Home  / Noticias  / Regístrese  / Contáctenos  

 

 

Hikonu 28

 

Indice:

 

                Editorial

 

               Anorexia del Alma

                Comedor Comunitario

                El Beneficio

                Entrega Absoluta

 

                La Intimidad

                

                Proyecto Jóvenes

      

 

 

               

 

 

 

 

Editorial  

Shalóm Uvrajá B"H

Un nuevo año escolar esta por comenzar y la pregunta no es si la escuela debe ser gratis o no. No es momento para preguntas superficiales. La pregunta esencial debe ser ¿Qué educación quiere cada padre de sus hijos?

Si queremos que nuestros hijos tengan cultura general y estén orientados hacia alguna profesión no necesitamos enviarlos a una escuela judía. De hecho es lo que muchos padres hacen. Ya desde el jardín o la primaria, y otros desde la secundaria, envían a sus hijos a establecimientos educativos no judíos. Si es para tener amigos judíos es suficiente enviarlos a algun club judío.

Si queremos que nuestros hijos tengan educación judía, entonces hay que analizar con sinceridad y sin engañarnos qué significa realmente educación judía. A fin de cuentas si no hacemos tal análisis, o nos equivocamos al hacerlo, el perjudicado final es el niño y el resultado repercutirá, sin duda, en el resto de la familia y en el ambiente que lo rodea. No es casualidad la cantidad enorme de padres o abuelos que se me acercan, con toda la angustia en el corazón, y me expresan "¿como puede ser? Siempre fue a una escuela judía, fue a Israel, en Iom Kipur vamos al shil ¿ y ahora sale con una goie?"

Educar como judío, quiere decir vivir como judío. Así como uno come y duerme todos los días y respira a cada instante para vivir, lo mismo para vivir como judío, se debe comer y dormir como judío y hay que respirar judaísmo en cada instante.

El niño percibe la situación si no tomamos nuestro judaísmo seriamente. Ve que, a veces, nos reímos de ciertas leyes o costumbres judías que la Torá nos enseña. En consecuencia todo lo judío pasa a las últimas posiciones en el ranking de valores. Y de ahí en mas, querido padre, ¡ no se sorprenda de nada!

Con respecto al maestro de sus hijos, hágase estas preguntas: a) Cree en un único Di-s Todopoderoso, creador del mundo hace 5761 años? b) Tiene convicción en lo que enseña sobre judaísmo? c) Enseña judaísmo como algo del pasado o como algo vivo, de nuestros días, de la vida cotidiana? d) Concuerda la vida privada del maestro, su conducta monetaria, su matrimonio etc. con los parámetros de la ley judía?

Todavia hay mucho para rescatar, si cambiamos ya. La educación en el hogar, en las escuelas, inclusive los clubes y los Kenim es formadora del ser humano, aunque dicha instituciones no lo quieran y no sea ése el objetivo de su existencia. Veamos el futuro de nuestros hijos a corto, mediano y a largo plazo ahora. Después será muy tarde.

 

Gracias a Di-s el comedor comunitario ya funciona, otro logro a beneficio de la comunidad judía de Rosario. Lea en el interior de la revista una nota al respecto.

 

Cumplimos 14 años en esta ciudad, y cada día crecemos un poquito mas al servicio de la comunidad judía de Rosario. Todavia hay muchos lectores que no nos conocen en toda nuestra dimensión. Los invito a participar, a conocer lo que es suyo, lo que sus antepasados les legaron, las enseñanzas de la Torá, las vivencias judías, etc. Eso los nutrirá con ánimo, con salud mental y con espiritualidad.

Alzo una plegaria al creador para que muy pronto nos envíe al Mashiaj y lleguemos a la meta de nuestras vidas. ¡Amén!!

Rabino Shlomó Tawil

 

Anorexia del Alma

Duele.

- «¿Cuánto hace?»

- «Ayer, y anteayer, y el día anterior también. Creo que desde siempre».

- «¿Qué te hace mejorar?»

- «Ejercicio. Correr, hacer sentadillas. ¿Puedo hacer sentadillas?

- «No»

- «¿Por qué?»

- «Porque estás dolorida. Estás hambrienta».

-«Oh, eso. Primero, no es tan malo. Y tienes razón, duele y ¡Oh!» Ella se retorció en la cama «¡Oh, está ocurriendo nuevamente! ¡Haz algo!»

-«Déjame ver». Ella vaciló. Luego, tan cuidadosamente como si estuviera tomando a un pollito recién nacido, apoyo mis manos sobre su abdomen. Ella parece como una prisionera de un campo de concentración. Su abdomen es cóncavo, hondo como un melón. Sus costillas sobresalen; sus extremidades son delgadas como ramas secas. Una fina pelusa cubre sus mejillas, porque su cerebro piensa que ella se está metamorfoseando en un feto. Gimiendo, aprieta sus dientes - picados, marrones y corroídos por el ácido que los golpea cada vez que ella vomita. Ella tiene 12 o 40 años, rubia o morocha, blanca o negra. Ella puede ser él. Su declinación ha sido gradual: un capricho, una dieta para perder algunos kilos. Ella es adepta a fingir que está llenando su plato con comida, y alejarlo. Entonces se deshace de ella, la arroja al inodoro, se la da al perro. O bien oculta la comida bajo su cama, en los zapatos, sobre el techo acústico del hospital. Cuando su carne va desapareciendo, ella es atraída, tan inexorablemente como una mariposa a la llama, a los espejos, las ventanas, los pozos de agua, en los cuales puede verse reflejada, notando su delgadez. Eventualmente, ella se inmolará. Ella se está consumiendo. Y ha olvidado el hambre. En la vida de casi todos los anoréxicos llega un día en el cual el hambre no tiene significado y la habilidad para reconocer el hambre desaparece. Puse el auricular de mi estetoscopio en su vientre. Ahí no hay nada. Y entonces hay un latido lejano, y veo que ella está moviendo la cabeza frenéticamente para decirme que eso es, eso pasa cuando le duele.

-»Tienes dolores de hambre»

-»¿Dolores de hambre?»

-»Si, tienes hambre. Por eso te duele. Tu cuerpo lo sabe, más tienes que escucharlo. Necesitas comer». Ella actúa como si yo estuviera hablando en Swahili.

- «¿Comer? ¿Comida?».

- «Si».

-»Oh, no, usted no comprende - dice, mordiéndose sus agrietados labios - posiblemente no pueda hacer eso».

 

 

 

-»¿Y entonces?».

Él sonríe con tristeza: «Entonces veo la pintura siguiente».

«¿Y por qué no pinta?».

«Siempre hay algo más, algo...» Se quiebra. Espero. Dice -»Cuando era un niño, acostumbraba a pasar por esta sinagoga. No veníamos, no me pregunten por qué. Los sábados, cuando iba con mi mamá a la confitería, pasábamos; recuerdo a la gente saliendo, los hombres hablando, los niños riendo, y las mujeres juntas.»

Parece como si él necesitara mirar hacia otro lado antes que a mí

-»Cuando recuerdo que hubiera sido lindo estar con ellos, entonces es que el dolor viene, y siento..»

-"¿Hambre?"

-»Sí. Como contenerme de pintar. Y cuanto más pienso en esto, más duele», dice, aclarando su garganta

-»No lo entiendo, ¿No logra descubrir el motivo?»

-»¿Qué quiere decir?»

- «La religión... es algo que la gente hace para llenar el vacío»

-»¿Un vacío del alma?»

- «Sí. Como sentarse sobre una montaña para ver la puesta del sol... ese temblor interno... Es de ahí de donde viene la idea de Di-s. ¿Por qué la gente ora? Porque saben que son pequeños, que morirán. Pero si oran, son parte de algo más grande. Quizás cuando ellos oran, encuentran esa pequeña parte de Di-s en su interior. Y el dolor se desvanece».

Vacila, impactado por lo que acaba de escuchar. Los minutos pasan. Luego le pregunto «¿En qué está pensando?» El ríe sin alegría.

-»En comer. Pero no tengo hambre. Pienso en una exhibición que hay en el museo, y en un nuevo restaurante que abrieron en las afueras de la ciudad. Pero el dolor no es en mis entrañas». Nuevamente pone su mano sobre su corazón. «Es aquí, estoy vacío y trato de llenarme, pero no puedo»

-»¿Usted está convencido que realmente trató?»

-»Hice mucho «

Duele - él apoya su mano sobre su corazón - Aquí. Hace mucho. Un año, quizás diez. O desde siempre».

- «¿Puede darle un nombre a eso?».

- «¿Usted sabe como hace un cuervo cuando mata a una ardilla que quiere cazar? Como eso, como una puñalada».

-»¿Qué lo hace sentir mejor?» La pregunta lo confunde. Mira hacia la ventana, como si la respuesta que él busca, tan elusiva, estuviera en cualquier lado, pero no en él mismo. Él tiene 15 o 50 años; es blanco o negro; su pelo es rubio, o negro, o estriado con gris; usa un arete o evita las joyas, o es panzón. Como con la anorexia, él puede ser ella. Pero llamémoslo un hombre, y digamos que es judío. Él piensa que su vida marcha bien, pero no es tan así. Bueno, al fin y al cabo, él es exitoso. Trabaja en una gran escuela, o está por terminar su doctorado. Tiene sus propios negocios, o piensa que su jefe es un idiota. Es casado, soltero, divorciado. Su esposa es maravillosa, su novia es tramposa, su amante está viendo a alguien más. Cuando no está ocupado hay un dolor. Pero su habilidad para descubrir por qué, lo ha abandonado. Como la anoréxica, cree que ha logrado él mismo, con su fuerza de voluntad, llevar sus emociones a la no - existencia. Transformando su hambre en alguna otra cosa, sin embargo, se siente desdichado. Aunque él se considera maduro y bien plantado, sigue sintiendo internamente una herida. Sufre una cierta forma de anorexia en el alma. Finalmente habla

-»¿Qué me hace sentir mejor? No sé. Pero cuando veo un hermoso cuadro... por un momento, soy perfectamente feliz. Y quiero pintar».

 

Cualquiera puede tener muchas ocupaciones, ¿Pero está usted satisfecho? Usted puede renunciar a alimentar su alma, pero le apuesto a que nunca podrá sacarse de encima la necesidad de ejercitarla. Lea el diario, mire las noticias, coma el almuerzo, cierre ese trato, tome un trago. Como su cuerpo, su alma necesita sus «vitaminas» y, como su cuerpo, su alma probablemente no se dé cuenta cuán hambrienta está hasta que usted la escuche y la alimente. Usted quiere pintar, pero sigue de largo. Usted ve una sinagoga, pero no se anima a entrar. Usted está maravillado por el mundo y piensa que hay un Di-s, pero usted no dedica unos instantes para orar. Entonces, usted está hambriento. Pero en lugar de alimentar su alma, se pierde usted mismo planeando cómo se divertirá, dónde irá a comer, dónde pasará el fin de semana. Usted hace de todo, menos permitirse el alimento que el alma necesita

-»¿Por qué padece hambre? Usted dice que la gente en la sinagoga estaba feliz. Usted esta ocupado, pero es infeliz porque no quiere comer

-»Usted quiere decir... Busca las palabras un momento «¿Usted quiere decir ir?»

-»Tome un pincel. Vaya. Aprenda» Me mira fijamente, como si yo hubiera perdido la cabeza. «¿Ir? ¿Yo? ¿A la sinagoga?»

Él mira, listo para saltar de su silla pero algo lo detiene. «Oh, no, usted no entiende. Posiblemente yo no pueda hacer eso».

 

Comedor Comunitario

-Hikonu: Jabad cumplió 14 años en la ciudad de Rosario. ¿Qué balance hace del año transcurrido, que coincide el del Bar Mitzvá de la institución?

-Rab. Tawil: Fue excelente en varios aspectos. Por una parte el Congreso Nacional de emisarios del Rebe en la República Argentina tuvo gran repercusión en el seno de la comunidad. Se notó una importante afluencia de personas a las actividades, especialmente a los Kabalat Shabat. La juventud se acercó a través del Rab. Jaim Nacach y su Sra. Debora. Hemos concretado proyectos que, aunque parecían difíciles, tenían una buena y clara propuesta. En estos casos los iehudim enfrentaron las dificultades con gran voluntad de trabajo.

-Hikonu: Podría dar un ejemplo de esto último?

-R.T.: Le voy a dar varios ejemplos, que se relacionan entre sí. Cuando nos propusimos festejar los 13 años de Jabad, tenía que ser a lo grande y la idea era cobrar $60 la tarjeta por persona. Algunos amigos me dijeron que era mucha plata para tiempos de vacas flacas como estos.

Sin embargo, fue una fiesta exitosa con 250 personas y con la presencia de invitados especiales. Para mejor se recolectó el dinero necesario para la terminación de la cocina industrial del Beit Jabad .

-Hikonu: ¿Cómo surge la idea del Comedor Comunitario?

-R.T.: Una buena acción trae a la otra. Al tener una cocina industrial, con comodidad y bien equipada, pensamos en las necesidades de la comunidad y salió la idea del comedor.

-Hikonu: ¿Qué significa Comedor Comunitario? ¿A quién esta dirigido?

-R.T.: Significa un lugar para comer, al servicio de la comunidad judía. Sus principales destinatarios son las personas de pocos recursos económicos, que comen en el comedor gratuitamente, independientemente de su grado de observancia. Es también de gran utilidad para aquellos judíos observantes del Casher que están de paso por nuestra ciudad. Los viajeros, por supuesto, deben abonar su comida. Los judíos locales que deseen comer Casher podrían usar el comedor abonando su menú. Nuestra cocina se puede encargar de preparar la comida para invitados que comen Casher en ocasiones como visitas o fiesta de casamientos, Bar mitzvá etc.

-Hikonu: Ya comenzó a funcionar?

-R.T.: Sí, el lunes 8 de Enero de este año. Por ahora funciona los lunes, martes y miércoles para el almuerzo.

-Hikonu: ¿Qué tiene que hacer el interesado para poder almorzar en el comedor?

-R.T.: Es muy simple. Debe venir a mi oficina para completar un formulario con su nombre. Eso es todo.

-Hikonu: ¿Cómo se solventa el comedor?

-R.T.: Con personas de buen corazón y bolsillo abierto para colaborar. Hay también personas que dan su tiempo y su esfuerzo y ayudan en la cocina misma o en la atención de los comensales.

-Hikonu: ¿Qué deben hacer las personas que quieran colaborar con esta obra?

-R.T.: Se pueden comunicar conmigo para que les plantee las necesidades diferentes personas colaboran en diferentes rubros. Hemos recibidos los siguientes tipos de donaciones: alimentos no perecederos, vajilla, verduras, dinero (se necesita si o si) con tarjetas de colectivo para el transporte de las personas carenciadas. En cada caso charlamos y nos ponemos de acuerdo.

-Hikonu: ¿Cuál fue la experiencia hasta ahora?

-R.T.: Mas allá de la comida, veo que es muy importante el aspecto social. Los comensales tienen con quien hablar, y tienen la ocasión de escucha alguna linda anécdota judía. Creo que se alimentan físicamente y reciben también su alimento espiritual.

-Hikonu: ¿Tiene algo más para agregar?

-R.T.: Sí, le pido al lector que si conoce alguien con estas necesidades de dar o de recibir, que se comuniquen con nosotros. Ruego a Di-s que pronto llegue el Mashiaj y nadie necesite de los demás.

 

El Beneficio

Tu beneficio

de Jabad Magazine

Entre los preceptos especiales de Purím está el de Matanot LaEvionim, dar dádivas a los pobres. Pero con frecuencia nos aqueja una duda: ¿Será este pobre realmente tal, o se está burlando de mí, aprovechándose de mi esfuerzo?

Mientras leía un libro sobre cómo elegir pareja desde una perspectiva de la Torá (en comparación con mi enfoque psicológico, sofisticado, pero frustrado) me sorprendió cuánto del libro se basaba en el primer shiduj -la primera ocasión en la que alguien buscaba pareja- mencionado en la Torá.

Este primer shiduj había sido deletreado en gran detalle como para brindarnos un modelo para todos los shidujím siguientes. Lo interesante era un punto particular que es relevante al tema de este articulo: el de asumir una actitud positiva en la vida y, más específicamente, conceder al otro el beneficio de la duda. La Torá describe cómo Eliezer, el siervo del Patriarca Avraham, buscando una esposa para el hijo de su amo, Itzjak, fue al pozo de agua con sus camellos y esperó allí a una joven mujer que, no solamente fuera bondadosa con él, sino que también se ocupara de sus animales. Con este fin le pidió un poco de agua, esperando ver si también daría de beber a los camellos (cosa que hizo, ¡y hasta la saciedad!).

Lo que era novedoso para mí en la interpretación de este suceso por parte del autor era que describió a Rivká como positiva y generosa en su actitud hacia Eliezer. Dijo que otra joven, de pedírsele que sacara agua para un varón adulto y fuerte, podría haberse enojado, podría haber pensado que como aquél era capaz de conseguirla por si mismo, simplemente estaba siendo perezoso. A diferencia de este enfoque, Rivká se mostró solidaria: quizás Eliezer estaba cansado de su largo viaje y no podía arreglárselas por sí mismo.

El autor dedujo de esto que una de las cualidades que deberíamos buscar en una pareja es un enfoque positivo: hacia la gente, hacia los sucesos, ¡hacia la vida! Aun más que positivo, un enfoque generoso: «lekaf zejut», uno que brinda el beneficio de la duda.

Una vívida memoria me viene a la mente. Era en el subterráneo de Nueva York, hace dieciocho años. Camino al trabajo más o menos a las 8:30 de la mañana, una mujer de mediana edad que vestía un pañuelo sobre la mitad inferior de su rostro (como lo hacen en las películas los policías y ladrones) se me acercó y me pidió dinero. Yo sólo podía imaginar que su rostro estaba cubierto para enmascarar alguna enfermedad horrorosa. Pero me disculpé y le dije que no tenía dinero. «Si estás hambrienta, sin embargo, tengo una naranja conmigo». Ella dijo que lo estaba, y cuando se la di literalmente la devoró.

No miré su cara en ese momento pues tenía un miedo mortal de lo que podría ver, pero cuando conté este episodio a una amiga me dijo que el pañuelo probablemente enmascaraba un sonrisa, no una deformidad; y la implicación era que la mujer se reía de mí como un tonto de primera línea.

Recuerdo pensar que mi amiga era una cínica y más bien poco generosa. Me pareció absurdo que una mujer fuera por todos lados vestida de manera tan ridícula simplemente para mendigar un poco de dinero de la gente. Por supuesto, era posible...

Con todo, su cinismo me hizo preguntarme: ¿su actitud, a quién ayudaba y a quién dañaba? Es cierto que si la mujer era una embustera, yo había perdido una naranja (¡inútilmente!). Pero si era realmente una necesitada, y tenía alguna razón genuina para ocultar su rostro, al menos yo había logrado, en una muy pequeña medida, ayudarle.

Y mi amiga: su actitud cínica, en el mejor de los casos, le economizó algún dinero, y en el peor, la separó de la humanidad.

Soy dura, dices. Pero este sentimiento es, en su peor forma, uno que aísla a la persona de los demás; es un negativismo que le permite a uno separarse de los otros y que es defensivo. Lo mismo puede decirse de Rivká en el citado ejemplo: su generosidad le costo cierto esfuerzo, mientras que el cinismo habría sido físicamente más fácil. Pero su bondad fue tanto su propia recompensa (en que la convirtió en un ser humano más noble), y también, en este caso, la premió con un esposo y la inmortalidad.

La ventaja de un enfoque generoso es tanto en beneficio del individuo que lo tiene como en el de los demás que tan obviamente se benefician de él.

Recientemente oí una historia de un grupo de tartamudos que describía los sucesos de sus vidas que podrían haber resultado traumáticos.

Un hombre describió su niñez muy difícil: su padre había sido muy pobre y su vida había sido muy dura; podía recordar épocas en que durmió a la intemperie con el frío, no tuvo lo suficiente para comer, etc.

El líder del grupo contó que mientras él describía su niñez con gran resentimiento, otro hombre del grupo de apoyo comenzó a llorar. Cuando el líder le preguntó por qué lloraba, dijo que estaba emocionado y que lo que sentía era el gran amor del padre por su hijo al tenerlo consigo en condiciones tan adversas. Ciertamente podría haberlo puesto al cuidado de otros, pero obviamente había querido tener a su hijo a su lado. Cuando oí esta historia recordé la película «The Tramp» de Charlie Chaplin, donde un vagabundo encuentra un bebé abandonado sobre el umbral de su puerta, lo toma y lo cría.

Juntos enfrentan el frío, comparten una lata de habas para la cena, etc. La pobreza era secundaria ante el amor mutuo del niño y el vagabundo, y yo sólo podía pensar en cuánto más feliz habría sido el hombre en el grupo de apoyo de haber visto las acciones de su padre positivamente. Se habría sentido amado y no descuidado, y ello lo hubiera hecho cariñoso y no resentido.

Quizás pienses que éste es un enfoque simplista, pero ambas interpretaciones de las acciones del padre son posibles. Uno, sin embargo, produce fruta dulce; el otro, un producto que golpea.

Y la pregunta que siempre debemos hacernos es si somos prisioneros de nuestras naturalezas (o sea, una persona del tipo cínico negativo) o si podemos cambiar si vemos intelectualmente que es en nuestro beneficio hacer el intento y llegar a ser un individuo más positivo.

 

Entrega Absoluta

 

Hace muchos años, después de recibirme de médico, trabajé por varios meses en una clínica de El Valle, una pequeña ciudad en las tierras altas centrales de la República Dominicana. El personal de la clínica consistía de mí mismo, otro médico recién egresado de la facultad y una enfermera, todo bajo la supervisión de un doctor que ya había terminado su residencia. Los cuatro vivíamos en un monoblock ceniciento con dos consultorios, dos pequeñas salas de operaciones, una sala de espera, y algunos pequeños dormitorios.

Dado que el hospital más cercano estaba a más de una hora y media de camino, nosotros ofrecíamos la única prestación médica de la región entera. A pesar de nuestra magra provisión de drogas y equipo, veíamos cerca de 70 pacientes cada día, y tratábamos todos los males concebibles. La gente caminaba prácticamente descalza durante todo un día para venir a nuestra clínica, y muchas veces estaban desesperadamente enfermos. Sentía como si de alguna manera hubiera sido transportado atrás en el tiempo a una realidad diferente, lejos de la que había conocido en mi vida. A pesar de que hablaba un castellano aceptable, la comunicación, sin embargo era difícil porque muchos de nuestros pacientes eran inmigrantes francoparlantes de Haití, que hablaban castellano con dificultad. Una vez, una joven haitiana fue traída a nosotros en estado de shock, luego de que su brazo fuera destrozado por una trilladora. La introdujimos en nuestro improvisado quirófano y le inyectamos suero hasta que pudimos controlar la hemorragia. Su nivel de hematocritos era muy bajo. Apenas lo registraba nuestro equipo. Necesitaba urgentemente sangre, y era seguro que sin ella la perderíamos.

El único método que teníamos para darle sangre era una transfusión directa, o sea, de una persona a otra. Con nuestro rudimentario equipo para pruebas de sangre, pudimos encontrar que el único donante potencial era su hermano menor. Apenas entendía el castellano, pero aparentemente comprendió cuando le explicamos que necesitábamos tomar algo de su sangre para salvar a su hermana. Se puso un poco pálido, se sentó en silencio por un momento, y preguntó si no había otra manera. «No» respondí, y él asintió lentamente con la cabeza.

Le introdujimos una cánula y comenzamos a transfundir a su hermana. Casi de inmediato ella empezó a recuperar su color. Al ver cómo su hermana mejoraba visiblemente, el joven sonrió dulcemente, y luego, volviendo su mirada hacia mí, y en su difícil y quebrado castellano, preguntó: «¿Cuándo voy a morir?». Me quedé petrificado y mudo. Entonces me di cuenta que él había mal interpretado nuestras explicaciones, y había pensado que necesitábamos toda su sangre para salvar a su hermana.

La situación podría haber parecido cómica, si no fuera por el impacto que me produjo un aspecto de ese hecho conmovedor: esta criatura, esta hermosa criatura, sin ni siquiera un momento de vacilación, había estado de acuerdo en sacrificar su vida para salvar a la hermana que amaba. En ese momento, admiré a ese niño. Cuando lo miré, su rostro brillaba con una especie de radiación, y a pesar de su temor, se veía en paz.

¿Y nosotros…

qué estamos dispuestos a dar?

 

La Intimidad

 

La Intimidad

La Santidad de la sexualidad

En estos tiempos que corren es frecuente escuchar o ver matrimonios que se rompen, relaciones promiscuas, novios que no se deciden a casarse, parejas que viven en el concubinato, parejas infelices, niños "huérfanos" cuyos padres viven, infidelidad, desviaciones sexuales. Todo esto a corto o largo plazo causa terribles daños a quienes padecen estas situaciones y a quienes están a su alrededor.

Por eso decidí crear, en este Hikonu y en los próximos, un espacio para publicar material de reflexión que sirva de guía para los que estén considerando formar una familia y para quienes ya lo hicieron, de cómo relacionarse con su cónyuge de la manera más sana y feliz, como Di-s quiere.

Rabino Shlomo Tawil

 

La dignidad de la princesa está adentro,

más que en las vestiduras de oro que lleva.

–Salmos, 45:14

Si estamos cerca cuando deberíamos estar lejos,

estaremos lejos cuando debamos estar cerca

–El Rebe

En una conversación con un psicólogo, el Rebe expresó una vez la gran necesidad que hay en la sociedad de una conciencia de las normas y límites apropiados de la intimidad. Dijo que esto era necesario para establecer y preservar matrimonios sanos, que son el fundamento de una sociedad sólida.

En 1975, el Rebe pidió a las filiales de todo el mundo de la Organización Femenina de Lubavitch que crearan comités para publicar bibliografía, y organizaran cursos, sobre la intimidad.

¿Qué son la sexualidad y la intimidad?

Respecto de la intimidad, vivimos en una época de crisis. Todos ansían la intimidad, y todos están en busca de ella, y a pesar de esta unanimidad se ha vuelto un área de gran conflicto y confusión.

Hay muchas fuerzas en acción. Las normas sociales de sexualidad e intimidad han cambiado mucho desde la así llamada revolución sexual. La nuestra es ahora una sociedad bombardeada por el pensamiento y la imaginería del sexo; las fronteras en el campo sexual se han borroneado.

Obviamente, es un momento adecuado para revisar nuestra postura ante la intimidad y la sexualidad. ¿Qué es exactamente la sexualidad, y cuál es el poder que hay detrás de su mística? ¿Qué sentido más profundo tiene en nuestras vidas? ¿Son una y la misma cosa, intimidad y sexualidad? La "revolución sexual" supuestamente liberó a la gente; pero ¿usted es libre, o está mas esclavizado que nunca a sus deseos, más confundido que nunca por normas cambiantes?

La sexualidad es una energía interna, de origen Divino, un encuentro del cuerpo y el alma, que recibe su alimento de la genuina intimidad, de la modestia y la sutileza. Sólo puede florecer de modo saludable en el contexto de la sagrada institución del matrimonio. La sexualidad misma posee un cuerpo y un alma, una dimensión física y una espiritual. Su cuerpo es la unión de los cuerpos humanos, acompañada por el más profundo de los placeres físicos. Su alma es la unión con lo Divino, acompañada por el más profundo de los placeres espirituales. Cuando la naturaleza espiritual de la sexualidad es eliminada o ignorada, puede volverse una obsesión irracional que consume a un individuo.

La sexualidad está entre las fuerzas más potentes de la vida. Puede alzarnos a la mayor altura del autosacrificio y el compromiso, o hundirnos en las profundidades del interés egoísta y la desmoralización. La sexualidad es neutral.

La ironía es que concentrarse en la sexualidad es deshacerla. La sexualidad divorciada de su naturaleza íntima pierde su verdadero sentido, su dignidad, su majestad. Es ahí donde divergen sexualidad e intimidad. Esta última no es igual a la sexualidad; es un estado especial, separado de todo lo demás en nuestras vidas, al que debemos acercarnos con delicadeza y reverencia. En la Biblia, a la sexualidad se la llama "conocimiento", pues implica el conocimiento íntimo compartido por dos personas. Cuando la sexualidad pierde su intimidad y es considerada bajo la misma luz que las otras necesidades corporales, se vuelve un bajo hedonismo, poco más que una función técnica y biológica.

Como los seres humanos tendemos a definir las cosas en términos físicos, usando sólo nuestros instrumentos sensoriales en lugar de los espirituales, solemos ignorar el componente espiritual de la sexualidad. Su poderoso dominio sobre el hombre se vuelve un dominio puramente físico, definido individualmente por cada persona. Sólo comprendiendo el alma de la sexualidad, que es la saludable intimidad, podemos descubrir la raíz de su poder y pasión.

Una joven fue a ver a un rabino, diciendo que tenía dificultades para encontrar un marido adecuado. El rabino le sugirió que se concentrara en comunicarse verbalmente con sus posibles parejas, para ver si eran realmente compatibles, y evitara cualquier intimidad. "Pero en la sociedad de hoy", respondió la mujer, "eso es simplemente irreal".

El rabino suspiró y dijo en voz baja: "La intimidad es como el fuego. Cuando uno piensa que lo apagará dejándolo arder, no tarda en comprender que está arrojando nafta, no agua, sobre las llamas. No obstante, cuando la intimidad es experimentada con disciplina, dentro del contexto del matrimonio santificado, se vuelve un fuego que calienta a dos personas e ilumina su hogar y su familia".

¿Por qué la sexualidad es tan poderosa?

Cuando Di-s creó al hombre y la mujer, eran un humano en la figura de un Di-s; después fueron separados en dos partes distintas. "Por lo tanto", como está escrito en el Génesis, "un hombre dejará a su padre y su madre y se unirá a su esposa, y serán una sola carne" (Génesis, 2:24)

El hombre y la mujer sienten constantemente esta necesidad de reunirse. Y la sexualidad es esta unión. El hombre y la mujer buscan "volverse una carne", y gracias a ello unirse con Di-s, a cuya imagen fueron creados. No puede sorprender que la intimidad sea una fuerza tan poderosa: es la única experiencia en la vida humana en la que nos ponemos cara a cara con Di-s.

La intimidad es también la única experiencia en la vida que nos permite volvernos verdaderamente Divinos, en tanto faculta a un marido y una mujer para crear. Ninguna otra cosa que hacemos como seres humanos es tan Divina como crear una nueva vida, que a su vez puede crear otras vidas, y así sucesivamente, por toda la eternidad. Esta naturaleza Divina es la que da a la sexualidad su mística; es la única ocasión que tiene el hombre de "saborear" a Di-s, de pensar como Él piensa, de crear como Él crea.

Además, la intimidad es una celebración de la vulnerabilidad; toca el punto más blando de cada persona, la parte más privada y frágil de un ser humano. En consecuencia, debemos cultivar un ambiente sano para nuestra intimidad, un ambiente que nos permita apreciar y gozar esta vulnerabilidad, seguro y protegido.

La mayoría de nosotros deseamos una genuina intimidad, pero tememos experimentar la genuina vulnerabilidad, dejar de estar al mando de lo que sucede. pero esto hace difícil llegar a experimentar alguna vez una intimidad genuina, pues sentirse cómodo con la vulnerabilidad propia es la máxima intimidad. La ilusión de intimidad, en la que cada persona recibe lo que necesita, sólo hace sentir bien a la gente en el momento, si es que lo hace. Si al final siguen estando al mando, si no han expuesto su vulnerabilidad, entonces su "intimidad" fue sólo otra forma de ejercer el mando sobre otra persona.

La pregunta es: ¿Cómo podemos realmente dejarnos ir? Quizá simplemente no podemos. Los seres humanos son débiles, decimos; simplemente no tenemos la capacidad de confiar realmente uno en otro. Podría ser así si fuéramos animales, pero no lo somos: somos Divinos, con almas imbuidas del espíritu de Di-s, que nos dio la capacidad de amar como lo hace Él. Cuando aprendemos a ver lo Divino en cada uno, podemos empezar a confiar, y salir de nuestras propias personas autocontenidas y desconfiadas, hasta experimentar el verdadero amor y la intimidad. entonces podemos dejarnos ir y ser vulnerables, ser nosotros mismos sin alzar nuestras defensas, sin miedo al maltrato.

Como sucede con todo lo demás, se nos ha dado una elección. Podemos dejar que la pasión física de la intimidad nos distraiga y desvíe, en la persecución exclusiva de nuestras necesidades egoístas, que terminarán separando al hombre y la mujer. O bien podemos comprender la sexualidad y la intimidad como las fuerzas realmente significativas que son, como los medios de conectarse con Di-s del modo más poderoso y sublime, que a su vez unen al hombre y la mujer en una unidad.

¿Cómo experimentamos

una intimidad saludable?

Una intimidad saludable requiere dos ingredientes: disciplina y santificación. Debemos ejercer el autocontrol, y también debemos ver la sexualidad como algo sagrado.

Debemos acercarnos a la santidad de lo sexual con reverencia, como entrando al Kodesh Hakodashim (el recinto más sagrado del templo de jerusalen llamado Santo de los Santos), donde cada acción cuenta, donde el menor defecto es intolerable. Debemos experimentar la sexualidad en un medio controlado, con límites adecuados: de ese modo no se amortiguará la expresión del amor, a la vez que se canalizarán las poderosas energías físicas en una saludable pasión.

En la sociedad moderna, la sexualidad suele implicar a dos personas que están interesadas sólo en satisfacer sus propias necesidades. pero la sexualidad tiene por objetivo ser trascendente, no indulgete, permitiéndonos hacer entrar a otra persona dentro de nuestra alma para poder construir algo más grande juntos. Sólo introduciendo a Di-s en la relación pueden un hombre y una mujer ir más allá de sus deseos individuales, y el matrimonio es el único ambiente perfecto en el cual hacerlo. En todos los otros ambientes, la intimidad es insalubre y dañina.

Y aun así, con cuánta frecuencia somos víctimas de nuestra propia sexualidad, al permitir que nuestras necesidades y deseos sin restricciones tomen el mando sobre nuestras decisiones. Con cuánta frecuencia usamos la sexualidad para distraernos del dolor de la existencia, creyendo equivocadamente que podemos remediar un problema de raíces profundas con una solución superficial.

La clave de una intimidad saludable es interrumpir el círculo vicioso de la sexualidad indómita, pues cuando más se la alimenta más hambre se siente. La disciplina y la inteligencia la transforman en una experiencia sana e instructiva.

El argumento de que debe probar, viviendo con otra persona antes de decidir si casarse o no, no es válido. Cuando la sexualidad es experimentada de un modo inapropiado, sólo embota nuestra capacidad de alcanzar una auténtica intimidad cuando ha llegado el momento; si estamos cerca cuando deberíamos estar lejos, estaremos lejos cuando debamos estar cerca. Pero cuando la intimidad es experimentada adecuadamente, logramos una cercanía que se derrama sobre el resto de nuestras vidas e introduce la santidad y la unidad en todo lo que hacemos. La intimidad es una parte integral de nuestras vidas y no puede ser compartimentada. Es parte de la construcción de un hogar y una familia, de una vida plena y completa.

La intimidad saludable también debe ser modesta. Por definición, la intimidad es callada y discreta. Cuando en la creación, hombre y mujer "estaban desnudos pero no se avergonzaban". Eran tan inocentes como los niños, pues veían la sexualidad solo como una parte de la creación de Di-s, algo planeado para servir a una función sagrada. Pero después de transgredir y comer del Árbol del Conocimiento, perdieron su inocencia: "Sus ojos se abrieron, y supieron que estaban desnudos". Experimentaron una vergüenza saludable que surgía de la modestia, y se cubrieron.

Los únicos miembros de nuestra sociedad actual que no tienen autoconciencia de su sexualidad son los niños, pues han nacido con un sentimiento innato de pudor. Este pudor debe ser cultivado y alimentado por padres y educadores. Idealmente, todos deberíamos ser tan inocentes como los niños. La sexualidad entonces fluiría de un espíritu y un alma sanos. Aprenderíamos la intimidad saludable simplemente estando junto a nuestros sanos padres y abuelos.

Pero en estos tiempos turbulentos, no es tan fácil recibir esas lecciones, y este concepto del pudor debe ser articulado. Los jóvenes hoy están más que dispuestos a aprender una alternativa a nuestras normas corrientes, pero se ven presas de un torbellino de presión por parte de sus pares. Es responsabilidad de maestros, padres y toda clase de líderes enseñarles la santidad de la sexualidad.

Por eso debemos luchar por tomar conciencia de que la auténtica intimidad, la genuina dignidad de un ser humano, brillan desde adentro. ¿Qué clase de mensaje envía alguien que se viste provocativamente o hable de sexualidad sin el debido respeto? Esa sexualidad abierta sólo promueve actitudes sexistas que distorsionan más aún el modo en que vemos a nuestros congéneres. La verdadera belleza, la que despierta a la vez amor y respeto, es la belleza interior.

Es cierto, especialmente en la sociedad contemporánea, que la gente no quiere que nadie imponga restricciones sobre su sexualidad. Pero no todas las formas de conducta sexual son aceptables. La santidad de la sexualidad obviamente exige una conducta que siga las leyes divinas de nuestro creador, leyes que no nos piden que rechacemos la sexualidad sino que la experimentemos en formas saludables e íntimas que promoverán el crecimiento y el progreso humanos, y romperán las cadenas de esclavitud a las propias pasiones que en última instancia son las que llevan a la decadencia de la sociedad.

El hecho de que vivimos en una sociedad que en gran medida no está familiarizada con una sexualidad sana, no cambia esta verdad. Y aun si un determinado deseo sexual aberrante pudiera ser considerado como algo genético, por ejemplo, no deberá ser por ello justificado, pues gran parte de nuestra misma existencia depende de una canalización adecuada de nuestros deseos naturales.

Aún así, debemos distinguir entre una persona y la conducta de una persona. Establecer una norma de conducta no debe utilizarse para invalidar a alguien que no la siga; estas normas (en las que no se puede ceder) tienen por objetivo darnos claridad y permitirnos de mejorar nuestra conducta. La norma de Di-s para la sexualidad humana es lo que es mejor para cada uno de nosotros, y no debemos tener miedo de enseñar estos ideales. Como sucede con la comunicación de toda cuestión de verdad seria, debemos hacerlo con sensibilidad, hablando con amor y preocupación genuinos, pero también con disciplina, de un modo y con un lenguaje que destaque lo positivo y nos estimule a crecer.

La actual crisis que rodea a la sexualidad en nuestra sociedad debe verse como una oportunidad de explorar su importancia. Durante los años recientes, hemos visto claramente que la conducta sexual impúdica no hace nada por el cultivo de la genuina intimidad. Sólo destruye el respeto por el individuo y por el hogar y la familia. Pero también hemos empezado a ver crecer una conciencia que pone más énfasis en la comunicación, tanto intelectual como emocional, que en la conducta sexual promiscua, y ese es claramente un paso en la dirección correcta.

Ha llegado la hora de reclamar nuestra sexualidad y nuestra intimidad, de devolverlas al contexto del matrimonio, el hogar y la familia. Ha llegado la hora de reintroducir a Di-s en nuestras vidas íntimas, de poblar y civilizar el mundo, de "volverse una carne" y volver a nuestra intimidad original con nuestro creador. Esta sería una auténtica revolución sexual. Tomemos esta responsabilidad seriamente. Todo un mundo, empezando con nuestro propio pequeño mundo, depende de ello.

Una vez le preguntaron al Rebe su opinión sobre la educación sexual en las escuelas. "Discutir ese asunto ayuda a resolver un problema", respondió "pero como nos dicen los sabios, cuanto más hablemos de sexo, más instigaremos. En consecuencia, hay que tener mucha precaución en esta área. Deberían hacerlo profesionales sensibles que eviten cualquier expresión o asociación provocativas. Debería discutirse previamente con un estudiante, o como máximo con dos o tres, y debería hacerse por separado con chicos y chicas, para mantener claros los límites".

 

Proyecto Jóvenes

 

Proyecto Juventud Beit Jabad

El siguiente plano presentado en el Asado de Janucá por la Arq. Guillermina Sivack, es una iniciativa de Jóvenes de Beit Jabad Rosario bajo la conducción del Rabino Jaim Nacach. El mismo guarda armonía, con el proyecto preexistente del Arq. Mario Werbin

"En agradecimiento al espacio físico y afectivo que se les fue otorgado a los jóvenes es nuestro deseo llevar a cabo un proyecto que aporte soluciones más amplias.

Este proyecto trató de contemplar la posibilidad de dar respuesta, no sólo a las necesidades de la juventud, sino también, el espacio propicio para la satisfacción a aquellas otras necesidades de la comunidad y como complemento de la gran labor humanitaria desarrollada por Beit Jabad hacia la colectividad de Rosario"

Proyecto

• S.U.M. (Sala de Usos Múltiples): Salade Reuniones, Salón de Fiestas, Salón Comedor Comunitario.

• Oficina del Rabino Jaim Nacach.

• Terraza con Parrillero: para ser utilizada por la escuela con patio durante el horario de clases y por los jóvenes y la comunidad en horario extra-escolar (Esta etapa del proyecto se contempla para una etapa futura).