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Hikonu 33

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Shalom Uvrajá
En esta oportunidad hay variados temas para destacar pero todos hacen a la vivencia judía, y el orden de las cosas en la que salen publicadas no altera la importancia que cada una de ellas tienen.
El próximo 11 de Nisán (en el cte. año 24 de Marzo) se cumplen 100 años del nacimiento del Rebe de Lubavitch, al que represento junto a mi familia como sus Shlujim, emisarios para difundir los valores judaicos y sus vivencias. El número 100 es muy representativo y es el momento oportuno para resaltar sus enseñanzas que el nos legó a cada uno de nosotros y el aporte a nuestra generación.
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Esta edición de Hikonu, está dedicada a la memoria de nuestro querido amigo y asiduo participante de Beit Jabad el Sr. Hugo "Kike" Novick. A pedido de sus seres queridos más cercanos publicamos un artículo relacionado a la vida después de la vida, que es uno de los principios más importantes de nuestra fe. Ante el fenómeno, de los entierros en cementerios no comunitarios y pedidos de cremación, producto del alejamiento de los valores judaicos o de su ignorancia, en la cual ningún motivo justifica ese accionar llamamos a los iehudim a concientizarse de la importancia de Kevurat Israel, el entierro judío, que es lo que asegura la eternidad del alma y su descanso en paz.
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La grave situación en Eretz Israel, sin entrar a discutir políticas, es nada más y nada menos del odio visceral al iehudí, que tienen nuestros enemigos, como lo proclaman que esa es su meta final, llevar a los judíos al Mediterráneo. ¿Qué podemos hacer desde acá? Justamente eso, reforzar nuestra identidad judía, actuar como judío, pensar como judío. ¿Cómo actúa el judío? Coloca Tefilín en su brazo y cabeza, fija Mezuzot en todas las entradas de los ambientes de su vivienda, cuida las 25 hs. del Shabat, come Casher, lee Salmos del rey David (Tehilím) Pureza familiar, es honesto en el comercio, etc. NO ES SUFICIENTE EL ACTIVISMO COMUNITARIO o participar o ser socio de sus instituciones. Esto no suplantará nunca las vivencias judías cotidianas.
¿Cómo se piensa como judío? Estudiando un poco de Torá todos los días, el Shluján Aruj y tantos libros judaicos (no me refiero a libros de judíos o sobre judaísmo) en hebreo o en castellano que existen, nos llaman "el pueblo del libro" por la única razón que son nuestros libros sagrados los que orientan nuestras vidas.
Así como el creador nos liberó de Egipto en el mes de Nisán, nos libere en este Nisán de nuestros enemigos externos e internos (me refiero a la debilidad interna de cada uno) y nos reúna a todos los iehudim en Eretz israel con el Mashiaj.
Rabino Shlomo Tawil
Imágen
de un Lider
de "Jabad Magazine"
En 44 años (hoy, 52 años desde la asunción del Rebe), Lubavitch ha crecido hasta convertirse en una presencia tangible a lo largo del mundo, un nombre familiar.
En todas sus variadas actividades está estampada la visión de un hombre: el Rebe. Y con todo, su personalidad perdura curiosamente opaca, cubierta de leyenda, ¿Cómo es que un único hombre haya inspirado tanta devoción, generado tanta energía, creado semejante red de dedicación? La palabra "Lubavitch" dispara muchas asociaciones: colocar tefilín con transeúntes judíos en las calles metropolitanas; campañas de Mitzvá desde Nueva York hasta los soldados estacionados en Sinaí; rostros sonrientes, barbados, que traen judaísmo a esos judíos que todos los demás olvidaron. Y, sobre todo esto, está el Rebe.
Seguidores viajaron miles de kilómetros para ver al Rebe en persona. Cada mañana de domingo, miles de judíos convergieron en la Sede Mundial de Lubavitch sobre una avenida de Brooklyn, para recibir la bendición personal del Rebe y un dólar como incentivo para dar a caridad. A los discursos del Rebe asistian apiñadas muchedumbres de jasidim que llenaban una sinagoga de casi media cuadra de extensión. Estos eran transmitidos en vivo a través de un centro de comunicaciones que vincula a sus seguidores a lo largo del mundo judío con su líder en su modesta sede sobre Eastern Parkway. Quizás ningún otro grupo judío esté más estrecha o controvertidamente identificado con su líder. Hay una historia que se cuenta sobre su temprana niñez, que parece ser un augurio, casi un símbolo, de todo lo que habría de seguir. Cuando tenía nueve años, el joven Menajem Mendel Schneersohn se zambullió en el Mar Negro para salvar la vida de otro muchacho quien había caído desde la cubierta de un buque anclado. Esta sensibilidad a otras vidas en peligro parece haber dominado su conciencia desde siempre: de judíos ahogándose, sin que nadie oyera sus clamores pidiendo ayuda. Judíos en ciudades universitarias, en comunidades aisladas, bajo regímenes represivos. El programa que ha armado para sí y para sus seguidores es más que el tradicional y jasídico ahavat Israel, el amor a la persona judía. Es, en un sentido muy real, el judaísmo de posholocausto: el rastreo por amor de judíos ocultos, tal como ellos alguna vez fueron cazados por odio. Es la respuesta mística a aquella tragedia sin precedentes donde todas las demás respuestas fracasan. Un acto masivo de maldad puede redimiese sólo con un contraacto masivo de bien: en este caso, sólo salvando vidas, almas, identidades, a una escala sin precedentes.
El Rebe de Lubavitch nació en 1902 en la ciudad rusa de Nikolayev y fue tempranamente reconocido como un prodigio en el campo de los estudios judaicos. Se casó, en 1929, con la hija del entonces Rebe de Lubavitch, Rabí Iosef ltzjak Schneersohn, y continuó estudios universitarios en Berlín y París. Puede ser que estando allí este formidable conocimiento de las matemáticas y la ciencia comenzó a florecer.
Más influyente, sin embargo, sobre su particular enfoque en cuanto a la comprensión del judaísmo fue el gran Rav de Rogatchov, Rabí losef Rozín, el genio talmúdico que había tenido afinidades con el jasidismo de Lubavitch. Rozín era notable por su capacidad de establecer conexiones entre áreas aparentemente no relacionadas de la polémica halájica, al descubrir su base conceptual. Usando este método a una escala más grandiosa, el Rebe ha mostrado a través de la enseñanza de toda una vida las conexiones íntimas entre la Torá "revelada" y la "oculta", entre las reglas prácticas de la ley judía y las verdades del misticismo judío, o, más correctamente, del jasídut.
El jasidismo de Lubavitch -o Jabad- ha sido conocido siempre como el ala intelectual del movimiento jasídico, a diferencia de los más emotivos enfoques de los otros grupos. Conjuntamente con esto hubo un inusitado grado de énfasis en los campos tradicionales del estudio judío -el Talmud y la halajá- algo sobre lo cual sus adversarios generalmente criticaron a los jasidim de descuidar. El primer Rebe de jabad, por ejemplo, Rabí Shneur Zalman de Liadí, era igualmente bien conocido como autor del primer texto sistemático de la filosofía jasídica, el Tania, y como compilador de un distinguido código de leyes, el Shulján Aruj HaRav.
Donde el Rebe ha ido más allá que sus predecesores es en demostrar y definir los nexos entre ambos. Central a su enfoque es la idea de la unidad intelectual de todas las facetas de la Torá. Exposiciones jasídicas, legales, homiléticas y místicas de un pasaje particular -aunque puedan parecer ajenos unos a otros- son, de hecho, no tan sólo meramente ciertos, en su totalidad, sino la misma cosa, expresada en niveles más y más profundos de percepción. Uno puede perseguir una idea mediante marcos de discurso, literales, alegóricos, homiléticos, jasídicos y místicos, y al hacerlo uno hace aflorar progresivamente facultades más profundas de conocimiento, llegando a una conciencia más profunda de la realidad Divina.
Es difícil decir, en el judaísmo, quién es un pensador revolucionario. Esencialmente, cada revolución no es otra cosa que expresar las verdades antiguas de una nueva manera. Pero dentro de estos parámetros, tan diferentes de los de la ciencia, el Rebe es un revolucionario. El ha entronizado al jasidut no como una de las extremidades, sino como el corazón de] judaísmo. El es un pensador conceptual y sistemático en la máxima escala. Y, más que cualquier cosa, él aúna continuamente la más alta verdad abstracta y el más específico llamado a la acción, abarcando el continuum de toda la gama del estudio judío.
Es quizás éste el caso en el que su fama como líder, organizador y generador de proyectos comunales, ha propulsado una medida de su originalidad como pensador. Pero, esencialmente, ambas facetas de su trabajo son una -lo abarcante de su pensamiento y acción son parte del mismo impulso: la unidad de la Torá, la unidad del pueblo judío. La Unidad de la Torá es la unidad del pueblo judío: una percepción tan vieja como el Zohar. Condujo a la imagen visionaria y famosa atribuida al Baal Shem Tov: tal como la imperfección de una única letra invalida un Sefer Torá, así un único judío fuera de lugar, que no vive a la altura de su misión, invalida a la comunidad judía entera.
Es una idea intimidadora. Cuando las comunidades judías eran fuertes, no hubiera implicado más que la necesidad de que los líderes cuidaran de cada alma dentro de sus fronteras. Pero cuando las comunidades quedaron sin líderes, y muchos judíos estaban fuera de la comunidad, comenzó a implicar más: la aceptación de la responsabilidad a una escala global. Alguien o algún grupo que hubiera tomado seriamente la imagen del Baal Shem Tov, o el dictamen talmúdico de que todos los judíos son responsables uno por el otro. Esto, siguiendo los precedentes de su suegro, es lo que el Rebe puso como la tarea de Lubavitch. Habría de convertirse en la comunidad de los judíos que no tienen comunidad.
Muchos de sus logros han formado tan hondamente el desarrollo del judaísmo de posguerra que a duras penas pensamos en ellos como que fueran de Lubavitch en absoluto. Hace quince años, el término baal teshuvá ("retornante") estaba restringido casi exclusivamente a jabad. Para los demás judíos, Teshuvá era algo que uno hacía en Iom Kipur, reparando los pecados. En Lubavitch significó un alma rescatada, específicamente esos centenares de estudiantes traídos desde las drogas y la enajenación al compromiso judío profundo por la involucración masiva de jabad en la vida de las ciudades universitarias a lo largo del mundo. Hoy, es la palabra que describe las poblaciones de docenas de ieshivot en Israel que no tienen conexión con el jasidismo; se ha vuelto el motto de una generación.
El movimiento de la escuela judía diurna, del que Lubavitch fue uno de sus más tempranos pioneros, ha desplazado al alguna vez prevaleciente espectro ideológico de que la educación judía era una suerte de apéndice obligado al verdadero negocio de adquirir una cultura secular. La idea, en la que Lubavitch estuvo tanto tiempo sola, de resucitar comunidades agonizantes al enviar un núcleo residente de familias religiosas, ha sido ampliamente copiada por las ieshivot en América. El Rebe nunca ha tenido interés en conservar un monopolio de sus innovaciones. Cada logro significó una nueva meta para ser formulada.
Los resultados nunca pueden ser cuantificados. Es suficiente saber que ellos nunca son suficientes. La famosa campaña de tefilín, tan evocativa de la paralela campaña montada unos siete siglos antes por el gran Rabí Moshé de Coucy, tocó un acorde olvidado en muchos judíos; a veces de una vez, a veces para afectar sólo muchos años luego.
En todas las campañas hay un sentido impulsor de urgencia que santifica sus frecuentemente enfoques no convencionales: una sucá sobre ruedas llevada por calles apiñadas, un anuncio radial que recuerda a los oyentes que estamos en Purím, una resolución del Congreso de los Estados Unidos que proclama un Día Nacional de Educación. Todas éstas y muchas más son maneras de acelerar la venida del Mashíaj. Lubavitch toma en serio la ordenanza del primer párrafo del Shulján Aruj, el código de ley judía, de no tener vergüenza cuando los demás se burlan del seguimiento de uno de una misión religiosa. La discreción es la mejor amiga de la cobardía.
Escrito en la implacable energía que el Rebe demanda de sus jasidím está el deseo de no dejar nunca que un judío o una mitzvá se pierdan. Ellos no pueden ser cuantificados -un alma, un acto-, ellos no pueden ser desechados. ¿Por qué preocuparse? ¡Cómo puede uno ser un judío -parecería estar diciendo siempre- y no preocuparse!.
Llegamos, entonces, finalmente, a la pregunta más grande y controvertida: ¿hay algo sospechoso en el apego de los jasidím de Lubavitch al Rebe? ¿Va demasiado lejos? ¿Hay alguna abdicación de responsabilidad personal involucrada en llevar preguntas privadas al escrutinio y consejo de un gran hombre? Finalmente, ¿puede haber un hombre digno de tanta adulación?.
En cierta forma, es extraño que estas preguntas hayan sido expresadas contra Lubavitch, quienes han sido, desde el mismísimo comienzo, los más moderados de todos los grupos jasídicos en cuanto a los poderes que atribuyen a sus Rebes. Bien se sabe que el primer Rebe de Jabad,Shneur Zalman de Liadí, era hondamente reacio a asumir el papel de Rebe del todo; como, por mucho tiempo, lo fue el Rebe actual. Característicamente, mientras muchos de los tempranos escritores jasídicos dedicaron su atención a describir las facultades extraordinarias, el peculiar mundo espiritual del ‘Tzadik" o "Rebe", el trabajo definitivo de Jabad, el Tania, es el sefer shel beinonim, un libro sobre y para el judío promedio.
Es importante comprender acerca de Lubavitch que es un movimiento supremamente dedicado a permitir que cada judío juegue su papel especial; ser, en la imagen del Baal Shem Tov, su propia letra particular en el Sefer Torá. El Rebe es la persona que lo orienta hacia ese papel; quien, permaneciendo por encima de las distorsiones del ego, tomando una visión global de los problemas del mundo judío, siendo en la lengua del jasidut un "alma colectiva", ve dónde pertenece el individuo. Es, después de todo, difícil pensar en muchos otros líderes que puedan asumir este papel, pues ellos son en su mayoría líderes de un grupo seccional, sin la formación para gozar de autoridad más allá de sus fronteras. El consejo del Rebe lleva consigo ni más ni menos que la autoridad que su interés mundial le ha dado.
Quienes visitaron al Rebe -y la mayoría de quienes lo hicieron no eran nacidos Lubavitchers, cuyo apego podría demorarse como siendo un reflejo de tradición- lo hicieron a causa de su reputación como un hombre de visión abarcadora. Ellos tienden a emerger algo acobardados, tomados por sorpresa. Ellos esperan, quizás, el tipo convencional de un líder carismático, que imponga su presencia por fuerza de su personalidad.
Lo que encontraron fue al revés: un hombre que, cualquiera sea la complejidad de sus intereses actuales, estaba totalmente comprometido con la persona con quien hablaba Es casi como verse cara a cara con uno mismo por primera vez. No en el sentido simple de, como ser, verse uno mismo en un espejo, sino más bien viéndose uno mismo revelado como una persona de importancia única en el plan de las cosas, descubriendo el propio propósito. Así de difícil es hablar de la personalidad del Rebe, tan identificado estaba con el individuo a quien orientaba.
Esto es, finalmente, lo que resulta tan mal entendido por aquellos que nunca se han encontrado con él. Su liderazgo -raro casi al grado de la exepcionalidad en la época. Su poder radica en su propia modestia. Su poder radica precisamente en el sentimiento de que cada judío, sin excepción, es ireemplazable.
Rab. Iosef Vitton
Del Libro "Vida después de la vida"
La muerte es una noche entre dos días. El cuerpo, irremediablemente, muere. Regresa a la tierra de la cual surgió. Pero el alma humana sobrevive al sepulcro y permanece existiendo, aunque en una forma totalmente diferente a Ia terrenal. En realidad el ser humano atraviesa por tres etapas diferentes de existencia. Cada una superior en significación a la que le precedió. Desde cada fase es imposible concebir la que viene, pero podemos saber acerca de la anterior.
La primera etapa es el mundo intrauterino: el vientre materno. Allí todo está dedicado a crecer y a desarrollarnos físicamente para la vida que vendrá después. Muchos elementos y sistemas orgánicos vitales en este mundo son inútiles en aquél: La existencia de una boca, un par de ojos v una nariz, que no sirven a ningún propósito en el vientre materno sugieren la existencia de una nueva vida que llegará después. Se trata claramente de una etapa de transición.
Al cabo de nueve meses, al comenzar las primeras contracciones, sentimos que está ocurriendo lo peor: El final de nuestra conocida existencia. Al nacer pasamos por un proceso tan traumático como Ia misma muerte. En cierto modo morimos de esa etapa cuando nacemos a ésta. Lentamente nos empezamos a dar cuenta que en realidad no hemos muerto, sino que accedimos a una nueva dimensión, fascinante, llena de luz, sonidos y sensaciones. Muy superior al mundo anterior.
Una existencia infinitamente más significativa.
Algo muy parecido sucede con la vida presente en relación a la futura: Aquí nos preparamos espiritualmente para la vida por venir. En este mundo también desarrollamos facultades, aparentemente superfluas. El hombre durante las ocho o nueve décadas de su vida piensa, reflexiona, descubre, crea, sueña. Su naturaleza lo inclinó a procurar ciertos valores éticos y espirituales. A hacer el bien. A indagar acerca del significado de su ser. A buscar a su Creador. Con el correr de los años el hombre crece en sabiduría. Todo sugiere una continuidad. Si sólo se tratara de la mera existencia biológica, el ser humano no necesitaría más de lo que precisan los animales para vivir.
Al morir también nacemos a un mundo totalmente diferente. Esta vez se trata de una fase definitiva. A esta última dimensión de la existencia humana nuestros Sabios la denominaron Olam Habá, o sea, el mundo por venir: la vida después de esta vida.
COMO ES EL OLAM HABA?
Nadie sabe cómo es exactamente el mundo por venir. Cuando imaginamos al mas allá como un lugar paradisíaco, verde con lagunas o celeste con nubes blancas, estamos proyectando elementos que en este mundo asociamos con placer, paz y armonía. En realidad, el mundo por venir es inimaginable. Si al bebé por nacer se le pidiera visualizar desde el vientre materno el mundo futuro, nuestro mundo al cual nacerá, sólo podría concebir un ámbito acuoso, tibio y oscuro como el que habita. Imaginaría una gran placenta. No podría, por más inteligente que fuera, pensar en un mundo con luz, colores, aire, cosas, personas etc. ya que no son parte de su habitat conocido. También nosotros desde nuestra limitación terrenal no podemos concebir lo que nos es totalmente ignorado. Nos engañamos cuando proyectamos los elementos que conocemos a una dimensión completamente distinta.
El Talmud nos brinda una descripción detallada de Olam Habá, aunque básicamente, metafórica:
"En el mundo por venir no hay comida, bebida, sueño o demás placeres ni necesidades mundanas. Allí las almas de los hombres justos despojadas de sus cuerpos, pero con sus propios méritos (Aterotehem Berashehem), disfrutan del esplendor de la Presencia divina (Miziv HaShejiná)".
El mundo por venir es esencialmente un mundo de placer- El placer de la proximidad de Di-s.
No obstante, el alma que disfrutará ese placer no surge de la nada. La intensidad que para cada espíritu tenga el resplandor divino dependerá del nivel para percibirlo que haya alcanzado en este mundo.
EL MISMO LUGAR PARA TODOS
Imaginemos a esta vida como una escuela, con jardín de infantes, primario y secundario Y al mundo por venir como una prestigiosa Universidad. Si en esta vida, en la escuela, llegamos hasta el 5to Año de la secundaria nuestra percepción de lo que viene después, de la universidad, será plena. Si sólo alcanzamos el 3er o 4to grado de primaria será muchísimo menor y si nunca nos graduamos del jardín de infantes, no sólo que no podremos percibir casi nada de lo que se brinda en esa Universidad, sino que nuestra sensación al estar allí será infernalmente tediosa.
Toda esta vida es una preparación para el mundo por venir. Cuando dedicamos la energía de nuestra existencia a la búsqueda de Di-s y de los valores que de Él emanan, el mundo por venir, la cercanía de Di-s, será un paraíso.
Pero cuando en la vida sólo se persiguen los bienes y los placeres terrenales abandonando la fe y la práctica espiritual, una vez que la muerte despoja al hombre de toda la materia que lo rodea ¿Qué quedará de él para percibir la presencia de Di-s? ¿Podrá disfrutar de la cercanía de Di-s quien no esté espiritualmente "alfabetizado"?
Volviendo a nuestro ejemplo: aquel que concluyó su escuela secundaria y aquel que pasó toda su existencia en el jardín de infantes ingresan a la misma Universidad.
El paraíso o el abismo en el mundo por venir son exactamente el mismo lugar. Depende del nivel de nuestra preparación espiritual para percibirlo de una u otra forma.
VIVIR EN LA MEMORIA
Lo mismo ocurre respecto a los méritos con los cuales llegamos al mundo por venir (Aterotehem Berashehem): ellos, la memoria de la vida, también definen nuestra futura condición en el más allá.
Cuando se quema un libro, su contenido se destruye. Cuando una computadora es destrozada, la información dentro de ella se pierde indefectibletnente. Pero ¿Ocurre lo mismo cuando un hombre muere? ¿Están la mente y la personalidad irremediablemente perdidas?
Di-s es omnisciente. Nada escapa a Su conocimiento. Di-s conoce todo lo que existe Y existió. Cuando el hombre muere, Di-s no olvida este conocimiento y el individuo sigue existiendo en Su registro. En el mundo por venir toda nuestra individualidad persiste en forma de memoria. ¿Se puede concebir un mejor edén que la satisfacción de una memoria de buenas acciones? Sobrevivimos, al habitar en el conocimiento infinito de Di-s. Somos la memoria de la suma de nuestros actos. Cada uno, en base a sus recuerdos, es el paraíso o lo opuesto de su propio espíritu sobreviviente.
EL MIEDO A LA MUERTE
Por lo general tendemos a no pensar en la muerte. Por miedo. Más allá de la angustia que sufrimos al imaginar que nos separaremos para siempre de nuestros seres queridos, nos aterra afrontar la realidad de un final, el propio, que irremediablemente llegará. Es probable que parte de nuestro miedo a la muerte sea el miedo a asumir que tal vez hayamos vivido una vida sin propósitos altruistas o espirituales, una vida intrascendente. El miedo a haber desaprovechado la oportunidad de nuestra corta pero crucial existencia. A veces limitada a una obsesiva dedicación al progreso material, cuya vanidad no siempre descubrimos a tiempo.
Según Maimónides el hombre cuya vida fue totalmente banal, una carrera tras el materialismo y un abandono de todo aquello que lo relaciona con Di-s, al llegar su hora muere "definitivamente", como cualquier otro ser vivo. Para él no existe un mundo por venir. No es un castigo, sino la consecuencia natural de haberse negado a si mismo la posibilidad de alcanzar la eternidad, de conectarse con ella al conectarse con Di-s.
MOMENTOS DE MEDITAClîN
La mayoría de nosotros nunca se pone a meditar seriamente acerca del sentido de su existencia hasta que es tocado de cerca por el dolor de alguna tragedia personal. Al pensar en la muerte pensamos con más claridad acerca de nuestras vidas. Por un tiempo recuperamos ese "sentido de mortalidad" que tan poco presente tenemos en el diario pasar.
De pronto nuestra escala de valores se transforma: lo superfluo, lo banal queda relegado a su justa subdimensión y lo importante: la existencia de Di-s, el bien y el mal, los valores espirituales, la verdad y el cuestionamiento existencial, aflora con toda su fuerza a su lugar prioritario. Son momentos de un terrible dolor, pero paradójicamente fértiles para el espíritu del hombre. Nos damos cuenta que corremos tras la fama, la riqueza y los placeres mundanos sin quizás habernos preguntado ni una sola vez si estas cosas son o no son realmente importantes. Nos percatamos que al estar tan preocupados luchando por nuestras carreras o formando nuestras familias no nos quedó tiempo para hacernos las preguntas más trascendentes.
Pero, ¿cuánto tiempo dura todo este estado de reflexión, esta vital percepción de la finalidad de nuestra existencia, infinitamente más realista que nuestra visión cotidiana? ¿Cuánto tiempo nos lleva olvidarnos de Di-s, del sentido de nuestras vidas y volver a la normalidad de la rutina, a la comodidad intelectual que nos brinda la negación de interrogantes?
La pregunta es si mientras vivimos apaciblemente sabremos dotar de significado a nuestra existencia o seremos víctimas de las distracciones fatales que desvían tanto nuestro atención de su verdadero sentido.
Está en nuestras manos que cada instante de nuestras vidas pueda ser un logro espiritual. Que podamos abrirnos camino hacia la continuidad.
EL LUGAR DE CADA VIDA
laacob dijo en Pirké Abot, el tratado de principios judío:
"Es preferible un momento de Torá y buenas acciones en este mundo que toda la vida del mundo por venir, y es mejor un momento del placer en el mundo por venir que todo el placer de esta vida".
Este mundo, en un aspecto, es superior al mundo por venir. Es preferible un momento de crecimiento espiritual en esta vida a toda la vida del mundo por venir. Acercarnos a Di-s aquí, en nuestro mundo material, es una condición excluyente para poder percibir el resplandor de Su cercanía en la próxima vida. Cada Mitzvá, cada buena acción, cada palabra generosa, cada plegaria pronunciada nutre nuestro espíritu y contribuve a su crecimiento, a esta aproximación al creador. Sólo en este mundo, podemos crecer espiritualmente. El cuerpo y sus necesidades terrenales no son una prisión, son una oportunidad.
No se trata de renunciar a las satisfacciones o comodidades positivas de esta vida, sino de armonizarlas con los ideales existenciales, dándoles su lugar de medios en favor de nuestro objetivo espiritual.
En realidad, al tiempo que luchamos para satisfacer nuestras urgencias materiales debemos aprender a superarlas. Este es el mundo del esfuerzo, la oportunidad de crecer en espíritu.
Al mundo por venir llegamos con lo que hicimos y fuimos en éste. Allí ya no se avanza más.
El más allá es el mundo del placer. De un placer insuperable. Porque no se trata del deleite corporal y efímero, sino del espiritual e intenso. Un placer ilimitado.
Cuando Di-s creó este mundo no lo hizo por alguna necesidad o interés divino, ya que Él mismo es la perfección absoluta. Di-s creó al mundo en un infinito y desinteresado acto de amor. Amor al hombre, al que le concedería el máximo de los bienes posibles. Pero ¿cuál es el mayor de los bienes que Di-s le puede dar al hombre? Respuesta: Él mismo. Di-s es el máximo bien posible, Su cercanía el mayor placer concebible.
En este mundo nos entrenamos para la percepción de Di-s, para vivir en Su proximidad.
En el mundo por venir, despojados de nuestros cuerpos y nuestras limitaciones sensoriales, disfrutamos el placer de Su cercanía.
LA FINALIDAD DE ESTA VIDA
¿Cómo se logra en nuestra vida este acercamiento a Di-s? ¿Esta preparación espiritual para la vida en el Olam Haba?
Conociendo a Di-s. Descubriendo a Di-s. Teniendo presente a Di-s.
Cada vez que leemos la Torá en la Sinagoga proclamamos la siguiente bendición: "Bendito eres Tu, el Eterno nuestro Di-s, que nos ha concedido Su Torá, la enseñanza de la verdad, y la vida eterna has implantado en nosotros..."
Nuestra existencia lleva en su seno la semilla de la eternidad y la Torá la hace germinar y florecer.
La Torá es el libro de Di-s. En la Torá descubrimos Su sabiduría y Su voluntad. Las Mitzvot, los preceptos de la Torá, son los valores divinos revelados al pueblo judío que nos educan a actuar y pensar para aproximamos y apegarnos a Di-s
En nuestra Tefilá decimos que Di-s es Baruj (Baruj Atá ...) traducido convencionalmente por Bendito. En realidad Baruj significa "origen de lo existente (Mekor Haberajot), de todo lo que nos fue concedido gratuita Y desinteresadamente". Cada vez que decimos Baruj afirmamos que Di-s es Aquel que nos dio la vida y todo lo necesario para vivir. La Torá nos enseña a dar y ayudar al prójimo. A no desentendernos de sus necesidades o su dolor. A obrar con bondad y generosidad. Asi la Torá nos muestra la mejor manera de conocer al Creador (casi como poniéndonos en Su lugar, Kjbiajol): Imitando su generoso accionar, aprendiendo a dar.
La fe judía consiste en tener a Di-s presente en todas las circunstancias de nuestra vida. La verdadera fe no es sólo creer sino pensar en Di-s. La Tefilá, la oración, es el alimento fundamental de esta fe y el pilar de nuestro desarrollo espiritual. Cuando oramos no lo hacemos con la intención de imponer nuestra voluntad a Di-s sino tratando de imponer Su voluntad sobre nosotros mismos. Al rezar nuestros pensamientos nos transforman en una escalera que asciende hacia Di-s. Rezar es descubrir a Di-s. Cada vez que rezamos hacemos presente a Di-s en nuestras mentes y en nuestros corazones.
A través de los preceptos de la Torá tenemos presente a Di-s en todo lo que hacemos: Cuando nos levantamos y cuando nos acostamos recitando el Shemá Israel; todo un día a la semana, el Shabbat, donde demostramos nuestra disposición a renunciar al progreso material para cultivar nuestro espíritu judío; en nuestros negocios, al actuar con la honestidad -y con la corrección que la Torá nos demanda; cada mañana al colocarnos los Tefilín y recordar nuestro pacto con el Creador; cuando comemos y agradecemos a Di-s por nuestro pan.
Vivir como judío es vivir junto a Di-s. Aprender a caminar a Su lado. Entrenarnos para disfrutar Su cercanía.
La Torá guía nuestras vidas para que cada uno de nuestros actos cotidianos se transformen en un encuentro con lo divino, en una semilla de eternidad.
de “Viviendo cada día”
Todo el jametz que pueda estar en mi posesi—n, ya sea que yo estŽ consciente de su presencia o noÉ yo por este acto renuncio y declaro a Žste de ningœn valor para m’ (plegaria al quemar jametz)
Siguiendo la búsqueda de jametz de anoche, nosotros ahora quemamos cualquier jametz que hemos hallado en nuestra búsqueda, y luego declaramos que todo lo que pueda haber permanecido en nuestra posesión que es desconocido por nosotros es también nulo e inválido.
Cuando uno hace un inventario moral personal, debe descubrir buscando cualesquiera defectos de carácter que tiene, y debe hacer lo máximo para corregirlos. Sin embargo, sin importar cuán minucioso es el inventario, una persona invariablemente deja pasar por alto algunos defectos de carácter, quizás porque ella puede no reconocer a ellos como tales.
Si las intenciones de uno en mejoramiento de carácter son sinceras, entonces declara que repudia cualesquiera defectos de carácter que están más allá de su conocimiento, lo que significa que, como en el caso de jametz, tan pronto como ellos se tornan conocidos por él, prontamente se desembarazará de ellos.
Con sincero examen de conciencia y una dedicación a mejorarnos nosotros mismos, Di-s nos ayudará en la remoción de cualquier restante defecto de carácter que es desconocido por nosotros.
Pues quien es como Tu naci—n, como Israel, un pueblo œnico sobre la tierra (II Samuel 7:23)
Una víspera de Pascuas, durante el período en que Rusia y Turquía estaban en guerra, el Rabí de Berdichev pidió a sus vecinos de la ciudad traerle algo de tabaco turco.
"Pero Rabí", arguyeron, "Eso es contrabando. ¡La posesión de cualquier mercancía turca es castigable con prisión y aún con muerte!"
El Rabí insistió, y al poco tiempo algo de tabaco turco fue traído. Entonces, él pidió algo de lana turca. Otra vez, la gente protestó que esto estaba prohibido, otra vez el Rabí insistió, y otra vez algo fue hallado.
"Ahora tráiganme un pedazo de pan de una casa judía", dijo el Rabí. Después de horas de búsqueda, la gente regresó con las manos vacías.
El Rabí elevó sus manos en plegaria. "Querido Di-s, ¿no merece Tu pueblo mejor de lo que Tú los has tratado? Aquí está el zar con sus ejércitos y policía. Aquellos que violan su ley pueden ser fusilados a la vista. No obstante, yo pude obtener contrabando turco de personas que desafiaron el edicto del zar.
"Pero a pesar de que Tú no tienes ejército ni policía, y no amenazas inminente castigo, Tus decretos son fielmente observados. ¡Ni un solo pedazo de pan pudo ser hallado en inguna casa judía!
¿Quién otro es como tu pueblo, Di-s? Su devoción merece mejor tratamiento.
En toda generaci—n una persona deber’a considerarse ella misma como si ella fue personalmente liberada de Egipto. (Hagad‡)
La liturgia judía está repleta de referencias al Exodo. El Shabat, las Festividades, y numerosas mitzvot son todas consideradas para conmemorar la liberación de Egipto.
Los maestros jasídicos explican que la palabra hebrea para Egipto, "Mitzraim", puede también ser leída fonéticamente como "metzarím". Esta palabra significa límites, limitaciones restrictivas. Ellos explican que hasta el punto que una persona no cumple su potencial, hasta ese punto ella está restringida, y como si fuera, en esclavitud. Al igual que puede haber una esclavitud externa que sofoca libertades políticas y civiles, e impide a una persona ejercitar sus derechos, hay una esclavitud interna. Esta esclavitud interna puede sofocar el potencial de una persona.
La esclavitud de Mitzraim y la liberación después de eso fue un evento histórico de hace muchos cientos de años. La esclavitud de metzarím, de nuestra propia opresión de nuestro potencial, ocurre en toda generación, y debemos pelear para liberarnos nosotros mismos de estas limitaciones restrictivas a nuestra creatividad y productividad.
Habla a los hijos de Israel, que ellos tomen para s’ mismos un cordero para cada casa. (Exodo 12:3)
La primer mitzvá del recién liberado pueblo, la ofrenda de Pascuas, fue un ritual a ser observado por la casa íntegra, una mitzvá orientada a la familia.
El fundamento de esta nueva nación, una formada de entre un pueblo quebrado en cuerpo y espíritu por décadas de tortura y deshumanización, era reunirse como una familia. Cohesión familiar es el secreto del origen del pueblo judío, y es el secreto de su supervivencia.
El deterioro de la familia que ha ocurrido en la moderna civilización Occidental y ha afectado al pueblo judío también, es una más grande amenaza a nuestra supervivencia que todos nuestros mortales enemigos combinados. El Seder de Pesaj no es sino una tradicional reunión de la familia para conmemorar la emergencia de nuestro pueblo como una nación espiritual. Todo lo que nosotros podemos hacer para fortalecer la cohesión familiar y evitar aquellos trágicos incidentes que dividen familias contribuirá a la perpetuación de Israel.
Este maror (hierbas amargas) que nosotros comemos es para conmemorar la amargura que nuestros ancestros sufrieron durante su esclavitud en Egipto (Hagad‡).
La torá se refiere a la prueba de Egipto como estando en un "horno fundidor de acero" (Deuteronomio 4:20). este fue un horno purificador, el cual limpió al pueblo de contaminantes y los moldeó a ellos en una nación.
Nadie que experimentó el sufrimiento de la esclavitud egipcia pudo haber previsto algún bien emergiendo de ella. No obstante por razones conocidas sólo por Di-s, éste fue el proceso necesario para dar lugar a la formación de una eterna nación.
En la vida de todos, hay momentos, y algunas veces años, de amargura. Maror enseña a uno a creer que aún aquello que es tan amargo ahora resultará en futura dulzura.
El servicio del Seder advierte que Hilel combinaba el maror con la matzá. Amargura puede ser tolerada si nosotros entendemos la significación de la matzá (ver 13 de Nisán); si sabemos que no somos víctimas de inexorables leyes físicas, sino que todo lo que experimentamos, sin importar cuán penoso, está bajo la vigilancia de un amoroso y misericordioso Di-s.
Festival
de Pesaj
Festival de los niños
de "Pesaj" Editorial Kehot
La festividad de Pesaj, celebrada por el pueblo judío en este mes de Nisán, lleva, como centro de atención, la vista fija en la clave de nuestro pueblo: los niños,
Todo el "Seder" -más que una simple cena familiar en la que se muerde un trocito de Matzá- es, en realidad, una sucesión de narraciones contenidas en la Hagadá de Pesaj, resumiendo, como si ello fuera posible, la historia milenaria de nuestro pueblo desde sus mismos comienzos, y está dirigido a los niños.
Las "cuatro preguntas" del Ma nishtaná, formuladas por el integrante más joven del grupo familiar, un niño, es el clímax de la noche y toda la ulterior elaboración histórica se propone responder a estas simples preguntas de un niño.
La famosa "crisis generacional", úlcera constante de nuestra generación, es enfocada con sumo esmero por nuestra Torá.
El estrecho contacto y relación padre-hijo, recalcando la responsabilidad pedagógica del primero, es un tema que se repite en la Torá en cuatro oportunidades. De ahí, en vista de la obstinada repetición, es que se impone sobre un padre el deber de narrar con lujo de detalles la milagrosa salvación del yugo esclavizante de Egipto, a su hijo, en la noche del Seder.
Teniendo en cuenta los diferentes tipos de "hijos" y sus respectivos modos de cuestionamiento, aparecen los "cuatro hijos" de la Hagadá de Pesaj.
Empero, no sólo durante las noches del Seder debe el hijo -y el adulto- recordar los sucesos del Exodo. En realidad, no hay día en el año en que este suceso no sea mencionado, de una u otra forma.
Durante las plegarias diarias, en el Kidush de Shabat, en el Kidush de las Festividades, en el agradecimiento posterior a las comidas, en todas las oportunidades, la Salida de Egipto es recordada.
Otros pueblos prefieren, al escribir su historia, saltear aquellos capítulos en los cuales estuvieron oprimidos por otras naciones, entregados a la humillación del esclavo. Por el contrario, prefieren hacer resaltar los días de valor y heroísmo, los días de esplendor y gloria, los días en que ellos eran los gobernantes y subyugaron a otros pueblos.
En contraste, el pueblo judío no posee fechas recordatorias de la conquista de la Tierra de Israel en los días de Iehoshúa -Josué-, o efemérides que marquen el día del retorno de los cautivos a Tzión, en épocas de Ezra "el Escriba" y Nejemia. A pesar de que, indudablemente, éstos eran eventos de suma importancia.
¿Cuál es nuestro festejo? Jag Hapesaj, la epopeya de la salida de Egipto. Y lo festejamos con el mayor brillo.
Y lo dirigimos al niño judío.
¿En qué reside la particular especialidad de Pesaj?
Por supuesto que es imposible hacer mención de todas las causas que provocan que Pesaj sea la festividad más importante de nuestro calendario.
Empero, de acuerdo al carácter "cuádruple" que mencionamos con anterioridad, los cuatro hijos, en adición a las cuatro copas, las cuatro preguntas, nos limitaremos también a mencionar cuatro puntos que iluminan la importancia de Pesaj:
1 - Pesaj nos enseña que el Creador no ha de olvidar lo pactado con nuestros padres, Abraham, Itzjak y laacov. Cuando Di-s se presentó ante Moisés, desde la llama ardiente de la zarza que no se consumía, lo hizo diciendo:
Yo soy el Di-s de Abraham, el Di-s de ltzjak, el Di-s de laacov...
De ahí que, sin tener en cuenta la humillante situación en que el judío pueda estar, debe recordar que Di-s está con él y nunca lo olvidará,
2 - La salida de Egipto fue precedida por una extensa serie de sucesos milagrosos, los que demostraron la supremacía Divina por sobre la Creación. No sólo monarcas despiadados permanecen indefensos frente a El sino que también las fuerzas naturales sucumben a Su paso y obedecen Sus mandatos. Las diez plagas, más aún que para castigar a los despóticos egipcios, eran para el beneficio de los israelitas, pues estos milagros les demostraron la grandeza del Di-s de sus antepasados.
"Ver para creer", dice el refrán. Ver para creer. Nuestros antepasados, testigos de estos milagros, los contaron a sus hijos, generación tras generación.
Esta es la causa de la lealtad de los judíos al Di-s de sus ancestros, en Quien depositaron su confianza durante generaciones, hasta el presente.
3 - Pesaj nos enseña que, ciertamente, a pesar de que las bondades Divinas son ilimitadas, recae sobre nosotros la responsabilidad de ser merecedores de las mismas, y no debemos basarnos tan sólo en el mérito de nuestros antepasados.
Por ello, los judíos debieron ofrendar el "Korbán Pesaj" -Sacrificio Pascual-, en la última etapa de la liberación de Egipto, poniéndose en peligro ellos mismos, ya que el cabrito era la deidad egipcia.
4 - También nos enseña Pesaj que la liberación de una esclavitud física, corporal, por sí sola no es suficiente.
La liberación de la esclavitud egipcia era sólo el primer paso al encuentro de la meta fundamental, la libertad espiritual, el camino de la santidad y la pureza. La posterior entrega, cincuenta días después, de la Torá en el Monte Sinaí.
La Torá le enseña al judío a despreciar con ambas manos la "cultura" egipcia, considerándola abominable. Ellos, fieles servidores de aves y animales, no le otorgan importancia alguna a la vida del hombre. El cordero era "sagrado" y su matanza terminantemente prohibida, mientras millones de esclavos eran tratados brutalmente, en la construcción de pirámides y suntuosos palacios.
El pueblo egipcio estaba altamente desarrollado en los campos de las artes, los deportes, el ejército y similares.
Pero en lo que hace a la ética y la espiritualidad, su nivel era nulo.
Los israeiitas debieron romper los lazos éticos influenciados durante cientos de años de esclavitud, sumidos en las más bajas dimensiones de la impureza, para lograr convertirse en "un pueblo de sacerdotes y una nación santa".
Pesaj es la festividad del niño. Si cada "niño" -en edad o en conocimientos de nuestra Torá- estará presente en el Seder y aprenderá el significado de Pesaj, en lugar de "cuatro hijos" -el sabio, el malvado, el ingenuo y el que ignora cómo preguntar- habrá solamente uno: el hijo sabio…