien es optimista o pesimista. El pesimista siempre ve lo que
falta, mientras que el optimista ve lo que hay, lo positivo de la situación. ¿Pero
acaso, la manera en que la persona percibe el contenido del vaso es el único
factor de decisión que define el pesimismo y el optimismo?
Tomemos
otro ejemplo: Dos personas están paradas en medio de un campo. Una de ellas ve
sólo basura y desechos. La otra ve un fabuloso jardín, tupidos jardines, idílicos
manzanos. ¿Acaso no están ambos parados en el mismo sitio? Sí, pero miran en
direcciones opuestas. La primera está mirando hacia la ciudad, desde donde venía,
y observa la basura que se apila en las afueras de la metrópoli. La segunda
mira hacia adelante, hacia su destino, el palacio y su cita con el rey. En esta
situación no importa si la persona es optimista o pesimista sino hacia dónde
pone su atención.
El
mes de Elul es el tiempo en que el Rey de Reyes, simbólicamente, sale al campo.
Él está disponible para todos, sin esconderse tras portones, guardias y
oficiales de honor. Por eso Elul es un momento único de misericordia y
accesibilidad.
Mientras
estamos en el campo, listos, esperando recibir al Rey -para pedir a Di-s por
nuestras necesidades para el año entrante, pedir perdón, requerir un año
bueno y dulce- estamos todos parados en el mismo lugar del campo. Ningún judío
está más cerca o más alejado de Di-s en ese momento.
La
única pregunta que puede surgir es: “¿En qué dirección estamos mirando?”
Lo hacemos hacia la basura y desechos de la ciudad de donde viene, o miramos
hacia el palacio? Mirar hacia el palacio es constructivo y energizante en
general. Y en particular es también beneficioso. La misma analogía usó el
Rebe de Lubavitch, cuando hace casi cincuenta años le preguntaron cómo puede
decir que el Mashíaj está llegando. El Rebe respondió: "Depende en qué
dirección se mira", Si centramos nuestras miradas, metas y acciones hacia
el palacio, éste será el centro de nuestra visión; es nuestra meta constante.
Cuando la Redención comience, Di-s estará continuamente en "el
campo", ya que la Divinidad estará totalmente revelada. Cultivemos pues,
la habilidad de dirigir nuestra mirada hacia la orientación correcta, el
Palacio Divino. ¡Hagamos todo lo posible para avanzar, paso a paso, a través
de buenas acciones, Mitzvot y estudio de la Torá, para recibir ya a nuestro
justo Mashíaj!
Rabino Shlomo Tawil
El
Boomerang de la Bondad
•
de Jabad Magazine
¿Cómo
los actos de bondad pueden enriquecer nuestras vidas?
En
abril de 1995, me compre mi primer boomerang. Una semana después me lo llevé
al parque para probarlo. Luego de practicar un poquito pude lanzarlo en cierto
ángulo, recorrió cierta distancia y regreso a mi. Fue realmente sorprendente.
Este pequeño pedazo de madera curvo, es diseñado en forma aerodinámica para
producir ese truco. Ese juguete de fabricación australiana necesita ser
utilizado con destreza, requiere paciencia y práctica pero es realmente
divertido.
Al
día siguiente estaba dando una clase a voluntarios en un hospital y el tema era
“el poder de la bondad o de jesed”. Estuve hablando de la importancia de
visitar a los enfermos, de cómo hacerlo. Hablé sobre los textos y las fuentes
que en la tradición judía enfatizan la importancia de bikur jolim -visita a
los enfermos y de aquellos que ofrecen recompensa a los voluntarios. Le conté a
este grupo como de 25 adultos, historias verdaderas para motivarlos a continuar
haciendo actos de bondad. De alguna manera la idea expresada fue, que la bondad
no solo enriquece la vida de aquellos que la reciben, sino que los actos de
bondad también enriquecen la de quienes los realizan. Los voluntarios hablaron
sobre sus experiencias y como estas los habían cambiado, les habían ayudado y
brindado nuevas perspectivas, contactos, hobbyes, amigos una vida más rica con
sentido.
Entonces
se me ocurrió “¡la bondad es como un boomerang!”
La
bondad y el sistema inmunológico
De
acuerdo al investigador Paul Pearsall, cuando una persona ayuda a otra, esta
experimenta de inmediato una respuesta bioquímica que mejora su sistema inmunológico
y lo refuerza. En otras palabras: “Existe una reacción bioquímica real en
nuestro cuerpo, cuando actuamos de un modo altruista. El sistema inmunológico
se fortalece y nos volvemos más sanos cuando logramos ayudar a otras personas.
Las investigaciones demuestran que aun el acto de vee a una persona dando a
otra, produce un fortalecimiento inmediato del sistema inmunológico”.
Preste
atención al modo como reacciona su cuerpo cuando ayuda alguien. Sentirá
cambios reales y positivos y además inmensa alegría.
La
bondad y la longevidad
Científicos
de la Universidad de Michigan estudiaron a 2.754 personas durante 12 años, los
entrevistaron entre 1967 y 1979 y luego les hicieron un seguimiento.
Lo
que descubrieron fue sorprendente (si hubiera sido una medicina, sería
considerado como un avance revolucionario de la medicina moderna). Descubrieron
que las personas que hacían trabajo voluntario por lo menos una vez a la
semana, tenían dos veces y media la posibilidad de permanecer vivos durante el
estudio, que aquellos que no hacían trabajo voluntario. Los que hacían menos
trabajos tenían 250% más chance de morir durante el periodo de doce años. Los
resultados obtenidos fueron independientes de factores como la edad, género o
estado de salud de los sujetos, al momento de comenzar el estudio.
Bondad
y energía
El
Dr. Dean Ornish es el creador del único programa científicamente probado para
revertir la enfermedad cardíaca sin uso de medicamentos ni cirugía. En su
libro, el hace una recomendación; realice trabajo voluntario. Dice que no solo
disfrutará de cómo se siente, sino también “le abrirá el corazón”; le
destapará las arterias y hará que la sangre y el oxígeno fluyan de nuevo. El
Dr. Ornish dice que actuar sin egoísmo es la forma de conducta más egoísta ya
que mantiene el sentido de paz interior y de alegría. Aun más, ese cardiólogo
dice: “El altruismo, la compasión y el perdón - abrir el corazón- puede ser
una poderosa forma de sanación del aislamiento que produce el stress, el
sufrimiento y la enfermedad En otras palabras, el altruismo, la compasión y el
perdón, pueden actuar en nuestro beneficio, puesto que nos liberan de nuestras
limitaciones y nos dan fuerzas”.
En
nuestros días, muchas compañías de seguro de vida preguntan a sus posibles
clientes, no solo si fuman, sino también si hacen trabajo voluntario en forma
regular.
El
impacto psicológico de la bondad
La
bondad y la reducción del stress.
Los
investigadores modernos han demostrado que hacer actos de bondad, realmente
afecta la química del cuerpo y del cerebro. Se liberan unas hormonas que se
llaman endorfinas, que mejoran el sistema inmunológico. La bondad ayuda a
combatir la depresión y la ansiedad. Es un antídoto para la tristeza y el
stress.
Al
salirse de sí mismo y centrarse en otras personas, disminuyen las
preocupaciones y los temores propios. La próxima vez que se sienta melancólico,
triste o ansioso, trate de hacer un acto anónimo de bondad y verá que se
siente mejor.
No
hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena
semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la
tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus
fuerzas: "¡Crece, maldita seas! Algo muy curioso sucede con el bambú
japonés, que lo trasforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la
abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no
sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los
primeros siete años, a tal punto, que un agricultor inexperto estaría
convencido de haber comprado semillas estériles. Sin embargo, en el séptimo año,
en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú crece ¡más de 30
metros! ¿Tardó solo seis semanas crecer?. No. La verdad es que le tomó siete
años y seis semanas desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente
inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le
permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después. Sin embargo, en
la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas,
triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del
crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma
impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo,
abandonan súbitamente, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo logran el éxito aquellos
que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. Es
necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las
que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente
frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), debemos recordar el ciclo de
maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos,
ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, pues sí está
sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.
Quienes
no se rinden, van gradual y progresivamente creando los hábitos y el temple que
les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo
no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige
aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Y por sobre todo,
sabiendo que está sellado el pacto que asegura "que toda campaña y labor
realizadas para fortalecer la educación judía y difundir las enseñanzas de la
Torá y llegar al corazón de nuestros hermanos judíos” no debemos darnos por
vencidos. Todo proceso exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Gentileza
Judith Orbach
de “La Enseñanza Semanal”
El
Timón del Día
de jabad magazine
Una
cantidad impresionante de millones de dólares se gasta anualmente para
investigar y descubrir las razones profundas del comportamiento humano.
Un
reciente descubrimiento se refiere a los primeros minutos del día, luego de
despertarse, y los llama: “el timón del día”.
Esta
teoría sostiene que los pensamientos que pasan por nuestras mentes bien nos
despertamos pueden determinar nuestra perspectiva y actitud por el resto del día.
Sugiere que no corramos a oír las noticias cuando nos levantamos, pues
probablemente escucharemos acerca de tragedias que sucedieron mientras dormíamos,
de cómo la economía se derrumba y la taza de intereses sube, y cualquier otro
tipo de malas noticias que los cronistas encuentran para llenar sus boletines.
Si
no hay malas noticias en el país donde uno vive, podemos estar seguros de que
buscarán alrededor del globo y a veces incluso, en otros planetas para hallar
un par de malos informes para hacernos comenzar el día negativamente.
En
cambio, recomienda esta investigación, levantarnos con un poco de música
suave, pronunciar una plegaria y leer algo de literatura positiva, y así llenar
los primeros minutos de nuestro día con pensamientos positivos.
¡Es
una vergüenza que hayan gastado tanto dinero para llegar a semejante conclusión,
cuando yo se las podría haber dicho gratuitamente!. ¿Acaso soy un genio?
Realmente, no.
Nuestros
Sabios lo expresaron hace miles de años atrás. Ellos nos enseñaron que en el
momento en que abrimos los ojos, debemos recitar una plegaria llamada “Modé
Aní” que expresa: “Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has
restituido misericordíosamente mi alma dentro de mí; Tu fidelidad es grande”
En
otras palabras, nuestros Sabios nos dicen que lo primero que debemos hacer,
inmediatamente después de despertarnos es recitar una plegaria a Di-s, por el
hecho de habernos despertado y apreciar el regalo de la vida que se nos ha
renovado.
Incluso,
ellos tuvieron en cuenta que podríamos tener algún inconveniente con el hecho
de pronunciar el nombre de Di-s en nuestro rezo mientras que aún estamos
acostados en la cama, sin habernos lavado ni atendido nuestras necesidades
fisiológicas. Para resolver este punto, quitaron el nombre de Di-s del “Modé
Ani”, refiriéndose a Él como: “Rey eterno y viviente”, y así no hay razón
para demorar la plegaria y poder manifestarla inmediatamente al despertarse, sin
permitir que ningún pensamiento negativo entre a nuestra mente. La idea de un
comienzo positivo es muy importante cuando llegamos al tema de nuestros hijos.
Como docente, podía determinar cuando cada alumno llegaba a la escuela, qué
tipo de comienzo del día había tenido. Al ver a los niños ingresar al aula,
podía distinguir dos tipos de comienzos, tipificados por dos ejemplos:
Escena
A: el despertador no sonó (o se olvidaron de programarlo). Los padres se
despiertan tarde y saltan de la cama, apuradísimos. Los niños se niegan a
levantarse. El movimiento se logra a través de un número de frases como:
“llegaremos tarde!”. “¡Perderás el micro!” y “¡Hoy no habrá
dinero!” No hay tiempo para tomar un desayuno apropiado o para recordar que se
debe empacar una merienda. Seguramente el abrigo escolar y algún libro
importante quedarán también atrás. Con este tipo de comienzo, podemos
imaginar qué clase de día seguirá. Con un poco de planificación previa, es
posible reemplazarlo por la Escena B:
“La
ropa, merienda, libros y abrigos son preparados la noche anterior”
“Los
padres se despiertan 15 minutos antes que los niños”
“Se
sientan en la cama de los niños y los despiertan con una cálida sonrisa y un
abrazo”
“El
niño abre sus ojos y agradece a Di-s por haberle dado el regalo de la vida”
“La familia toma un relajado desayuno” “Parten hacia la escuela”
Con
semejante comienzo positivo del día, el niño está ahora listo para enfrentar
los desafíos de la escuela y aprender y crecer de acuerdo a la totalidad de su
potencial. ¡Pruébelo- le gustará!
La
verdadera dimensión de los problemas
•
de La Enseñanza Semanal
¿Cómo
podemos tener un sentimiento de alegría en medio de circunstancias difíciles?
Quizás por medio de esta pequeña historia podamos comprenderlo mejor.
Los
dos santos hermanos Rabí Zushe de Anipoli y Rabí Elimelej de Lizhans, que
vivieron en el siglo XVIII en Polonia, deambularon por años simulando ser
pordioseros en pos de refinar sus caracteres y dar aliento a sus hermanos
desposeídos.
En
cierta ciudad, los dos hermanos, que luego se convirtieron en mentores de muchos
miles de judíos, un mendigo “verdadero” se enojó con ellos y los denunció
a la policía local, tras lo cual fueron arrestados y arrojados dentro de un
calabozo esa noche.
Cuando
se despertaron por la mañana en la celda, Rabí Zushe notó que su hermano
sollozaba en silencio. “¿Por qué lloras?” le preguntó.
Rabí
Elimelej señaló el cubo situado en la esquina del cuarto, que los presidiarios
utilizaban como retrete, diciendo: “La ley judía prohibe rezar en una
habitación anegada de semejante olor repulsivo”. Le dijo a su hermano.
“Este será el primer día en mi vida en el que no tendré la oportunidad de
rezar”.
“Y
¿por qué estás alterado por eso?” preguntó Rabí Zushe.
“¿Qué
quieres decir?” respondió su hermano. “¿Cómo puedo empezar el día sin
conectarme con Di-s?”
“Pero
tu estás conectado con Di-s”, insistió Rabí Zushe. “El mismo Di-s que te
ordenó rezar cada mañana también te ordenó abstenerse de hacerlo en tales
circunstancias. En un lugar como este, tú estás conectado con Di-s por la
ausencia de la plegaria”.
El
punto de vista de su hermano le permitió visualizar su problema como una parte
de su relación con Di-s, llenando de regocijo el corazón de Rabí Elimelej. El
impedimento provocado por el balde lleno de desperdicios en el rincón del
cuarto, le brindó la oportunidad de disfrutar de un tipo de relación tan íntima
–aunque diferente– con Di-s, lo inspiró tan profundamente que comenzó a
bailar. Los dos hermanos bailaban ahora, tomados de las manos, celebrando esta
relación con su padre en el Cielo, recientemente descubierta. Los presos no judíos
que estaban en la misma celda, se conmovieron por el espectáculo y de repente
se unieron a la danza. Al rato, el cuarto entero fue invadido por una energía
de júbilo y alegría, mientras que docenas de prisioneros danzaban y saltaban
en una ronda de éxtasis.
Cuando
el guardián de la prisión escuchó la conmoción que provenía de la celda,
abrió de golpe la puerta, con lo que no consiguió más que ser aturdido por
los reclusos disfrutando de una danza extraordinariamente animada. En su furia
trató de detener el baile, pero sin ningún éxito: los prisioneros ya estaban
totalmente consumidos por una alegría tremenda que provenía de un lugar muy
profundo de sus almas.
Finalmente,
el carcelero puso a un lado a uno de los presos exigiéndole una explicación de
lo que estaba sucediendo. El atemorizado prisionero le contó que el arrebato no
era culpa suya ni de los otros internos, sino de los dos judíos que bailaban en
el centro del calabozo.
“¿Y
que inspiró a los dos judíos a bailar de esa manera?” rugió el guardia.
El
prisionero señaló el cubo en la esquina del cuarto “es el cubo, ellos
afirman, que les produjo la alegría en el corazón, descubrieron algún nuevo
tipo de relación con Di-s por medio de él”.
“Si
ese es el caso, les voy a enseñar una lección que recordarán por mucho
tiempo!!!“ aulló el furioso carcelero. Tomó el cubo y lo arrojó fuera de la
celda.
Rabí
Zushe se dirigió a su hermano y le dijo: “Y ahora, hermano mío, puedes
empezar tus plegarias”.