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Hikonu 50
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Shalom Uvrajá
El pasado 3 de Tamuz (29 de Junio) se conmemoró el duodecimo aniversario de la desaparación física de nuestro querido Rebe, por eso elegí esta hermosa pintura, para nuestra tapa de Hikonu 50, extraída de internet, de la pagina web "chabad on line" que a la vez la tomaron del sitio Ebay que lo exponian a la venta. Les sugiero cortar la tapa con cuidado y hacerle un cuadro o porta retrato. Su alma, su espíritu nos sigue asistiendo a cada uno del rebaño, que somos todo el pueblo judío y ahora más que antes, ya que desaparecieron las limitaciones corporales, y más aun a aquellas personas que tratan de seguir sus enseñanzas y difundirlas. La grandeza de un Rebe, de un tzadik (justo), de un lider espiritual no se mide nada más por los milagros realizados ni por sus bendiciones hechas realidad o profecías materializadas, sino principalmente por su amor a cada iehudí sin limites por su entrega al pueblo, por su constante sustento de fe a Di-s y a su Torá que provee a cada uno.
La prueba que sigue siendo así, es el crecimiento sin paralelo de las instituciones de Jabad en todo el mundo y el acercamiento a las vivencias judías de miles y miles de judíos, en la que toman parte los emisarios del Rebe encendiendo el fuego que cada judío tiene por herencia de nuestros patriarcas, Abraham, Itzjak, Yaakov y las matriarcas Sará, Rivká, Rajel y Leá.
El numero 50, en las enseñanzas judaicas representa eternidad, que pronto venga el Mashiaj y podamos ver para siempre, en cuerpo y alma al Rebe, los tzadikim y a todo el pueblo judío, con salud, bendición, amplitud, y najes de nuestros seres queridos y de nosotros mismos.
Rab. Shlomó Tawil
* Cuando cumplió 80 años el presidente Carter quiso honrarlo y lo invitó a la Casa Blanca. El Rebe rechazó con delicadeza la invitación y pidió que se transmitiera al presidente que no era hábito suyo hacer visitas. El día del cumpleaños del hombre agregó el Rebe, no está destinado a celebraciones y ceremonias, sino a un balance espiritual.
* El orden del día del rebe se caracterizó por su persistencia. Solía llegar a su oficina por la mañana, y abandonarla mucho después de la medianoche. Así, día a día. Durante todos los años no se tomó siquiera un día de franco ni hizo visitas ni viajes.
Uno de sus jasidim le compró cierta vez un nuevo automóvil de lujo. este le fue preparado como sorpresa cuando debía un viaje rutinario. El Rebe dispuso que se devolviera el vehículo y dijo: “a mí me alcanza con el auto viejo”.
* El Rebe restringía también sus períodos de sueño. Varias noches en la semana recibía gente para audiencia privada y en las demás permanecía en su casa respondiendo cartas. Cierta vez dijo: “mientras sé que hay judíos que aguardan mi respuesta no puedo dormir”.
* El Rebe es uno de los pensadores más prolíficos de la historia judía. Su legado espiritual se extiende en unos 250 libros. Estos comprenden análisis e investigación en todas las esferas de la Torá, decisiones legales religiosas, reflexiones filosóficas, posiciones frente a planteos de actualidad y respuestas preguntas.
* Cierta vez luego de estar de pie largas horas y recibir gente, una anciana mujer, que no podía ocultar su admiración le preguntó: “¿cómo es que usted no se cansa?”. El rebe sonrió y respondió: “cada judío es como un diamante y cuando se cuentan diamantes, uno no se cansa…”.
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Por la Rabanit Esther Jungreis.
De Jabad Magazine Nº 103.
Cuando era una niña, fui confinada en el campo de concentración Bergen Belsen. La gente moría diariamente debido al frío, enfermedades, e inanición. Nuestras raciones de comida eran escasas y consistían en una rodaja de pan rancio servida con un líquido barroso al que llamaban café. Más tarde, nos servían sopa. Apenas comestible, la sopa estaba hecha de algunas verduras crudas que en los buenos tiempos se usaban como forraje para los animales del corral. Pero, muy pronto cuando el hambre pasó su factura, incluso este líquido podrido se volvió un plato gourmet a nuestros ojos.
Un día, oficiales de la Cruz Roja Internacional vinieron al campamento para realizar una inspección. Claramente indiferentes a nuestro sufrimiento, nuestros amos alemanes, deseaban de todas formas impresionar a los visitantes. Para demostrar lo bien que nos alimentaban, los alemanes trajeron barriles de caracoles cocinados. Aunque para muchos, el comer caracoles les produce repugnancia, los caracoles son una delicadeza europea.
Estábamos muriendo de hambre, y cualquier cosa remotamente comestible nos parecía excelente. Pero, debido a que los caracoles no son kasher, en nuestro campamento nadie los tocó.
Mi querido esposo, Rabi Meshulem HaLevi Jungreis de bendita memoria, sobrevivió a la guerra comiendo sólo raciones magras de pan. En vano los alemanes intentaron obligarlo a que comiera comidas no kásher para que pudiera trabajar más duramente en los campos de trabajo forzado. Él se negó a violar las leyes del kashrut y emergió de la guerra pareciendo un esqueleto ambulante, pero con una poderosa presencia.
Habiendo leído historias como estas, conside-
remos la ironía de que judíos que viven en una sociedad en que las comidas kasher más deleitables están disponibles, en una multipli-
cidad de opciones, y sin embargo, optan por comer no kasher. ¿Qué nos dice esto? ¿Cómo lo entendemos?
El comer en nuestra sociedad se ha convertido en un estilo de vida. Los restaurantes que frecuentamos asiduamente están relacionados a nuestras vidas comerciales y sociales. Las comidas que disfrutamos a menudo se tornan una adicción, y no podemos renunciar a ellas. Así que racionalizamos: profesamos nuestra lealtad a la fe judía y no encontramos ninguna dicotomía en complacer nuestras preferencias no kasher. “Kasher,” protestamos ruidosamente, “es sinónimo de higiene” y nos convencemos que estas leyes se instituyeron en tiempos prehistóricos y ya no son relevantes. Kasher, sin embargo, no posee connotación alguna con la buena salud o la limpieza. Hay sólo una razón para estas leyes y es que Di-s nos ordenó que guardáramos el kashrut para poder convertirnos en una nación santa y así mantener nuestra primogenitura, que es nuestra herencia.
Cuando mi nieto Shmuli, tenía dos años estaba con nosotros para los servicios de las Altas Fiestas. Como en muchos elegantes hoteles, cuando preparan el cuarto durante la noche, las amas de llave ponen un chocolate en la almohada. Shmuli -que como todos los niños aman los dulces- recogió el chocolate y dijo: “¡Bobe, no es kasher!” y me entregó el bombón.
Escribo este artículo con la esperanza de que los indiferentes al kashrut puedan sondear sus almas y echar una segunda mirada a su compromiso judío. Si judíos en los campos de concentración aceptaron el dolor del hambre en lugar de consumir aquello que Di-s prohibió, si un muchachito de dos años está dispuesto a dejar su chocolate porque no es kasher, entonces ¿qué posible excusa podemos tener hoy en el mundo moderno? Está escrito en el Libro de Génesis (25:30) que cuando Esav regresó de la caza y vio a su hermano laakov cocinando las lentejas, exigió: “Aliméntame de ese material rojo, rojo. Y por esa olla de frijoles, Esav vendió su primogenitura. La pregunta que cada judío debe hacerse es: “¿Estoy dispuesto a vender por una olla de frijoles mi primogenitura. ¿qué son las Mitzvot de Di-s? ¿Vendo mi alma por esa langosta o carne de cerdo? ¿Vale la pena?”.
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Una apasionante historia del Rebe de Lubavitch en honor al 3 de Tamuz.
De Jabad Magazine Nº 103
Sólo un Rebe conoce
de almas y sólo un Rebe reconoce el alma judía,
por más oculta
que se encuentre…
Hace unos cuarenta años, en una pequeña ciudad llamada Bellgrade -Australia- cercana a Melbourne, vivía un matrimonio australiano, muy adinerado, con una hija de trece años a la que llamaremos Sally.
A Sally nunca le faltó nada. Tenía las mejores ropas, una hermosa casa, amigos, un gran cuarto personal con su propia T.V. y todo que una muchacha podría pedir. Su madre y padre llevaban una vida normal, eran protestantes practicantes y vivían la más feliz de las vidas... hasta que Sally vió ese libro del Holocausto.
Estaba hojeando en la biblioteca escolar cuando lo encontró. Era un libro grande con una tapa verde que mostraba fotos de personas flacas y demacradas detrás de alambres de púa. El título era “El holocausto; el exterminio de la judería europea 1939 -1945”.
Lo abrió en una fotografía que mostraba un gran hoyo repleto de miles de muertos, cuerpos desnudos y sus bocas abiertas con horror. Trataba de separar un cuerpo de otro ¿Tenían caras? ¡Eran personas! ¿Quién hacía semejante cosa? ¿Quién fotografiaría semejante cosa? ¿Por qué los mataron? ¡¡¡Asesinado!!! ¿Qué hicieron? ¡Eran judíos! ¿Qué hicieron los judíos para merecer esto? Se sentó y leyó. Hablaba sobre los judíos en Alemania, Polonia, Letonia, Lituania, Rumania, Hungría, la lista era interminable; quién fue asesinado, cuándo fueron asesinados, cómo fueron matados, cuántos fueron asesinados......
Pero no explicaba por qué los mataron.
Después de una hora, cerró el libro y fue a su casa, aturdida.
Le dijo a su madre que había visto un libro horrible pero su madre apenas comentó algo al respecto. Sí ella también había oído acerca de ello, cambió de tema y así terminó la conversación.
Sally perdió su alegría.
Lo escondió de sus padres, actuando igual que siempre, pero desde ese día todo fue diferente, no podía sacarlo de su mente. Varias semanas después vio un artículo en un periódico local sobre el “Lubavitcher Rebe” que recibía miles de cartas por día de judíos que viven a lo largo y ancho del mundo, buscando su consejo y guía. Animada, copió la dirección que figuraba en el artículo y esa noche escribió una carta al Rebe.
Se presentó, explicando que aunque no era judía, el libro del Holocausto que había visto era algo demasiado difícil de sobrellevar y desde que lo leyó, se deprimió. Se disculpó por ocupar el tiempo del Rebe pero esperaba que él pudiera calmar su alma atormentada. ¡Dos semanas después recibió la contestación! El Rebe escribía que estaba contento de recibir su carta y le recomendaba que se dirigiera al Rabino Jaim Gutnick en Melbourne para que la ayudara.
Ese día encontró el número del Rabino en la guía telefónica, lo llamó y fijaron una reunión al otro día.
Cuando se encontraron, ella quedó sorprendida. El Rabino era una persona agradable. Hablaron durante un tiempo, el Rabino le explicó que el Holocausto estaba más allá del entendimiento humano, pero él se sentía confundido acerca del hecho de que una muchacha protestante se sintiera tan profundamente afectada por ello. Él estaba seguro que debía haber alguien judío en su familia.
El Rabino le preguntó acerca de sus origenes. Pero no obtuvo ningún resultado positivo. Definitivamente, no era judía.
Sally, en lugar de confortarse, dejó la casa del Rabino más confundida que cuando entró e innecesario está decir que el Rabino Gutnick no podía deducir por qué el Rebe le envió a la muchacha. Pero Sally, al regresar a casa se sintió más deprimida, y siendo que el Rabino era un hombre ocupado, se olvidó del tema por completo.... O casi.
Tres semanas después, el Rabino Gutnick recibió una carta totalmente inesperada del Rebe... indagando sobre la muchacha judía de Bellgrade
Sin perder el tiempo, el Rabino Gutnick buscó la dirección de la muchacha, subió a su automóvil y fue a la casa de la jovencita.
Cuando llegó allí, sus padres estaban en casa. Él se presentó cordialmente, les contó de la visita de su hija como resultado de la carta que ella escribió al Lubavitcher Rebe y dijo que se sentía afligido por su salud.
Sus padres le explicaron que durante las últimas semanas parecía muy deprimida pero no tenían idea de cómo y por qué semejante tema, como el holocausto, le afectaba tanto.
El Rabino Gutnick les preguntó si la niña era adoptada. La respuesta fue negativa. ¿Quizás su abuela materna era judía? “Indudablemente, no” contestaron y pidieron la razón de sus extrañas preguntas.
Él les contó sobre la carta que recibió del Rebe pero ellos se encogieron de hombros con desconcierto. Después de algunos silenciosos instantes, sin nada más para decir, se despidió. Después de un mes el Rabino Gutnick oyó que Sally había sufrido alguna clase de coma... estaba en el hospital en terapia intensiva y los doctores no estaban seguros del diagnóstico. Sin dudarlo, se apresuró al hospital y cuando llegó vio que estaba inconsciente, atada a toda clase de máquinas, su madre y padre estaban a su lado, llorando.
Se alegraron de verlo. El padre de Sally agitó la mano del Rabino. Se lo veía totalmente aplastado. Los doctores habían dicho que no había nada más que pudieran hacer. La madre de Sally hizo señas al Rabino porque quería hablarle en privado.
Salieron del cuarto y ella se volvió y dijo:
“Usted tenía razón. Soy judía. Nací en Inglaterra, mis padres son judíos pero en mi adolescencia dejé mi casa, cambié mi religión y vine a Australia. Supongo que todavía soy judía’. “Entonces, ¿por qué no se lo dice a su híja?’ Le preguntó el Rabino Gutnick. “¡podría sanarla, no tiene nada que perder!”.
“No es tan simple” ella contestó. “Estoy angustiada por lo que dirá mí marido. Él no sabe nada sobre esto. No puedo decirle cuando él está presente”.
Pero el Rabino Gutnick la tranquilizó. ‘Esta es su única oportunidad. Si el Lubavitcher Rebe mostró un Interés tan especial, es señal que hay esperanza. Por favor, envíe a su marido fuera de la habitación y yo tendré una charla con él. Y mientras conversamos, usted puede decirle a su hija la verdad. Así puede salvar su vida.”
La madre de Sally estuvo de acuerdo. Entró, y unos segundos después su marido salió y el Rabino Gutnick mantuvo una cálida charla con él. Sorprendentemente se mostró muy comprensivo, e incluso a favor. Dijo que amaba a su esposa e hija y estaba deseoso de hacer todo lo que pudiera por ellas.
Cuando regresaron al cuarto se llevaron una enorme sorpresa. ¡Sally estaba sentada en la cama, completamente consciente y su madre estaba abrazándola, llorando de alegría! De inmediato llamaron a los doctores y minutos después la desconectaron de los monitores y de los sueros!
¡El Rebe supo que revelándole el secreto, que ella era judía, volvería a la vida!
Alimentos para el Alma.
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De Alimentos para el Alma.
Editorial Bnei Sholem
EDUCACIÓN
“Cuando era un niño pequeño” relató el Rebe Anterior “poco después que comenzara a hablar, mi padre, el Rebe Rashab, me dijo: ‘Todo lo que desees preguntar, pregúntamelo’. “Para guiar mi educación, mi padre eligió maestros eruditos para mí. Una de las primeras cosas que me enseñaron fue recitar la plegaria Modé Aní al despertarme, poniendo una mano frente a la otra e inclinando mi cabeza durante el recitado”.
“Cuando fui más grande recordé la invitación de mi padre para formularle cualquier pregunta, y lo interrogué ‘¿por qué debemos poner una mano frente a la otra e inclinar la cabeza cuando recitamos Modé Aní?’ Él respondió ‘En verdad, debemos hacer sin preguntar por qué; sin embargo yo te dije que me formularas preguntas...’ “[Mi padre] pidió que llamaran a su ayudante de ochenta años Reb losef Mordejai y le preguntó ‘¿Cómo recitas Modé Aní en la mañana?’ Él respondió ‘pongo una mano frente a la otra e inclino la cabeza’. El Rebe siguió preguntando. ¿Por qué haces eso?’ Y el ayudante respondió ‘No lo se. Cuando era un niño pequeño se me enseñó eso”.
“‘Ves’ dijo mi padre el Rebe‘ él lo hace porque su padre se lo enseñó y así podemos retroceder hasta Moshé y nuestro Patriarca Abraham. Y Abraham fue el primer judío. Uno debe hacer sin preguntar por qué’.
“Entonces le dije a mi padre ‘Pero aun soy pequeño’.
“Mi padre respondió ‘Todos los judíos son pequeños. Y cuando seas mayor, entonces verás que somos pequeños”’.
Sefer HaMaamarim 5710, P. 244
El poder
de LA PALABRA
Un residente de Mezhibuzh estaba peleado con otro. Una vez en la sinagoga del Baal Shem Tov, gritó que cortaría al otro en dos partes como a un pescado.
El Baal Shem Tov les dijo a sus discípulos que se tomaran de las manos con los ojos cerrados. Luego puso sus santas manos sobre los hombros de los dos discípulos que estaban junto a él. Repentinamente los alumnos comenzaron a gritar aterrorizados. Habían visto al individuo realmente descuartizando a su oponente.
Este incidente muestra a las claras que toda [palabra pensada o hablada] tiene efecto -tanto en forma física como en el plano espiritual -que sóIo puede ser percibido con sentidos más elevados y refinados.
HaIom Iom, para el 29 de Tishreí
VERDAD
y honestidad
El Rebe Anterior escribió que su padre, el Rebe Rashab, dijo: La verdad es el centro del camino. Una inclinación hacia la derecha ser completamente estricto con uno mismo y encontrar faltas o pecados no está de acuerdo con la verdad; o una inclinación a la izquierda ser completamente indulgente, cubriendo las propias faltas de lenidad en las exigencias de avodá (servicio) por auto amor -ambos caminos son falsos.
HaIom lom, 27 de Adar I
FLEXIBILIDAD
Una vez le estaban mostrando un cuadro al Rebe Rashab.
El cuadro, un campo de trigo, tenía un ambiente placentero: el sol brillaba y un pájaro estaba posado encima de una de las espigas de trigo. Muchos expertos en arte estaban impresionados por la forma brillante y realista en que la escena había sido capturada por el artista.
Un simple granjero que veía la pintura comentó que verdaderamente parecía real, excepto por el pájaro en la espiga. A pesar que el pájaro era pequeño, el peso de su cuerpo habría doblado la espiga y en la pintura la espiga estaba tan derecha y alta como las que la rodeaban.
El Rebe extrajo una valiosa idea de esto y relató su profunda lección.
El servicio Divino de uno puede parecer hermoso y dar la impresión de estar vivo. Sin embargo si carece de la habilidad de “doblarse” -es decir someterse a la voluntad de Di’s -deja de ser real.
La verdadera bondad sólo puede ser lograda trascendiendo las limitaciones del ego personal.
Sefer HaSijot 5696, p. 46
¿Estamos dispuestos a aceptar la verdad?
• De Jabad Magazine 103. Por Rabino Aharón Stawsky. Beit Jabad Once
En un juicio tenemos varios actores, el fiscal que incrimina de parte de la sociedad al sospechoso, el abogado defensor que intenta demostrar la inocencia del acusado, el juez que trata de buscar la verdad de la situación y por supuesto el propio sospechoso. Supongamos un caso en el que el abogado defensor se da cuenta en la mitad del juicio que su defendido es culpable y que el fiscal tiene razón. ¿Qué hace? ¿Abandona el caso? Generalmente no, ya que le pagan para defenderlo y por otra parte la sociedad exige que alguien tiene que defenderlo igualmente. Por lo tanto el abogado aunque sepa en su fuero interno que su cliente es culpable sigue defendiéndolo a ultranza. En cambio la función del juez es totalmente distinta, busca la verdad y no defiende ninguna posición, va a decidir en su intelecto quién tiene razón (por lo menos así es la teoría).
Supongamos que existe un estudio científico que demuestra claramente que Di-s es el Creador del mundo, pruebas irrefutables aceptadas por los más prestigiosos científicos del mundo. Esta noticia sensacional de qué manera repercute en vos. ¿Acaso esto va a cambiar algo en tu vida? ¿Se te movió el piso? Una persona inteligente comprende que esto es algo muy importante y que lo compromete. No es lo mismo tener la certeza sobre la existencia de un Creador que no tenerla, por eso por lo menos es un tema a meditar. Pero también puede pasar otra cosa, en vez de ser juez y buscar la verdad la persona puede decidir ser el abogado defensor de su vida, ponerse firme en que nada va a cambiar, en verdad ningún argumento que se te dé va a ayudar, siempre va a tener ta excusa y un millón de preguntas para no aceptar la verdad incuestionable.
Demostrar la existencia del Creador a través del método científico es un imposible, ya que el Creador no tiene un cuerpo que puede ser investigado y al no estar limitado por las leyes del tiempo y espacio no podemos medir cambios como usualmente se hace en un estudio de este tipo. Pero sí podemos prestar consideración a lo que nos dicen los filósofos, por ejemplo el Radbaz dice: “Los filósofos han traído pruebas poderosas y demostraciones claras de la verdad de Su existencia, la cabeza de ellos Maimónides” - Maimónides dice. “El fundamento de todos los fundamentos y el pilar de la sabiduría, es saber que hay una Exístencia Primera de la cual surgen todas las demás existencias” y también nos dice “el Creador hace rodar la rueda con una fuerza sin fin, una fuerza que no se para la rueda siempre gira y es imposible sin que alguien la haga girar...”
Pero más allá de la prueba empírica ¿qué quiere decir que hay un Creador, para tu vida? Si escoges la actitud del juez de ser imparcial, en búsqueda de conocer la verdad y si realmente existe un Creador no querrás estar perdiendo ni el tiempo ni tu vida, si hay un Creador y buscas en serio, la vas a encontrar en el Libro que El entregó, La Torá, en los escritos de Rashí, Rambam, Rambán, Rabí Akíva, Rabí Shimón Bar Yojai y todos los grandes sabios de nuestro pueblo, todos nos enseñan esta verdad de que existe un Creador. Una verdad que todo el dinero del mundo no puede comprar, en el mundo de hoy en día ¿existe algo que el dinero no compre? Tu abuelo, tu bisabuela y demás antepasados pueden responder esta pregunta, sufrimos por ello, nos quemaron y mataron pero no nos arrodillamos ante ellos y decimos Shemá lsrael. Por esta verdad de que hay un Creador hemos entregado nuestras vidas. Esta es la verdad. Ahora si por el contrario elegís la actitud de ser el abogado defensor de tu estilo de vida y cuestionas que no hay pruebas suficientes, ¿acaso todos los sabios de nuestro pueblo estuvieron equivocados? un pueblo inteligente, sabio, el llamado “pueblo del libro”. Todas las generaciones del pueblo judío desde Abraham Avínu hasta hoy en día, ¿todos están equivocados? Un pueblo que existe desde hace 3318 años y todos los imperios nos conquistaron y nos mataron, ¿dónde están ellos y dónde nosotros?
El pueblo judío representa la eternidad en este mundo, y justamente el propio judío demuestra la existencia del Creador. Pero no lo decimos solamente nosotros.
Que dice el famoso escritor Mark Twain al respecto: “Los imperios Egipcios, Babilonios y Persas, crecieron, llenaron el planeta con sonido y esplendor, y después desaparecieron como parte de un sueño. Después aparecieron los Griegos y los Romanos e hicieron mucho ruido pero también desaparecieron. Otros pueblos, asímismo, han crecido y mantenido su antorcha prendida por algún tiempo, pero finalmente se les apagó y ahora viven en la oscuridad o ya no existen. El Judío estuvo ahí, observó todo y les ganó a todos, pues ahora es lo que siempre fue, no ha mostrado decadencia ni pérdidas por los años, ni se han debilitado sus partes, tampoco han disminuido sus energías; se han mantenido alertas y su mente agresiva no se ha adormecído. Todo es mortal excepto el judío; todas las demás fuerzas pasan, pero él se mantiene”. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad? ‘(Concerning the jews, Harpers Magazine, 1899).
La respuesta a la pregunta de Mark Twain es muy básica y sencilla pero se necesita para que la entiendas que actúes como el juez que busca la verdad y no como el abogado defensor que defiende a su cliente a ultranza:
“BARUJ ATA HASHEM ELOKEINU MELEJ HAOLAM, ASHER BAJAR BANU MI KOL HAAMIM VENATAN LANU ET TORATO, BARUJ ATA HASHEM NOTEN HATORA”. (Bendito eres Tú, Hashem nuestro Di-s, Rey del universo, que nos ha elegido entre todas las naciones y nos ha dado Su Torá. Bendito eres Tu Hashem, que da la Torá).
Vale la pena pensarlo.
Siguiendo con la adaptación del libro "la luz de las letras hebreas” de Editorial Bnei sholem, presentamos...
La letra
Dalet
Diseño
La dalet es la cuarta letra del alef-bet. El Talmud nos dice que, la dalet representa la persona pobre. De ahí la frase gomel dalim: el benefactor que da al beneficiario.
El Talmud nos dice también que si observamos la forma de la dalet vemos que su único trazo vertical se extiende hacia la derecha, en dirección a la guimel. Esto enseña al pobre que debe estar disponible para poder recibir la donación de manos del benefactor. Y del mismo modo la pequeña prolongación que se observa sobre el lado derecho de la barra horizontal de la dalet, semejante a un oído, le indica al pobre que debe siempre estar atento a la presencia del rico. Sin embargo, el lado izquierdo de esta barra no está enfrentado a la guimel, el donante, sino que mira a la izquierda, hacia la letra hei, que representa a Di-s. Esto nos enseña que debemos dar caridad de manera discreta y sin avergonzar al pobre. El pobre debe depositar su fe en Di-s, quien es el Dador Supremo del universo.
Guematria
La guematria de dalet es cuatro. El número cuatro representa el Matriarcado: Sará, Rivká, Rajel y Leá. Representa también a los cuatro mundos creados como se explica en la Cabalá: Atzilut, Beriá, Ietzirá y Asiá. Además, dalet significa los cuatro elementos básicos de la Creación: fuego (energía), aire (gas), agua (líquido) y tierra (sólido). Cuatro representa también la festividad de Pesaj, las cuatro copas de vino, los cuatro hijos, las cuatro preguntas.
Significado
El significado de la dalet es delet, “puerta”. También significa dal, un hombre pobre. Finalmente la palabra dalet simboliza dilitani, que significa “elevarme”. ¿Qué grado de compatibilidad hay en estas tres definiciones?
La convergencia se da cuando cada persona se percata de que es pobre. Esta pobreza no es de índole monetaria, sino que implica que todo lo que “posee” en realidad pertenece a Di-s.
Di-s en su benevolencia nos ha dado la vida y los medios para nuestra subsistencia. Sin Di-s, no tenemos nada. Este reconocimiento es la puerta de entrada a Su morada, Y una vez que entramos en ella, Di-s nos elevará a un plano superior -dilitani- para ser bendecidos con vida, salud, sustento y éxito. En el Salmo 30 del Libro de los Salmos, el rey David nos dice: ‘Alabo a Di-s porque Él me eleva (dilitani)’. Si invertimos la frase, diríamos: “Dilitani, como Di-s me eleva, yo lo alabo”. En esta expresión, Di-s me eleva dándome la capacidad de ser alguien productivo, lo cual me permite ensalzarle desde una posición superior.
Cómo decir la verdad
Y NO MORIR EN EL INTENTO
• De Jabad Magazine Nº 107
¿Cuántas veces nos sucede que debemos decir una verdad a alguien a quien no deseamos dañar y se nos hace difícil? ¿Decirlo o no decirlo? Pero... ¿y se ofende?.
¿Es mejor callar? ¿Existe una manera de decir lo que pensamos y no ofender? Una sabia y conocida anécdota dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.
Después de despertar, mandó llamar a un Adivino para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Adivino- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad!.”
“¡Qué insolencia!” -gritó el Sultán enfurecido- “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡¡Fuera de aquí!!!.” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
“¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!!.” El semblante del Sultán se iluminó y con una gran sonrisa ordenó que le dieran cien monedas de oro al segundo Adivino.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le diio admirado:
“¡No es posible!. La interpretación que habéis hecho de los sueños, es la misma que el primer Adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro!.”
“Recuerda bien amigo mío -respondió el segundo Adivino- que todo depende de la forma en que decimos las cosas.... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse”.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
No cabe duda de que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, mas la forma en que es comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa.
Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado...