Home  / Noticias  / Regístrese  / Contáctenos  

 

 

Hikonu 54

 

 

 

                Editorial

 

               Con nosotros llevamos...

                Así lo ve la mayoría

                Ser o no Ser

                Otras Notas de esta Edición

 

      

      

 

               

 

 

 

 

Editorial                                                       B"H

Shalom Uvrajá

El próximo Lunes 23 de Julio con la puesta del sol comienza el ayuno del 9 de Av, día de duelo nacional, hasta la salida de las estrellas del Martes 24 de Julio. Quiera Di-s no debamos ayunar porque ya haya llegado el Mashíaj. 
Una mujer desconsolada vino a lo de Rabí Israel, el Maguid de Koznitz. 
“¡Rebe, sálveme!”, dijo. “¡Mi esposo me ha abandonado!”
“¿Por qué te ha dejado?” preguntó Rabí Israel.
“Dice que soy fea”, respondió la mujer.
“¿Y qué dices a ello?” La interrogó el Rebe.
“¡¡¡Rebe!!!” lloró la mujer. “Bajo la Jupá (palio nupcial) fui hermosa a sus ojos. ¿Y ahora, de repente soy fea?”.
Rabí Israel levantó sus ojos al cielo y dijo: “¡Amo del Universo! Cuando nos desposaste en el Monte Sinaí éramos hermosos a Tus ojos. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué Has apartado Tu rostro de nosotros?”.
El 9 de Menajem Av, es el día más triste del Calendario Hebreo, en el que conmemoramos la destrucción del Primer y Segundo Templo de Jerusalem.
Esta fecha nos permite desarrollar una verdadera y correcta conciencia del pueblo judío, ya que gracias a este recuerdo adquirimos una proporción real del hecho de ser un pueblo antiguo, que puede mirar los acontecimientos desde una perspectiva de miles de años. Un pueblo que recuerda la destrucción de su Templo, lleva consigo la ardiente fe en la redención que vendrá.
Es muy conocida la anécdota que relata que Napoleón salió una noche disfrazado como un hombre simple, y caminando llegó al barrio judío. Para su sorpresa encontró a todos los judíos reunidos en la Sinagoga, sentados en el piso, libros en sus manos, de los cuales leían en voz baja, con una triste melodía. Algunos sollozaban, otros suspiraban. Napoleón no salía de su asombro. Sabía que no había expedido ningún decreto en contra de los judíos. Cuando preguntó acerca del por qué de la tristeza y el llanto, le explicaron que este duelo es guardado por la destrucción del Beit Hamikdash, sucedida hace casi dos mil años. Al escuchar esto, el emperador exclamó: “Ahora entiendo por qué ustedes son un pueblo eterno. Han visto pasar grandes imperios, que estuvieron en la cima de su grandeza, sin embargo cayeron sin volver a levantarse. Estoy seguro que ustedes permanecerán a través de las épocas y finalmente retornarán a la Tierra de Israel, reconstruyendo el Templo. No sé cuando sucederá. Quizás en un año, un siglo o dos, pero estoy seguro que así será”.
No cabe duda de que, como dicen los Sabios: “Todo aquel que se enluta por la destrucción de Ierushalaim, verá la alegría de su reconstrucción”. La conciencia del dolor es la que provoca la llegada de la redención. 
Ya estamos al final del camino. Estamos viviendo los últimos instantes previos al Mashiaj. Somos en realidad esa novia hermosa, que a pesar de todo, sigue fiel a su Amado. Pidamos por la redención del pueblo judío, a través de la concreción de la gran visión- Jazón- de Am Israel, con la llegada del Mashíaj y la reconstrucción del Tercer Beit Hamikdash.

Rab. Shlomó Tawil

 

  Con nosotros llevamos 
la solución que buscamos

•  Adaptado de Jabad Magazine

“Rabino Schojet, debo hablar con usted”.
El hombre, con pantalón gastado y una camisa clara arrugada, llegó inesperadamente a la oficina de mi padre, en el momento que él estaba saliendo a una reunión.
Era la primera vez que mi padre lo veía. Había venido sin solicitar una cita. Parecía agitado y tener prisa. Marcas de tensión en su frente. Sostenía una manzana verde en una mano y una revista en la otra. Se sentó y, sin darle oportunidad a mi padre de saludarlo, habló otra vez.
-“Rabino, quiero una prueba de que Di-s existe” exigió, ante el asombro de mi padre.
-“Permítame explicarle. Estoy saliendo con una mujer no-judía hace un tiempo. La amo profundamente.
El único problema es mi familia. Ellos siguen insistiéndome en que Di-s desaprueba esta relación. He decidido ignorar sus súplicas, y planeo seguir con mi vida y casarme.” Hizo una pausa para respirar.
-“Esta mañana, sin embargo, tuve una duda y decidí hablar primero con un rabino. Si usted puede demostrarme que Di-s existe, sin una sombra de duda, no me casaré. Si no,” su voz sonó amenazante, “procederé con mis planes”.
Era un tema muy difícil de discutir. Además con una reunión fijada de antemano que apuraba y un hombre que parecía tan apenado para discutir serenamente las cosas.
-“¿Y si yo le demuestro esto, usted ya no se casará con esta mujer?” mi padre cuestionó firmemente.
-“Sí, prometo que la dejaré.” Contestó enfáticamente.
-“Mire lo que está sosteniendo,” mi padre continuó sin pausa. “La manzana en su mano revela la existencia de Di-s.”
Ignorando la expresión confundida del hombre, mi padre sacó una navaja de su cajón y tomó la manzana verde. La rebanó a lo largo por la mitad.
-“¿Ve las cinco estrellas y los diez puntos formados dentro de la manzana? Cada manzana está formada de esta manera. Cada una tiene este elemento de cinco y diez. ¿Sabe por qué? Cada manzana nos revela y recuerda el dicho de nuestros Sabios “Con I-A Di-s creó el mundo” (I-A es uno de los Nombres de Di-s que contiene una iud y una hei; iud es la décima letra del alfabeto hebreo y hei, la quinta.)
El hombre escuchaba intensamente. Sonrió, y la tensión en su cara disminuía de a poco. -“Es muy interesante, Rabino. Sí, es una prueba interesante.”
Hizo una pausa por un momento, reflexionando calladamente, pero el pliegue de tensión volvió a sus rasgos.
-“Científicamente es definitivamente un fenómeno curioso. Y casualmente llevo esta fruta conmigo. Pero, no obstante, no me convence completamente que ésta es la prueba conclusiva de la existencia de Di-s.”
Estaba considerando un cambio monumental en su vida y buscaba algo más.
-“Permítame ver la revista que trae consigo. También, demuestra la existencia de Di-s”.
Mi padre pidió el Reader’s Digest. Lo abrió arbitrariamente, y su propia cara palideció cuando examinó los textos de la página calladamente.
Las palabras que leyó en voz alta al hombre que buscaba la existencia de Di-s y su renovada fe, eran las palabras que los judíos dicen diariamente durante miles de años, en su hebreo original, traducidas al inglés.
Con una clara y fuerte voz, mi padre leyó de las páginas del Reader’s Digest: “Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad - Oye Israel, Hashem nuestro Di-s, Hashem es Uno”.
Mi padre había abierto coincidentemente un ensayo que describe las oraciones de diferentes niños a lo largo del mundo, escrito por una mujer judía. En esta página en particular del Reader’s, ella describía una memoria de su niñez, cuando su abuela le enseñó la Plegaria de Shemá, rezada por los judíos a lo largo de los milenios, declarando su fe en la Unidad de Di-s.
El hombre estaba petrificado, y una lágrima rodaba por su mejilla y susurró:
-“Sí, Rabino Schojet, si Di-s ha hecho que este encuentro suceda esta mañana, también yo tengo la prueba conclusiva de que Hashem es nuestro Di-s.”
Cuando mi padre relató esta historia, afloró la parte cínica de mi personalidad. Le pregunté cómo pudo realizar “trucos milagrosos” y qué lo hizo pensar en intentarlo.
-“¿Si no hubiera funcionado, y no habrías abierto en esa página? Quiero decir, Papá, el Reader’s Digest no es exactamente el primer lugar que miraría para demostrar la existencia de Di-s.
¿Acaso no estabas tomando un tremendo riesgo?”
“Jana,” me respondió, “mira las circunstancias. Por Providencia Divina el hombre vino a mi oficina. Nunca antes lo había visto, e incluso, si llegaba un momento después, ya no me habría encontrado. Por eso pensé: hay aquí un plan que Di-s está orquestando. Siempre que un individuo tenga un problema, o pregunta, la solución ya ha sido determinada y está allí delante de él. Sólo necesita abrir su comprensión para descubrirla. Como este hombre, también, llevamos con nosotros la solución que buscamos. Está a nuestro alcance; de hecho, y estamos sosteniéndola en nuestras propias manos. Además, nuestros Sabios enseñan: ‘El enviado tiene el poder del remitente inicial’ Somos actores que difunden el Gran Plan de Di-s. No son nuestros propios poderes o habilidades las que causan nuestro éxito o logros, sino del que Nos envía. Nunca debemos dejar de ejecutar nuestra parte. Nunca temas, mi niña, de usar tus habilidades. Nunca te preocupes por lanzarte por miedo al resultado. Porque, en verdad, no te apoyas en tus propias fuerzas o recursos; se te conceden poderes infinitos, que van mucho más allá de los propios.”

Mi padre no llegó a su reunión esa tarde. Pero un alma confundida comenzó su viaje de regreso a su pueblo.

 

Así lo ve la mayoría

•  Extraido de La Enseñanza Semanal

Hace unos 300 años, Rabi Ionatán Aibshitz era Gran Rabino de Praga. Se cuenta que cuando tenía tres años, era famoso por su gran inteligencia. El rey de Polonia escuchó acerca de él, deseó verlo personalmente y someterlo a una prueba.
El rey envió un mensaje al padre de Ionatán, diciéndole que sabía de la gran inteligencia del chico, y quería averiguar si éste podría encontrar, solo, el camino correcto desde su hogar- a algunos kilómetros de distancia- a través de las confusas calles de la ciudad, al palacio real. El papá debía cumplir el mandato del rey. Al día siguiente, vistió a Ionatán con sus ropas sabáticas, lo bendijo y lo envió al camino. Luego de algunas horas, el niño llegó al palacio. 
Los guardias no podían creerlo. El niño se presentó, y anunció que venía a ver al rey.
Minutos después, la corte completa estaba maravillada apreciando al chiquillo. El rey pidió silencio, y a Ionatán que se acercara. "Dime, ¿cómo encontraste el camino al palacio?"
"Su majestad" respondió el niño, "cuando tuve una duda, pregunté a gente que pasaba, y Di-s me ayudó"-todos sonrieron. El rey pidió silencio y continuó: "¿Ocurrió que dos personas te indicaron lo opuesto?"
El niño pensó y dijo: "Su majestad, la Torá dice que si se nos presentan diferentes opiniones, debemos seguir a la mayoría. Pregunté a una tercera persona y seguí la opinión de la mayoría".
El rey sonrió y la habitación se llenó de carcajadas. Repentinamente, la cara del rey se tornó seria. El monarca miró al chico y dijo: "¡Muchachito, escucha lo que has dicho! ¡Si en vuestra Biblia está escrito que debes seguir a la mayoría, debes abandonar el judaísmo y creer en lo que nosotros creemos, que somos la mayoría!"
La audiencia aplaudió al rey. El pequeño Ionatán aclaró su garganta y dijo: "Perdón su majestad, cuando dije que se debe seguir a la mayoría, me refería a cuando me encontraba en una localidad incierta. Pero ahora, que me encuentro en el palacio y veo al rey delante de mí, aunque todos los ministros reales me digan que me encuentro en el lugar equivocado, por supuesto que no los escucharé. 
El Di-s de Israel se encuentra en todas partes, y no hay un espacio dónde Él no resida. Es como estar en el palacio con el rey. ¡Aunque el mundo entero esté en desacuerdo conmigo, no hay razón para escucharlos!"

 

Ser o no Se

•  Por el Prof. Iaakov Broker de La Enseñanza Semanal

El pasado 3 de Tamuz, se conmemoró el 
13º Aniversario de la desaparición física 
del Rebe de Lubavitch.

Por muchos años diserté en el Shabatón Anual que realiza Jabad en Crown Heights. Con el tiempo, llegué a no poder escuchar el sonido de mi voz. No soportaba responder a las mismas preguntas una y otra vez.
En ese marco intelectual arribé allí en diciembre de 1990, percibiendo que sería mi última disertación. Junto al sufrimiento había una gran medida de culpa. El Rebe me alentó con mis discursos, y temía defraudarlo. El jasidut tiene poca paciencia con quienes dimiten. 
Como era previsible, la charla que dicté en el Shabatón fue un desastre. Divagué, fragmenté mis palabras y no estuve para nada inspirado. Estaba abatido. 
Los domingos a la mañana, el Rebe recibía visitas. Cualquiera podía encontrarse con él y recibir una brajá (bendición) y un dólar para entregar en caridad. La multitud que esperaba verlo sumaba varios miles. Como yo participaba del Shabatón, pasaríamos primero. 
Debido al miserable rendimiento de la noche anterior y mis planes de retirarme del circuito de la alocución pública, sentí más aprehensión al encontrarme con el Rebe que lo usual. De todas formas, salí hacia el hotel para unirme al grupo.
En el camino me encontré con unos participantes del Seminario que me cuestionaron la horrible presentación de la noche anterior. Dijeron que el tema, si bien muy interesante, era difícil y complicado. Deseaban saber si yo había publicado esas ideas en algún lugar. Cuando les dije que no, quisieron saber por qué. Les informé que no era un orador y que me expresaba aún más pobremente al escribir. No podían entenderlo. Sabían que escribo extensamente y bastante bien para sobrevivir en el mundo académico. Les expliqué que escribir artículos científicos es diferente a la prosa.
Mi estilo de escritura encajaba perfectamente con el monótono, seco y pedante modo que caracteriza a las publicaciones científicas. 
Cuando llegamos al hotel, otro grupo se me acercó para preguntarme dónde podían hallar mis notas. Cuando les expliqué que no existen, quisieron saber el por qué. Debí repetir mi respuesta. 
Fui hacia el hall para esperar la salida a “770” (el cuartel general del Rebe). Varios estudiantes de la Ieshivá, que ayudaron durante el fin de semana, deseaban saber dónde podían encontrar mi “material”. Les respondí que no había ningún “material”. “¿Por qué no?” preguntaron. Ya estaba perdiendo mi paciencia. Les expliqué, un poco mordazmente, que no soy un escritor, y no puedo escribir. “¿Cómo puede ser? Usted es un profesor, ¿o no?” dijeron. 
Salí a la calle. Partimos para encontrarnos con el Rebe. Caminaba junto a una pareja que me preguntó para qué revista escribía... Les sonreí, pretendiendo no haber escuchado su pregunta, y seguí caminando.
Cuando llegamos a 770, evitamos la muchedumbre y entramos por la puerta lateral. Cuando la fila avanzaba, mi corazón comenzó a latir con más fuerza. Un encuentro con el Rebe no es algo trivial. Delante de mí estaba un amigo de Inglaterra, con su hijo. Podía ver al Rebe entregándole un dólar a él y su hijo. 
Un instante después, yo estaba frente al Rebe.
El encuentro dura apenas unos segundos En esos preciosos instantes el Rebe está totalmente atento a uno. Nadie ni nada más existe. 
El Rebe me miró con un amor entrañable, me entregó un dólar y me deseó: “Brajá VeHatzlajá”- “Bendición y éxito”. 
Comencé a avanzar, pero de pronto el secretario del Rebe me tomó de la manga. Me di vuelta hacia el Rebe, que sostenía otro dólar para mí. Cuando tomé el billete, el Rebe con una pequeña sonrisa y una gran risa en sus ojos, me dijo: “Hatzlojo in shraiben” es decir, “Éxito en tu escritura”.
Quedé petrificado. Cuando salí del edificio, mi amigo, que escuchó las palabras del Rebe, me preguntó: “¿Yankel, eres escritor?”
“Lo soy a partir de ahora”, le contesté.

Otras Notas de Esta Edición

 

Extraído de la Enseñanza Semanal
Por Aaron Moss

PREGUNTA:
Mi esposa ha entrado en el séptimo mes de embarazo, y hemos empezado a discutir los nombres de nuestro bebé. Ella quiere algo tradicional, pero yo quiero que mi hijo sea un individuo y estoy pensando en algo más exótico. ¿Qué dice el Judaísmo sobre poner el nombre?

RESPUESTA: 
Escoger un nombre es un tema importante. El nombre de una persona no es una etiqueta más, expresa el ser de su portador. Las letras que constituyen su nombre, sonido y significado son descripciones de su alma. Sólo un profeta tiene la visión y previsión para saber qué nombre es adecuado para el alma de su hijo. 

Y usted es ese profeta. 
La Cabalá enseña que los padres reciben profecía temporal para escoger el nombre correcto para su niño. Esta llamarada de visión puede venir en cualquier momento, pero cuando sucede, usted sabe que hace lo correcto. De repente, cierto nombre lo captó o gradualmente crece dentro de usted. Es la Inspiración Divina que lo lleva a dar el nombre que realmente pertenece a su bebé. 
Para un alma judía, el nombre del alma es en hebreo. El Hebreo es el idioma original, la lengua santa, el idioma con el que Di-s creó el mundo. Los nombres hebreos tienen significados elevados y de múltiples niveles, de modo que muchas personas con el mismo nombre son únicas, dependiendo de qué nivel de significado expresa su alma. Y llamándolos por su nombre hebreo se despierta al alma para ser más manifiesta en su vida diaria. 

Busque a través de los nombres de los grandes personajes de la historia judía, o los nombres de abuelos que fallecieron. Si uno de estos nombres le llama mucho la atención, puede indicar que el niño tiene una chispa del alma de esa persona, o incluso puede ser su reencarnación, y emulará los rasgos positivos de ella. Las almas tienden a quedarse en la familia, y un niño que lleva el nombre de un ser querido que ya no está, continuará llevando su llama. 
La originalidad no debe ser un factor al elegir un nombre. Intentar ser diferente a todos, significa basar su opción en los demás. Esto no puede llamarse individualidad. Pero dándole un nombre hebreo a su hijo -que usted y su esposa estén de acuerdo- significa que dan un nombre que es verdad a la especial alma de su bebé. 

Recuerde, usted no está simplemente poniendo un nombre a un bebé. También está haciéndolo a un adolescente, un adulto y a un hombre mayor. Los nombres de moda hoy, estarán fuera de moda cuando su bebé empiece la dentición. Los nombres hebreos han quedado en boga durante 4000 años. Use su oportunidad para ser un profeta durante un día, y escoja un nombre que describa el alma de su bebé.

 

Las falacias del ateísmo

•  Extraído de la revista Keter. 
Por Julián Schvindlerman: escritor, periodista y analista político. Es autor de “Tierras por Paz, Tierras por Guerra”. Es panelista y referente en programas de televisión en temas de medio 
oriente. Es columnista del periódico Comunidades. Sus artículos han sido publicados, entre otros, en The Miami Herald, Washington Times, Haaretz Jerusalem Report, Clarín y El Cronista. Ha dictado conferencias en Costa Rica, Guatemala, México, la Argentina, Brasil, Venezuela, Chile, Uruguay e Israel. Ha sido además director ejecutivo adjunto de United Nations Watch en Suiza. Posee títulos 
académicos de universidades de la Argentina e Israel.

En el eterno debate entre ateos y religiosos referido a la existencia de Di-s o a la necesidad de la religión organizada, los primeros suelen adoptar una postura crítica sustentada en la ofensiva del cuestionamiento, la que automáticamente pone en modo defensivo y explicativo al hombre de fe. El ateo se ubica en un pedestal superior desde el cual exige respuestas a sus muchas preguntas incisivas, acorralando al creyente con un torrente de interrogantes para los cuales, sencillamente, no hay respuestas simples. El planteo ateo tradicional, sin embargo, adolece de serias incoherencias, y exponerlas adecuadamente facilitaría un abordaje menos apasionado a propósito de temas tan esenciales como complejos.
El ateo suele afirmar que la Divinidad es un misterio y que, en consecuencia, toda afirmación certera a propósito de la existencia de Di-s es poco menos que dogmática sino directamente arrogante. El muy habitualmente postula que Di-s ha sido una creación del hombre a partir de una necesidad muy interna de encontrar cierta explicación al desorden histórico.
Es decir, la Divinidad como invento de los hombres, como ficción sin sustento racional. Pero esto en sí mismo constituye una afirmación -la afirmación de que Di-s es un cuento y ello de misterioso no tiene nada.
Si la Divinidad es un misterio, tal misterio debería serlo para ambos lados. Si es dogmático afirmar la existencia de Di-s, no lo debería ser menos afirmar su inexistencia. Si recae sobre el creyente el peso de explicar la persistencia del mal en la tierra, también recae sobre el ateo el peso de explicar la persistencia del bien en la misma.
En palabras de Milton Steinberg: “Si el creyente tiene sus problemas con el mal, el ateo tiene que bregar con más graves dificultades. La realidad también lo golpea, dejándolo frustrado no por una sino por muchas, desde la existencia de la ley natural pasando por la astucia del insecto hasta el cerebro del genio y el corazón del profeta”.
El ateo muy habitualmente esgrime las barbaridades perpetradas por el hombre en nombre de la religión como ejemplo de la naturaleza innatamente dañina de los sistemas religiosos. La Inquisición del medioevo y la Jihad islámica de antaño, ambas llevadas a cabo bajo el signo de Di-s, indudablemente han causado estragos en la humanidad.
La explicación del creyente consiste en recordar que no fue la religión la responsable de ello, sino lo que en su nombre hombres han efectuado. Irwin Cotler (ex Ministro de Justicia de Canadá y actual parlamentario) es un exponente de esta posición al destacar que “no ha sido la religión la que nos ha traicionado, sino que hemos sido nosotros los que hemos traicionado a la religión”. Pero antes de llegar allí, existe, en materia de argumentación, una inconsistencia que merece señalamiento. Es innegable que ha habido inmoralidad en las religiones o que han existido individuos religiosos profundamente inmorales. Pero es igualmente innegable que muchas de las ideologías seculares han fracasado éticamente al remover todo vestigio de moralidad religiosa de sus proclamas metahistóricas. Ideologías ateas y anti-religiosas tales como el comunismo chino o el soviético y el nazismo alemán han provocado la muerte a más de cien millones de personas el siglo último.
Si las guerras de religiones del pasado sirven, según el ateo, de evidencia del componente pernicioso de los sistemas religiosos, entonces ¿qué deberíamos concluir a propósito de la naturaleza de los sistemas seculares a la luz de las masacres que han propiciado? Grandes Rabinos han indicado que “todos los horrores perpetrados en nombre de ideales constituyen un testimonio trágico pero irrefutable del hecho de que ese idealismo no basta y que un sistema ético que obligue a cada individuo es indispensable para lograr la paz, la justicia y la hermandad universal”.
El sistema ético al que aluden estos autores es el aporte de la religión, específicamente la judía, al introducir 3.319 años atrás la obligatoriedad de la conducta ética a través de los Diez Mandamientos.
Los más fundamentales valores liberales occidentales que muchos ateos hoy defienden con encono, están arraigados en estos mandamientos.
Que ello ha sido un aporte de la religión, y no de las ideologías seculares, es un principio elemental por el que todo debate acerca de estos temas debería comenzar. O mejor aún quizás, el punto en el que estos debates deberían terminar.

 

 

 

Adaptado del libro "la luz de las letras hebreas” de Editorial Bnei Sholem, en este número vemos...

La letra JET 

Diseño
La octava letra del alef-bet es la jet, que, de acuerdo con el Arí Zal, resulta de la fusión de dos letras: la vav y la záin. Arriba de ambas se observa un jatoteret, un puente que las une. En esencia vav representa el principio masculino, el esposo y záin el femenino, la esposa. Y el puente que los une es Di-s. El Maguid de Mezritch ilustra el verso: “La mujer valiente es la corona de su marido” diciendo: la záin, la corona, representa la posición de la mujer con coraje dispuesta a proteger siempre al hombre.
El diseño de la jet es típico de otra clase de puente. Para que la relación entre vav (hombre) y záin (mujer) sea completa, ambos están unidos bajo una jupá, un palio nupcial. La propia forma de la jet nos recuerda al palio nupcial. Además la palabra jupá xqnk empieza con una jet, puesto que significa jet (Di-s, hombre y mujer) es po (aquí). Jet es, en sentido figurado el corazón del matrimonio. Solo se hallan verdaderamente unidos el hombre y la mujer cuando se han unido bajo la jupá con Di-s como tercer socio.
Dice el Talmud que si el hombre y la mujer xc'n cv' (ish veisha) son meritorios, la Presencia Divina se alojará en ellos. La palabra ish, hombre, se escribe cv' - alef, iúd, shin, ishá, xc', mujer se escribe alef, shin, hei. En ish e ishá encontramos las letras alef y shin. alef y shin forman esh, la palabra hebrea para fuego. El fuego que existe entre hombre y mujer mantiene encendida la relación. Pero si el matrimonio es solamente pasión, esa llama podría fácilmente transformarse en un fuego destructivo. Di-s debe ser parte de ese matrimonio y afortunadamente así es: la iúd del ish, el hombre, al combinarse con la hei de la isha, la mujer refiere al propio nombre de Di-s.
La comparación de la relación entre un hombre y una mujer con el fuego, sirve para ilustrar la clave de un matrimonio exitoso. Cuando dos personas deciden casarse hay generalmente fuego y pasión en la relación. Sin embargo, por alguna razón, al cabo de dos o tres años, la pasión se termina, el fuego se apaga ¿Qué ocurrió?.
Cuando una relación empieza, es como una hoguera ¿y quién puede vigilar todo el tiempo una hoguera? Uno piensa que durará toda la vida, pero, en realidad la llama debe ser atizada todo el tiempo. Por ejemplo, un esposo puede sorprender a su esposa con flores para Shabat; o una esposa puede comprarle un regalo a su esposo. Pueden concurrir juntos a una clase o dedicar cierto tiempo de la semana a aprender una porción de la Torá. Pueden hacer largas caminatas románticas.
Pero más allá de eso, un fuego no se mantiene si la pareja no trabaja en forma conjunta hacia un objetivo común. Por ejemplo, planear una linda cena de Shabat con muchos invitados es una excelente forma de afianzar el vínculo. Lo importante es recordar que no debemos esperar que el matrimonio dure por sí mismo, sin poner esfuerzo de nuestra parte. Desgraciadamente en Estados Unidos, actualmente, más del cincuenta por ciento de los matrimonios terminan en divorcio. La clave para mantener la llama en un matrimonio consiste en fortalecer el núcleo de la relación es decir, la comunicación y el objetivo común. Ambos cónyuges deben trabajar juntos para fortificar el jatoteret, el puente, que los une con Di-s.

Guematria
El valor numérico de la jet es ocho. Al octavo día de nacer, un varón tiene su brit milá. ¿Qué relación existe entre el brit milá y el matrimonio? Bien, se puede decir que luego del matrimonio vendrán seguramente los niños, y por lo tanto habrá un brit milá. Pero, en esencia, el número ocho represente trascendencia - un nivel más allá de lo natural e intelectual. Todo en el mundo temporal gira en torno al número siete: los siete días de la semana, el séptimo año o año sabático, la observancia de un año hakhel, cada siete años. Ocho, en cambio, representa trascendencia, un nivel más allá del orden natural.
El Midrash nos explica esto mencionando un debate que tuvo lugar entre Itzjak e lshmael, los dos hijos de Abraham. Ishmael le dijo a Itzjak: -Yo estoy en mejor posición que tú porque tuve mi brit a los trece años y, por lo tanto, lo tuve cuando ya tenía total uso de mi razón; reflexioné acerca del tema, tomé la decisión y la llevé a cabo. Y, al día de hoy, todavía lo recuerdo. Tú, en cambio, no recuerdas nada, nunca se te dio la oportunidad de elegir, de estar de acuerdo, te lo hicieron por la fuerza, sin tu consentimiento, Itzjak lo miró y a su vez le dijo: -Muy por el contrario. Yo soy más afortunado, porque yo tuve mi brit al octavo día de nacer en lugar de a los trece años.
¿Qué quiso decir Itzjak con esto? La palabra brit significa “contrato”, un vínculo entre dos partes. Si dos personas se gustan dice: “Ahora nos tratamos amablemente, somos amigos. Pero pensemos en el futuro. Sentémonos y hagamos un pacto que asegure que continuaremos siendo amigos toda la vida. Para siempre significa que, aun cuando pueda haber un momento en el que, quizás lógicamente, debamos separarnos -quizás no nos sentimos bien juntos, o uno de los dos está causando al otro dolor- este pacto nos mantendrá juntos”.
El brit es el pacto que un judío hace con Di-s al octavo día de su vida. Uno le puede decir a Di-s: “No soy perfecto y no observo Tu Torá al pie de la letra. Pero Tú eres mi Di-s y por lo tanto Tú me protegerás, Tú me confortarás y Tú velarás por mí”. Por otra parte, aun si Di-s no nos trata de la forma en que consideramos que debemos ser tratados, aun si nos deja un tiempo más en galut (exilio), Di-s no lo permita, no renegaremos de Él. No lo abandonaremos, porque existe un brit - un pacto que va más allá de lo intelectual - que nos exige mantenernos junto a Él.
Podemos entender así la ventaja de un brit realizado al octavo día versus uno hecho a los trece años. Aun cuando la persona tiene libre albedrío en el segundo caso, su elección responde a un acto racional. Por el contrario, un brit hecho en el octavo día representa un vínculo con Di-s que desafía todo viso de intelectualidad y contraviene el orden natural.
Del mismo modo, la relación del pueblo judío con Di-s es también una relación que trasciende la lógica. Es un pacto supraracional que vincula a ambas partes hasta la eternidad.

Significado
El significado de la palabra jet es jaiut, que significa “vida”. La vida sólo puede llamarse verdadera cuando está imbuida de santidad, porque el cuerpo es, de por sí, temporal, y nada temporal puede ser verdadero. La verdadera vida es inmortal y eterna.
El modo de llegar a una vida eterna es a través de la conexión con Di-s por medio del estudio de la Torá y la realización de mitzvot.
Además, el Zohar nos dice que antes del matrimonio, una persona es sólo “media persona”. Y es solamente cuando se une con su bashert (alma gemela) en matrimonio, que se vuelve un todo, se vuelve completo. Como el matrimonio concede a la persona la conexión con Di-s en su máxima expresión, entonces, hallarse unido al alma gemela de cada uno se considera “la verdadera vida”.
Además, el Ari Zal explica esta idea de integridad en términos de las mitzvot específicas que una mujer no está obligada a realizar, explicando que ella verdaderamente recibe el mérito de la mitzvá cuando la realiza su alma gemela. Y las almas gemelas son socias en este sentido, aun antes del matrimonio. Como algunas mitzvot sólo pueden ser hechas dentro del contexto del matrimonio, este hecho de mérito compartido solo está completo cuando las dos mitades de la persona se unen bajo una jupá. La participación de Di-s en el matrimonio es el jet, el puente bajo el cual se cumple la unión y da también nacimiento al jaiut eterno.
El Talmud afirma : “Es difícil para Di-s lograr juntar dos personas como lograr la partición del Mar Rojo”. Obviamente, esta afirmación invita a hacer varias preguntas: ¿Qué tiene que ver el Mar Rojo con el casamiento? ¿Cómo podemos llamar “difícil” a algo que Di-s realiza? Di-s es omnipotente, ilimitado. ¡Y sin embargo decimos que lograr un matrimonio es para Él tan difícil como la partición de las aguas del Mar Rojo! Además, cuando se considera algo como difícil, ¿por qué elegir el Mar Rojo? De ese gran proyecto que es el mundo, ¿por qué no mencionar algo de mayor envergadura, como sería por ejemplo, la creación del universo?
La respuesta es la siguiente: cuando Di-s creó el mundo, lo creó ex-nihilo, algo de la nada. Cuando se contrata a un constructor para construir una casa desde el principio, la tarea es relativamente sencilla: no hay paredes ya levantadas que lo incomoden ni limites de ningún tipo que lo restrinjan; en una palabra, tiene libertad para crear la casa perfecta. ¿Pero qué ocurre cuando una persona se muda a una casa que está muy deteriorada, con paredes agrietadas que deben ser reparadas o cañerías hechas añicos? Es mucho más difícil hacer de esa estructura una casa perfecta. El mismo paralelismo hallamos en la partición del Mar Rojo. El agua, por naturaleza, fluye. ¿Pero qué hizo Di-s con el mar? Transformó a un fluido (el agua), en roca seca, es decir vario su naturaleza. Ejecutó un cambio substancial en ella. Lo mismo vale para el matrimonio. Se encuentran dos personas diferentes, que provienen de dos diferentes hogares y traen diferentes experiencias de vida. No es simplemente el desafío de juntar a un hombre con una mujer, va más allá de eso. A él le gustan las ventanas abiertas, ella las quiere cerradas. A él le gusta el campo, a ella la ciudad. La madre de él hacía el guefilte fish de un modo, la madre de ella, de otro. Tenemos entonces estos dos seres que parecen oponerse, tratando de fundirse en uno. Para que un matrimonio funcione, cada individuo debe hacer cambios en su temperamento y su forma de ser.
Ahora sí podemos entender por qué para Di-s, forjar un matrimonio es tan difícil como dividir el Mar Rojo, porque para poder juntarse, las dos personas deben cambiar sus hábitos y costumbres que se hallan ya profundamente arraigadas en ellos. Para que un matrimonio sobreviva y mejor aún, prospere, se necesita un tercer elemento, un tercer socio, Di-s, que ayude a las dos partes a fusionarse.
Cuando fue el cruce del Mar Rojo, Di-s envió un gran viento toda la noche y paro el mar. ¿Por qué? Porque si vamos a transformar la verdadera naturaleza de algo, debemos imbuirla constantemente de nueva vida, aliento y energía. Por lo tanto, el matrimonio, que requiere un cambio constante por parte de las dos partes involucradas, debe ser permanentemente imbuido del espíritu de Di-s. Esta es la verdadera jet, la verdadera jaiut: hombre, mujer y Di-s unidos en el pacto eterno del matrimonio.